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miércoles, junio 10, 2026

¿Es Marruecos realmente una amenaza para España? 

 

Rue20 Español/Rabat

Machij El Karkri*

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La verdad es que el último barómetro del Real Instituto Elcano, publicado en julio de 2025, no me ha sorprendido. El hecho de que el 55% de los españoles considere a Marruecos como la principal amenaza externa, por delante incluso de potencias como Rusia o Estados Unidos, dice mucho más sobre la percepción que sobre la realidad.

Pero ¿por qué esta visión tan negativa? ¿Está realmente España amenazada?

La respuesta está menos en la política inmediata y más en las capas profundas de la historia, la sociología y la memoria colectiva. Una historia compartida, pero no reconciliada.

La relación entre Marruecos y España no comenzó con tratados ni con embajadas, sino con la historia misma. En el año 711, Táriq Ibn Ziyad cruzó el Estrecho de Gibraltar y fundó Al-Ándalus, un Estado islámico que duraría ocho siglos.

Ademas durante los siglos XI y XII, las dinastías almorávide y almohade reforzaron su presencia en la península, librando grandes batallas con implicaciones culturales y religiosas que aún resuenan.

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En 1492, con la Reconquista culminada, España expulsó a musulmanes y judíos. Muchos de ellos se establecieron en ciudades del norte de Marruecos, como Tetuán y Salé, dejando una impronta cultural imborrable y llevando con ellos un profundo sentimiento de victimismo.

Los siglos XVI al XVIII estuvieron marcados por incursiones, piratería, y guerras navales. Ciudades como Larache, Mehdía y Arcila fueron escenario de enfrentamientos constantes por el control marítimo y comercial.

El capítulo colonial

Entre 1912 y 1956, España colonizó el norte y el sur de Marruecos. Esta etapa dejó profundas cicatrices, especialmente en el Rif, donde la resistencia fue feroz.

La guerra del Rif (1921–1926) vio el uso por parte de España de armas químicas contra la población civil, cuyas secuelas sanitarias y sociales aún persisten. Hasta hoy, España no ha reconocido ni pedido perdón por estos crímenes históricos.

Los soldados olvidados de la Guerra Civil

Durante la Guerra Civil Española (1936–1939), el general Francisco Franco movilizó a casi 100.000 soldados marroquíes, conocidos como regulares.

Muchos de ellos fueron reclutados sin opción, utilizados como fuerza de choque. Al volver a casa, lo hicieron con pérdidas, traumas y sin derechos. Mientras tanto, el bando republicano los describió en términos racistas y violentos, consolidando en el imaginario español la figura del moro peligroso.

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El trasfondo sociológico de una tensión persistente

Las tensiones actuales no son sólo geopolíticas. Si no se alimentan de una historia sin resolver y de representaciones sociales que se perpetúan en ambas orillas.

Memorias opuestas

Para muchos españoles, Marruecos sigue asociado al moro invasor. Para los marroquíes, España es el colonizador que nunca pidió disculpas. Esta disonancia histórica nutre desconfianza y resentimiento mutuos.

Desigualdad simbólica

España, potencia europea moderna, tiende a ver a Marruecos como el vecino atrasado. Mientras Marruecos, que es una potencia importante en Africa, a su vez, construye un relato de resistencia y soberanía.

La migración como campo de batalla

Con casi un millón de marroquíes en España, la convivencia está teñida de prejuicios, discriminación y estigmas.

El emigrante marroquí es visto a menudo como el otro, mientras que muchos de ellos sienten que nunca serán ciudadanos de pleno derecho, a pesar de décadas de trabajo e integración.

Religión e identidad

Símbolos como el hiyab, el Ramadán o los nombres árabes se interpretan a veces como desafíos a la identidad nacional española. La extrema derecha utiliza esos símbolos como herramientas de miedo electoral.

 El discurso mediático

Muchos medios españoles enfocan Marruecos desde una lente limitada: migración, narcotráfico, islamismo. Los medios marroquíes, por su parte, suelen presentar a España como intervencionista y hostil, especialmente cuando se trata del conflicto del Sáhara Marroquí.

¿Qué hacer?

Las tensiones actuales reflejan heridas históricas no cerradas, identidades en conflicto y estereotipos que siguen vivos en ambos lados del Estrecho.

Por eso, superar esta percepción de amenaza requiere más que tratados diplomáticos. Hace falta una apuesta valiente por: una memoria compartida, una prensa responsable, una educación crítica y una verdadera cultura del entendimiento mutuo.

*Miembro del Buró político de la Unión Socialista y Fuerzas Populares.

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