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El Banco Islámico de Desarrollo (BID) ha aprobado una financiación de aproximadamente 207,05 millones de euros (equivalentes a cerca de 2.200 millones de dírhams) para Marruecos, consolidando al Reino como uno de los principales beneficiarios de la institución. Esta significativa inversión se enfoca en dos áreas estratégicas clave: la seguridad hídrica y el desarrollo de la cadena de valor acuícola.
La financiación se divide en dos componentes principales. La primera, por un importe de 188,82 millones de euros, se destinará a proyectos de mitigación del estrés hídrico. Estos proyectos incluyen la construcción de nuevas presas y obras asociadas, así como iniciativas para asegurar el suministro de agua y transferir excedentes hídricos desde las cuencas del norte hacia las regiones del sur, que se ven particularmente afectadas por la sequía. Esta inversión subraya la prioridad otorgada a la soberanía hídrica, un desafío estructural para la economía marroquí.
La segunda vertiente, con 18,23 millones de euros, se dedicará al desarrollo de la cadena de valor de la acuicultura continental. El objetivo es fortalecer la piscicultura, diversificar las fuentes de ingresos y crear nuevas oportunidades de empleo. El BID, a través de esta financiación, respalda la estrategia marroquí para valorizar los recursos pesqueros y diversificar las industrias agrícolas.
Esta asignación financiera se enmarca en un contexto de cambio estratégico para el BID. La institución, que agrupa a 57 países miembros, adoptó en 2025 una hoja de ruta para el período 2026-2035, que prevé un aumento de su capacidad de financiación, incluyendo un incremento significativo de las financiaciones concesionales.
El BID se apoya en tres pilares fundamentales para alcanzar sus objetivos. Primero, busca la excelencia en la implementación de soluciones adaptadas a cada país miembro, aspirando a ser el socio de desarrollo preferido, facilitando la transferencia de recursos y conocimientos. Segundo, se basa en los principios islámicos de solidaridad, equidad y sostenibilidad, promoviendo un crecimiento inclusivo y reforzando la resiliencia de los países miembros. Tercero, se enfoca en la asignación de recursos para impulsar la productividad y la resiliencia, priorizando infraestructuras económicas de alto impacto en sectores como el transporte, la energía y la agricultura, con especial atención a proyectos que fomenten la productividad e integren las regiones desatendidas.
El nuevo modelo del BID busca reforzar su papel como líder de la cooperación financiera Sur-Sur, adoptando un enfoque apolítico, anticoyuntural y centrado en la solidaridad. Para Marruecos, esta nueva estrategia abre perspectivas significativas. Tras haber recibido 464,5 millones de dólares en 2024, se espera que el Reino vea un aumento sustancial en sus financiamientos en los próximos años, dada la alineación de su estrategia de desarrollo con las nuevas directrices del BID.
En resumen, la financiación de 2.200 millones de dírhams concedida a Marruecos por el BID refleja la prioridad otorgada a la seguridad hídrica y alimentaria, así como la evolución estratégica de la institución. Al activar sus tres pilares, el BID confirma su ambición de convertirse en un actor principal del desarrollo sostenible y la resiliencia económica en el mundo musulmán y más allá.
