Rue20 Español/Rabat
Las declaraciones del embajador turco en Argelia, Muhammet Mucahit Kucukyilmaz, han provocado una auténtica tormenta política y mediática en el país magrebí.
En una entrevista concedida a la agencia de noticias turca Anadolu, el diplomático no solo recordó los lazos históricos entre ambos países, sino que también desató la controversia al afirmar que entre el 5% y el 20% de la población argelina es de origen turco.
Unas palabras que han caído como una bomba en un país especialmente sensible a su pasado y a cualquier intento de cuestionar la narrativa oficial sobre su historia.
Kucukyilmaz, en su afán por destacar la influencia turca en la cultura argelina, mencionó la presencia de platos como el «borek» o el «baklava», así como similitudes en la arquitectura y la artesanía.
Sin embargo, fue su afirmación sobre el origen turco de una parte significativa de la población lo que desató la furia.
«Se estima que entre el 5% y el 20% de la población argelina es de origen turco», declaró el embajador, añadiendo que estas familias se reconocen por apellidos como «Sari», «Kara» o «Barutcu».
Además, recordó el papel de los «kuluglis», descendientes de los jenízaros, y la figura de Ahmed Bey, un líder de la resistencia a la ocupación francesa, también de origen «Qul-Oglu».
En Argelia, la reacción no se hizo esperar. Las declaraciones del embajador han sido recibidas con escepticismo y rechazo, acusando al diplomático de «inverificables» y de intentar reescribir la historia.
Algunos observadores incluso han llegado a interpretar sus palabras como un intento de Ankara por reinstaurar una suerte de tutela histórica sobre el país.
Pero, ¿qué hay detrás de esta polémica? En Argelia, ser tildado de «Khouloughli» es considerado un insulto, ya que «Qul-Oglu» significa «hijo de sirviente» o «hijo de esclavo».
Un término que evoca el pasado de las uniones entre los jenízaros y las mujeres locales, y que pone en entredicho el orgullo nacional argelino.
El embajador turco, en su entrevista, también se refirió al período posterior a la dominación otomana, calificando los años de ocupación francesa (1830-1962) como «años perdidos».
Además, recordó el apoyo de Turquía a la revolución argelina, un tema que también genera controversia en el país, donde algunos consideran que el Imperio Otomano no liberó ni protegió Argelia, sino que la explotó.
En este contexto, la pregunta que se hacen muchos argelinos es: ¿Cómo interpretar el silencio del presidente Abdelmadjid Tebboune ante estas declaraciones? Un silencio que contrasta con la rapidez con la que el mandatario suele reaccionar ante otros asuntos diplomáticos. La polémica está servida.
