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Dos eminentes académicos japoneses, la profesora Kei Nakagawa y el profesor Shoji Matsumoto, instaron a la comunidad internacional a adoptar una perspectiva clara y desapasionada sobre la cuestión del Sáhara durante una sesión de la Cuarta Comisión de la Asamblea General de la ONU.
En sus intervenciones, Nakagawa y Matsumoto coincidieron en la necesidad de abandonar los discursos ideológicos y las rutinas institucionales, reconociendo la legitimidad democrática de los saharauis que participan en las instituciones marroquíes. Los académicos argumentaron que la cuestión debería ser abordada principalmente por el Consejo de Seguridad, el organismo de la ONU encargado de garantizar su seguimiento.
La profesora Kei Nakagawa, presidenta de la Universidad Hagoromo en Japón, basó sus argumentos en su experiencia como observadora internacional en las elecciones marroquíes.
Nakagawa destacó que la representación política auténtica se mide en las urnas, y que Marruecos ha consolidado un proceso electoral libre y regular, reconocido por la comunidad internacional. Señaló que la opción de un referéndum, previamente considerada, fue descartada debido a la falta de un censo creíble.
Nakagawa enfatizó la participación masiva de los saharauis en las elecciones, especialmente en Dajla, y el creciente papel de las mujeres como candidatas y electas. Argumentó que estos signos de vitalidad democrática invalidan las pretensiones de un monopolio de representación por parte del «polisario», especialmente considerando que muchos de sus fundadores han optado por regresar a Marruecos y comprometerse con la unidad y el desarrollo.
La profesora Nakagawa sugirió que la Iniciativa Marroquí de Autonomía representa la traducción más realista del derecho a la autodeterminación: una solución democrática, pacífica e inclusiva.
El peso del derecho y la amenaza a la seguridad
Por su parte, el profesor Shoji Matsumoto, presidente del Centro Internacional para el Estudio del Separatismo en Tokio, adoptó un enfoque institucional y estratégico. Matsumoto argumentó que mantener la cuestión del Sáhara marroquí en la agenda de la Cuarta Comisión es un anacronismo.
Desde una perspectiva legal, Matsumoto recordó que la retirada de España en 1975 puso fin a la presencia colonial y que «Marruecos, al reintegrar un territorio históricamente suyo, actúa como un Estado poscolonial, no como una potencia ocupante».
En el plano político, Matsumoto denunció la duplicación innecesaria entre la Cuarta Comisión y el Consejo de Seguridad, lo que genera incoherencia y desperdicio de recursos. Sin embargo, su principal preocupación radica en la seguridad. Basándose en informes de inteligencia japoneses de 2011, 2013 y 2014, y en los trágicos eventos de In Amenas en Argelia, Matsumoto evocó las conexiones entre ciertos elementos del «polisario» y las redes terroristas que operan en el Sahel.
Concluyó que la discusión se ha transformado de un antiguo diferendo de descolonización a un problema de seguridad global que amenaza la estabilidad del Magreb, el Sahel y más allá. Por lo tanto, Matsumoto instó a reenfocar la discusión en el Consejo de Seguridad para evitar la politización y favorecer una solución realista y duradera que promueva la paz regional.
Las intervenciones conjuntas de los profesores Nakagawa y Matsumoto esbozan un nuevo paradigma diplomático, uno que ve el Sáhara no como un símbolo ideológico, sino como un espacio humano, institucional y geopolítico.
Su enfoque refleja la postura de Japón, que se caracteriza por su rigor, legalismo y preocupación por la estabilidad internacional. Al instar a superar la lógica de la confrontación y reconocer la realidad democrática sobre el terreno, estos investigadores invitan a las Naciones Unidas a optar por la razón, buscando una solución política basada en la legitimidad electoral, la seguridad regional y la coherencia institucional.
