Rue20 Español/Rabat
Las últimas imágenes captadas por el satélite Sentinel-3 revelan una transformación sin precedentes en el paisaje marroquí. La comparación entre las capturas del 20 de febrero de 2025 y la misma fecha de 2026 muestra un cambio radical: zonas que hace un año presentaban tonos ocres y vegetación escasa, castigadas por una sequía estructural prolongada, aparecen hoy cubiertas por un verde intenso que evidencia la recuperación de los ecosistemas y los suelos agrícolas, especialmente en el noreste del Reino.
Los datos forman parte del sistema de observación del programa europeo Copernicus Programme, que ha documentado el impacto de un invierno excepcionalmente lluvioso. Estas precipitaciones han puesto fin, al menos de manera coyuntural, a varios años de estrés hídrico que afectaron gravemente a la agricultura, al abastecimiento urbano y a la estabilidad de los recursos naturales del país.
Más allá del cambio visual, las cifras oficiales confirman la magnitud de la recuperación. A 20 de febrero de 2026, el volumen total de agua almacenada en los embalses alcanza los 11,8 mil millones de metros cúbicos, lo que supone un incremento del 155% respecto al mismo periodo del año anterior. La tasa media nacional de llenado se sitúa en el 70,7%, un nivel que garantiza el suministro tanto para el consumo humano como para la actividad agrícola, tras años marcados por restricciones y preocupación creciente.
Sin embargo, esta abundancia hídrica también ha tenido un alto coste. Las fuertes borrascas provocaron el desbordamiento de ríos y graves inundaciones, especialmente en las provincias de Sidi Kacem y Sidi Slimane. Más de 110.000 hectáreas de cultivo resultaron afectadas, 188.000 personas tuvieron que ser desplazadas y se registraron cuatro víctimas mortales.
En este contexto, la monitorización satelital se ha convertido en una herramienta estratégica para las autoridades marroquíes. La información proporcionada por Copernicus permite evaluar en tiempo real la evolución de las reservas hídricas, anticipar riesgos y diseñar políticas más precisas para equilibrar la gestión de la actual recuperación con la preparación ante futuros ciclos de sequía, que continúan siendo la principal amenaza climática estructural para Marruecos.
La transformación observada en apenas un año refleja tanto la vulnerabilidad del país ante los extremos climáticos como su capacidad de recuperación cuando las condiciones meteorológicas resultan favorables.
