Rue20 Español/El Aaiún
La creciente tensión diplomática en torno a la cuestión del Sáhara marroquí ha puesto de manifiesto una vez más las tácticas de Argelia, revelando su intento de socavar el proceso de paz y su control sobre la milicia separatista del Polisario.
A medida que se acerca la votación de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre el Sáhara marroquí, la diplomacia argelina se encuentra en un estado de agitación, con consecuencias reveladoras.
En las últimas semanas, se ha producido un cambio significativo en la dinámica política. El ministro de Asuntos Exteriores argelino, Ahmed Attaf, ha emergido como el portavoz de facto del Polisario, en un giro que expone la verdadera naturaleza de la influencia argelina.
Esta situación se produce en un contexto de intensos esfuerzos argelinos para influir en las decisiones del Consejo de Seguridad, incluyendo llamadas telefónicas, iniciativas en los pasillos de la ONU y campañas de propaganda destinadas a desestabilizar la región.
La situación se ha vuelto aún más clara tras un reciente contacto diplomático entre Attaf y su homólogo chino, Wang Yi. A pesar de los esfuerzos argelinos, la respuesta de China, comunicada oficialmente, indica un claro rechazo a las presiones argelinas y reafirma la importancia de una solución política, el papel de las Naciones Unidas y el diálogo entre las partes interesadas, en línea con el respeto a la integridad territorial de Marruecos.
El comunicado chino, emitido tras la conversación telefónica del 29 de octubre, subraya la postura de China: el acuerdo político es el camino fundamental, la ONU es el principal canal, las resoluciones del Consejo de Seguridad son la base y el diálogo y la negociación son el camino correcto.
Este episodio ha puesto de manifiesto la realidad subyacente de la situación en el Sáhara marroquí. El Polisario, respaldado por Argelia, parece haber perdido su presunto gobierno y su presunto ministro de Asuntos Exteriores, ahora eclipsados por la diplomacia argelina.
El ministro de Asuntos Exteriores argelino, actuando ahora como portavoz del Polisario, busca desesperadamente el apoyo de los miembros del Consejo de Seguridad, demostrando la desesperación de Argelia por mantener su influencia en la región y socavar la integridad territorial de Marruecos.
Argelia se ha revelado una vez más ante el mundo, demostrando ser la única parte verdaderamente activa en la cuestión del Sáhara marroquí, utilizando al Polisario como un mero instrumento político. El estado ilusorio del Polisario se desvanece, al igual que su gobierno y su ministro de Asuntos Exteriores ya inexistentes, quien solía viajar con frecuencia entre Tinduf y Argel.
Este desarrollo plantea serias dudas sobre la viabilidad de cualquier proceso de paz que no reconozca la integridad territorial de Marruecos y el plan de Autonomía marroquí para el Sáhara; exponiendo así las verdaderas intenciones de Argelia.
