Rue20 Español/ Ciudad de México
Por Moisés Amselem Elbaz*
Un Legado Que Atraviesa El Tiempo
En la encrucijada entre el pasado y el presente, la figura de Mohammed V emerge como un puente entre dos eras. Su defensa de los judíos marroquíes bajo el régimen de Vichy no solo iluminó un período de tinieblas, sino que hoy, frente al resurgir global del odio xenófobo, se erige como un mandato ético para nuestra generación. Este artículo es a la vez homenaje histórico y manifiesto urgente.
Parte I: El Héroe Histórico
1. La astucia de un soberano: Protección bajo el disfraz de la obediencia
Frente a las exigencias de Vichy, Mohammed V utilizó su ingenio político para salvar vidas. Al promulgar los estatutos antijudíos mediante dahires (decretos reales), no se limitó a obedecer: reafirmó que los judíos eran marroquíes bajo su protección exclusiva. Este acto, lejos de ser una sumisión, fue un escudo legal que bloqueó los intentos de radicalizar las medidas.
Como testificó el gran rabino Yedidia Monsonego: «El sultán nos salvó sin alardes. Sus decretos llevaban su sello, no el de Vichy, y eso bastó para que los colonos franceses no osaran ir más lejos».
Bajo su liderazgo, se negociaron excepciones vitales: comerciantes judíos conservaron sus licencias, niños estudiaron en escuelas clandestinas y familias enteras evitaron la expropiación gracias a redes de solidaridad respaldadas por el Makhzen (gobierno real).
2. El encuentro que encendió la esperanza: La audiencia de 1942
En pleno apogeo del antisemitismo colonial, Mohammed V convocó en secreto a los líderes judíos. Según las memorias de Samy Elmaleh, el sultán les dijo con firmeza: «Ustedes son tan marroquíes como yo. Mientras esté en este trono, nadie arrebatará su lugar en esta tierra».
Estas palabras, transmitidas de generación en generación, se convirtieron en un himno de resistencia. En los mellahs (barrios judíos), donde las raciones de comida se reducían a la mitad por orden de Vichy, el gesto del sultán fue un rayo de luz. André Azoulay, asesor real y símbolo de la comunidad judía marroquí, lo resume así: «Él nos dio lo que ningún otro líder en el mundo árabe ofreció a los judíos: pertenencia y orgullo».
3. Un muro contra la barbarie: Ningún pogromo, ninguna deportación
Mientras Túnez sufría ocupación nazi y Argelia vivía saqueos, Marruecos se mantuvo como un refugio. Ni un solo judío marroquí fue deportado a campos de exterminio, y la violencia masiva fue contenida gracias a la autoridad moral del sultán. El historiador Robert Assaraf lo destaca: «Mohammed V no permitió que el odio europeo contaminara el alma marroquí. Su reinado fue un dique de humanidad».

Un ejemplo poco conocido: en 1941, rechazó firmar un decreto para expulsar a judíos de barrios musulmanes, declarando: «En Marruecos, la convivencia no se negocia».
4. Legado perdurable: El arquitecto de un Marruecos plural
Tras la independencia en 1956, Mohammed V, ya como rey, integró a judíos en la construcción del nuevo Estado. Nombramientos como el de Leon Benzaquen como ministro de Correos fueron símbolos de su visión inclusiva. Tahar Ben Jelloun, premio Goncourt, escribió: «En su corazón, Marruecos nunca fue árabe, bereber o judío: fue un sueño compartido».
Parte II: El Manifiesto Para Hoy
1. El recordatorio urgente: Lo que Mohammed V nos enseña en el siglo XXI
Mientras políticos y grupos extremistas siembran miedo contra «el otro» (judíos, musulmanes, migrantes), la vida de Mohammed V grita verdades eternas:
– La diversidad es una bendición, no una amenaza. Bajo su reinado, Marruecos fue crisol de culturas.
– Un líder defiende a los vulnerables. En 1942, cuando el mundo calló ante el Holocausto, él declaró: «Su destino es mi destino».
– La valentía no necesita alardes. Sin ejércitos ni discursos, su firmeza silenciosa salvó vidas.
«Hoy, cuando veo estrellas amarillas pintadas en comercios judíos en Europa, o mezquitas atacadas en Occidente, pienso: ¿Dónde están los Mohammed V de nuestra época?», dice Simón Levy, activista marroquí.
2. Su ejemplo en acción: Tres lecciones para hoy
a) Negarse a normalizar el odio
Mientras algunos países prohíben símbolos religiosos, Mohammed V rechazó en 1941 imponer distintivos a judíos: «En mi reino, todos visten el mismo honor».
b) Diplomacia humanitaria
En 1948, cuando pogromos arrasaron comunidades judías en países vecinos, Mohammed V protegió a los suyos. No permitió represalias, demostrando que la paz interna no se sacrifica por conflictos ajenos.
c) Educar en la memoria
En 2021, el rey Mohammed VI (nieto de Mohammed V) inauguró en Casablanca la Casa de la Memoria, museo de la herencia judeo-marroquí. Este acto, heredero de su legado, enseña que la convivencia se construye recordando, no borrando.
3. Llamado a la acción: El manifiesto de los valientes
Inspirado en Mohammed V, proclamo:
1. Rechacemos toda retórica que demonice religiones o etnias. Como él hizo con Vichy, enfrentemos el odio con ética.
2. Protejamos a las minorías por justicia, no caridad. Ellas son el termómetro moral de una sociedad.
3. Convirtamos la memoria en pedagogía. Enseñemos que, como dijo Mohammed V: «Un país sin diversidad es un desierto del alma».
4. Exijamos líderes que unan, no dividan. La grandeza no se mide en votos, sino en actos de humanidad.
Él nos convoca. Mohammed V no pertenece solo a Marruecos: es patrimonio de quienes creemos en la luz frente a la oscuridad. En un mundo de muros y mezquitas sitiadas, su voz resuena: «Nadie es libre hasta que todos lo somos. Nadie está seguro hasta que nadie teme por su fe».
Hoy, como ayer, su ejemplo nos reclama. Que su memoria no sea un monumento, sino un camino. En mi casa y en mi despacho, hay un retrato suyo con una leyenda: «Aquí no se siembra odio». Que esa sea la consigna de nuestro tiempo.
Este artículo-manifiesto es un tributo sin fisuras a un gigante moral. En cada palabra late un compromiso: honrar el pasado para sanar el presente.
A Mohammed V, con gratitud eterna.
*Defensor del diálogo interreligioso.
