Hakimi romperá la historia del Balón de Oro

 

Rue20 Español/ Fez

Meryem Ghoua

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A la sombra del talento de Ousmane Dembélé, un nombre emerge con fuerza en la constelación del Paris Saint-Germain: Achraf Hakimi. El vertiginoso lateral marroquí no solo ha demostrado ser una pieza clave en el esquema del equipo, sino que se consolida como un candidato creíble al Balón de Oro, un hecho que se ha visto reforzado por su destacada actuación en el reciente Mundial de Clubes.

El gesto de Hakimi al intercambiar su camiseta con Lionel Messi, ocho veces ganador del preciado galardón, tras la victoria contra el Inter Miami (4-0), no es una simple anécdota.

Es un símbolo de la ambición y la confianza de un jugador que se codea con los grandes y que aspira a lo máximo. Si bien pocos defensas, y ningún lateral en particular, han alzado el Balón de Oro, la temporada de Hakimi invita a soñar.

A diferencia de Dembélé, cuya metamorfosis goleadora se inició en enero, la excelencia de Hakimi ha sido una constante a lo largo de todo el año. A sus 26 años, el marroquí encarna el prototipo del lateral moderno: velocidad explosiva, resistencia incansable para recorrer la banda de arriba abajo, precisión milimétrica en pases y centros, y una condición física excepcional.

«Es un don de Dios, esta potencia cardiovascular», reconoce el propio Hakimi, quien complementa su talento natural con un riguroso trabajo junto a su preparador físico y nutricionista.

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Pero lo que realmente distingue a Hakimi es su inteligencia táctica y su capacidad para interpretar el juego. Sus recortes hacia el centro del campo, combinando con el extremo o cambiando el juego al otro lado, son una muestra de su visión de juego y su perfecta sintonía con las directrices de Luis Enrique. «Luis Enrique me ha llevado a un nivel que no imaginaba», confiesa el marroquí, reconociendo la influencia del técnico en su evolución como jugador completo.

Más allá de las estadísticas, que hablan por sí solas con 11 goles y 14 asistencias en 52 partidos, Hakimi ha demostrado una madurez y una confianza en sí mismo que lo han catapultado a la élite del fútbol mundial. «Estoy muy contento con mi temporada, una de las mejores. He crecido futbolística y personalmente», afirma el jugador, dejando entrever la ambición que lo impulsa.

El propio Luis Enrique no escatima elogios para su pupilo, al que considera el mejor lateral derecho que ha visto, con un potencial aún por explotar. Y aunque menciona a Dembélé como candidato al Balón de Oro, el nombre de Hakimi siempre le sigue de cerca.

Su actuación en el Mundial de Clubes, con dos goles que resumen su estilo ultraofensivo, su instinto goleador y su sangre fría, es la mejor carta de presentación para un jugador que aspira a escribir su nombre en la historia del fútbol.

El desafío contra el Bayern de Múnich, donde deberá contener a jugadores como Kingsley Coman, será una nueva prueba para demostrar su valía en todas las facetas del juego.

El Premio Marc-Vivien-Foé, que distingue al mejor jugador africano de la Ligue 1, ya adorna su vitrina. Ahora, Achraf Hakimi sueña con un premio mayor, un reconocimiento a su talento y a una temporada excepcional que lo ha consolidado como una de las estrellas más brillantes del firmamento futbolístico.

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