Rue20 Español/Rabat
La política exterior de Argelia, controlada por una élite militar y de inteligencia, ha adoptado un tono marcadamente confrontativo que, según diplomáticos y analistas, se asemeja más a una actitud paranoica que a una estrategia diplomática coherente.
Cada iniciativa regional que no cuente con la participación de Argel es percibida como una amenaza directa, lo que ha llevado al país a encadenar tensiones en múltiples frentes: Europa, el Sahel, el norte de África e incluso con los países del Golfo, según advierte un análisis de Sahel Intelligence.
En este escenario, los Emiratos Árabes Unidos se han convertido en el blanco favorito del régimen argelino, que los acusa de desestabilizar países como Libia, Sudán e incluso la propia Argelia. Los EAU representan una visión moderna, pragmática y abierta que choca con el modelo argelino, anclado en discursos de los años 70. Para el poder argelino, inventar enemigos externos parece ser una fórmula útil para mantener un aparato de seguridad sobredimensionado y justificar su aislamiento.
El mismo medio señala que Argelia ha intensificado sus ataques verbales y rupturas diplomáticas con países como Francia, España, Estados Unidos, Marruecos, la Unión Europea y varios Estados del Sahel. Según Sahel Intelligence, esta política exterior cada vez más militarizada responde menos a una estrategia clara y más a reacciones impulsivas, desconectadas de la realidad internacional.
En este contexto, la dirección del país, liderada por el general Saïd Chengriha y el presidente Abdelmadjid Tebboune, refleja una preocupante deriva institucional. Las decisiones erráticas, la desconfianza permanente hacia el exterior y una visión distorsionada del mundo alimentan una estrategia de aislamiento que pone en riesgo la estabilidad regional y debilita la credibilidad internacional de Argelia.
