Rue20 Español/Rabat
La participación de Argelia en la Copa Africana de Naciones femenina (CAN) está marcada por una serie de incidentes que evidencian una campaña sistemática para minimizar la presencia de Marruecos como país anfitrión, rozando lo absurdo y generando controversia dentro y fuera del terreno de juego.
Desde el inicio de la competición, la Federación Argelina de Fútbol (FAF) ha implementado una estrategia de censura visual, omitiendo cualquier mención explícita a Marruecos, incluso en los logotipos oficiales del torneo. Imágenes difundidas en redes sociales muestran cómo la selección femenina argelina publicó su alineación titular tras la victoria contra Botsuana sin incluir la palabra «Marruecos» en el logotipo oficial de la CAN. Según el sitio web Morocco Intel, esta omisión habría resultado en una advertencia oficial de la Confederación Africana de Fútbol (CAF) a la FAF.
La censura se extiende más allá de las publicaciones en redes sociales. Durante la retransmisión de una rueda de prensa del seleccionador Farid Benstiti, Canal Algérie ocultó el logotipo de Royal Air Maroc, patrocinador oficial de la CAN, sustituyéndolo por el de TotalEnergies. El propio Benstiti modificó su insignia personal para eliminar cualquier referencia a Marruecos.
La situación se agrava con el boicot a las fotos oficiales de la competición por parte de varias jugadoras argelinas, incluyendo a la capitana Sofia Guellati, quien, según informes, se habría negado a participar en la ceremonia de presentación del trofeo frente a la Torre Hassan en Rabat. En una entrevista, Guellati se refirió a Marruecos como «otro país», alimentando la polémica.
Estos incidentes no son aislados. En 2024, durante la final de la Copa de la CAF entre el RS de Berkán (RSB) y el USM Alger (USMA), la FAF prohibió al equipo marroquí jugar con su camiseta oficial debido a la inclusión de un mapa completo de Marruecos, con su Sáhara. La CAF pospuso el partido y finalmente otorgó la victoria al RSB por incomparecencia del USMA.
La reiterada actitud de la FAF plantea interrogantes sobre los límites de esta campaña anti-Marruecos y la pasividad de la CAF. El silencio del organismo rector del fútbol africano ante estas provocaciones genera inquietud y dudas sobre su capacidad para garantizar el respeto y la deportividad en sus competiciones.
Mientras las jugadoras se esfuerzan en el campo, la politización del torneo por parte de la FAF eclipsa el espíritu deportivo y perjudica la imagen del fútbol femenino africano. La pregunta sigue en el aire: ¿hasta cuándo la CAF tolerará estas actitudes que socavan la unidad y la integridad del deporte?
