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El gobierno libanés, encabezado por el primer ministro Nawaf Salam, ha prohibido las actividades militares del grupo proiraní Hezbolá y ha exigido la entrega de todas sus armas al Estado.
El anuncio, realizado este lunes tras una reunión del Ejecutivo, marca un punto de inflexión en la relación entre el gobierno y la milicia, que hasta ahora era tolerada por algunos sectores libaneses.
«Vamos a bloquear inmediatamente todas las actividades militares y de seguridad de Hezbolá al considerarlas ilegales, vamos a obligarles a entregar sus armas al Gobierno libanés y a limitar su trabajo en el ámbito político a los marcos constitucionales», declaró el primer ministro Salam en una conferencia de prensa.
La decisión del gobierno se produce en un contexto de creciente tensión regional, tras el lanzamiento de cohetes por parte de Hezbolá contra Israel, lo que desencadenó una respuesta del ejército israelí. Hezbolá justificó sus acciones como respuesta al asesinato del líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jamenei, en un ataque aéreo israelí-estadounidense ocurrido el sábado en Teherán. Este incidente ha provocado ataques de represalia por parte de Irán, extendiendo el conflicto por el Medio Oriente.
La medida del gobierno libanés podría tener importantes consecuencias en la dinámica política y de seguridad del país, alterando el estatus de Hezbolá y su capacidad de operar militarmente. La comunidad internacional observa de cerca los acontecimientos, a medida que la situación en la región continúa escalando.
