Rue20 Español/Rabat
Con la incorporación efectiva de la Copa Africana de Naciones (CAN) al calendario de grandes eventos, coincidiendo con las celebraciones de fin de año, Marruecos vive un auge turístico y económico de alcance histórico, que sitúa a 2025 en camino de convertirse en el mejor año turístico registrado por el Reino desde la independencia.
Las cifras acumuladas hasta las últimas semanas ya no se interpretan como simples señales de optimismo, sino como indicadores sólidos de una transformación profunda. Hasta finales de noviembre, Marruecos recibió cerca de 18 millones de turistas, lo que supone un aumento de casi el 13,5 % respecto al mismo período del año anterior, superando incluso el total anual de llegadas de varios ejercicios completos anteriores a la pandemia. Esta evolución confirma una dinámica de crecimiento mensual continuo, sin interrupciones significativas desde comienzos de año.
Este avance no responde a un fenómeno estacional ni a un repunte aislado. La progresión fue regular y sostenida: 7,2 millones de visitantes a finales de mayo, 8,9 millones a finales de junio, 11,6 millones a finales de julio, más de 15 millones a finales de septiembre y cerca de 18 millones al aproximarse el cierre de noviembre. Esta secuencia ascendente refleja un cambio estructural en la posición de Marruecos dentro del mapa turístico internacional, más que una recuperación coyuntural.
Las facilidades adoptadas para permitir a los aficionados africanos asistir a la CAN han contribuido de forma decisiva a este impulso, favoreciendo la llegada de numerosos seguidores del continente para acompañar a sus selecciones. Con la entrada plena del campeonato en la temporada alta de fin de año, las estimaciones profesionales e institucionales apuntan a que el número total de visitantes podría alcanzar los 20,5 millones a finales de diciembre, un récord absoluto que consolidaría a Marruecos como el principal destino turístico de África en términos de llegadas y como uno de los más dinámicos a ambos lados del Mediterráneo.
Estas previsiones se apoyan en indicadores de terreno vinculados a la elevada tasa de ocupación hotelera, la fuerte presión sobre el transporte aéreo y el incremento de la demanda de estancias cortas y medias en las ciudades anfitrionas de los partidos, además de la llegada de delegaciones deportivas, técnicas y mediáticas asociadas al campeonato.
En el plano de los ingresos, la tendencia resulta aún más elocuente. A finales de octubre, los ingresos turísticos alcanzaron unos 113 mil millones de dírhams, superando ya el total registrado durante todo el año 2024, estimado en torno a los 110 mil millones. Considerando el peso tradicional de los meses de noviembre y diciembre, caracterizados por un mayor gasto medio por visitante, el escenario de cerrar el año con ingresos cercanos o superiores a los 130 mil millones de dírhams aparece como altamente probable. De concretarse, el turismo aportaría por sí solo más del 7 % del producto interno bruto, con un efecto multiplicador significativo sobre sectores como el transporte, la restauración, el comercio y los servicios.
El impacto directo de la Copa Africana se perfila como uno de los motores centrales de este salto. Las estimaciones indican la llegada de cerca de un millón de visitantes adicionales durante el período del campeonato, entre aficionados y delegaciones oficiales, técnicas y mediáticas. Esto se traduce en una demanda excepcional de alojamiento, especialmente en Rabat, Marrakech, Tánger y Agadir, y en un aumento notable del consumo diario tanto dentro de los espacios turísticos como en su entorno urbano. Los ingresos directos e indirectos vinculados al evento se estiman en más de 14 mil millones de dírhams, lo que convierte a la CAN en una auténtica palanca económica y no solo en un instrumento de promoción.
Sin embargo, la lectura de estas cifras también revela desequilibrios estructurales persistentes. El turismo internacional en Marruecos sigue dependiendo en cerca de un 53 % de dos mercados europeos principales, Francia y España, durante el período comprendido entre enero y octubre, lo que mantiene al sector expuesto a fluctuaciones económicas, sociales o geopolíticas externas. A ello se suma una marcada concentración geográfica, ya que Marrakech y Agadir concentran más del 60 % del total de pernoctaciones, limitando el impacto positivo del crecimiento turístico en amplias regiones del país pese a su riqueza natural y cultural.
En este contexto, se advierte que la Copa Africana, pese a su potente efecto catalizador, puede acentuar de forma coyuntural esta concentración al reforzar el atractivo de las ciudades anfitrionas en detrimento de otras zonas que permanecen fuera de los grandes circuitos. La verdadera apuesta comienza una vez finalizado el campeonato, cuando se evaluará si este impulso excepcional se convierte en una oportunidad para redistribuir el mapa turístico nacional o si el éxito seguirá concentrado en los mismos polos tradicionales.
Más allá de la lógica estricta de los balances, el momento actual se caracteriza también por un cambio en la naturaleza de la demanda. Una parte creciente de los visitantes ya no percibe Marruecos como un destino alternativo o de bajo coste, sino como un espacio capaz de acoger grandes eventos, altas densidades humanas y experiencias simultáneas que combinan deporte, cultura, entretenimiento y servicios. Este cambio eleva el valor simbólico del destino, pero también incrementa las exigencias en términos de calidad, gestión y sostenibilidad.
El principal desafío se sitúa, por tanto, más allá del pico de las cifras. Gestionar el éxito resulta más complejo que alcanzarlo si no se aprovecha este momento para replantear la distribución de la inversión turística y la relación del sector con las ciudades medias y los territorios periféricos. De no hacerlo, existe el riesgo de reproducir un modelo basado en la presión sobre los mismos centros, con tensiones inmobiliarias, asfixia urbana y sobrecarga de infraestructuras, sin que el valor añadido se traduzca en un desarrollo real de las economías locales fuera de esos círculos.
En este sentido, los grandes eventos deportivos continentales se perfilan como oportunidades estratégicas para reorientar las políticas públicas, al funcionar como laboratorios que ponen a prueba la capacidad de coordinación entre turismo, transporte, planificación urbana y economía local. El éxito no debería medirse únicamente por el número de noches reservadas, sino por la capacidad de transformar un flujo temporal en demanda recurrente y en inversiones sostenibles a largo plazo en regiones tradicionalmente al margen del mapa turístico.
Finalmente, se subraya la necesidad de no dejarse deslumbrar por la lógica de los récords. Un crecimiento rápido y masivo puede ocultar fragilidades silenciosas, como el deterioro de la calidad de los servicios, desequilibrios en el mercado laboral turístico o una presión creciente sobre recursos estratégicos como el agua y la energía. Marruecos se encuentra así ante una encrucijada estratégica: o esta dinámica se convierte en una nueva base para reconstruir las políticas turísticas sobre criterios de equilibrio territorial y sostenibilidad, o quedará reducida a un salto coyuntural añadido al registro de las estadísticas.
