Rue20 Español/Rabat
La Unión Europea (UE) debería replantear su postura de reserva frente al conflicto entre Marruecos y Argelia para proteger sus intereses estratégicos en el Magreb, según un artículo de opinión publicado en IPS-Journal.eu, plataforma vinculada a la Fundación Friedrich-Ebert.
El autor, Emmanuel Cohen-Hadria, miembro del consejo ejecutivo de Diplomeds, un grupo de expertos dedicado al diálogo mediterráneo, urge a la UE a adoptar un papel más activo en la gestión de esta disputa regional, que afecta directamente a la seguridad energética, la lucha contra el terrorismo y el control de los flujos migratorios.
Desde la ruptura de relaciones diplomáticas entre Rabat y Argel en 2021, las tensiones han escalado, con consecuencias palpables para Europa. El cierre del gasoducto Magreb-Europa, que suministraba gas argelino a España a través de Marruecos, ha evidenciado la vulnerabilidad energética del continente.
Además, el colapso de la cooperación en seguridad entre ambos países ha debilitado los esfuerzos conjuntos contra el crimen organizado, el tráfico de drogas y la radicalización, según el análisis.
Un punto muerto que exige acción
Cohen-Hadria critica la estrategia de la UE de mantener una neutralidad cautelosa, intentando no alienar a ninguna de las partes.
Esta postura, sostiene, resulta insostenible ante la creciente rivalidad entre Marruecos y Argelia, que se extiende a ámbitos clave para Europa, como los acuerdos energéticos.
Para superar este impasse, el autor propone que Bruselas incorpore el principio de «buena vecindad» en su política hacia el Magreb, inspirándose en el modelo aplicado en los Balcanes. Esto implicaría condicionar el apoyo técnico y político a gestos de distensión o colaboración entre ambos países.
El artículo también aboga por iniciativas de diálogo informal, o track II, que involucren a actores no gubernamentales como académicos, empresarios y asociaciones civiles.
Estos espacios, respaldados por la UE, podrían reconstruir puentes entre las sociedades marroquí y argelina. Asimismo, se destaca el potencial de la Unión para el Mediterráneo (UpM) como plataforma para fomentar una cooperación técnica despolitizada, incluso en un contexto de tensiones diplomáticas.
Una oportunidad para liderar
Cohen-Hadria subraya que la estabilidad del Magreb debe convertirse en un pilar central de la estrategia euromediterránea. Proyectos conjuntos en transición energética, medio ambiente, investigación científica e infraestructuras podrían incentivar a Rabat y Argel a priorizar beneficios mutuos.
La UE, concluye el autor, tiene la capacidad de liderar esta transformación, pero solo si abandona su actual pasividad y asume un rol proactivo en la prevención de conflictos y la construcción de un espacio regional más integrado.
El análisis, publicado en un momento en que la UE busca redefinir sus relaciones con el sur del Mediterráneo, plantea un desafío claro: la estabilidad europea está intrínsecamente ligada a la del Magreb, y la neutralidad ya no es una opción viable.
