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La histórica relación entre Marruecos y Estados Unidos, a menudo destacada por el temprano reconocimiento marroquí de la independencia estadounidense en 1777, merece un análisis más profundo que trascienda la mera anécdota histórica.
Numerosos estudios académicos han abordado este hito, pero es crucial reexaminar el contexto, el simbolismo y las repercusiones de esta audaz decisión del Sultán Mohammed III, que sentó las bases de una alianza bicentenaria.
¿Fue un acto impulsivo o una estrategia diplomática visionaria? En 1777, Estados Unidos, en su octavo año de guerra contra Gran Bretaña, veía su comercio marítimo amenazado por la piratería en el Mediterráneo tras la pérdida de la protección británica.
El reconocimiento de su independencia por parte de Marruecos, en un contexto internacional complejo y dominado por las grandes potencias, implicaba un riesgo considerable.
Sin embargo, documentos históricos, incluyendo cartas de cónsules, memorias de figuras como John Adams y Thomas Jefferson, y testimonios del cónsul Thomas Barclay, pintan un retrato del Sultán Mohammed III como un líder astuto, con experiencia diplomática, un defensor de la justicia y la libertad, opuesto a la esclavitud. Su decisión no fue un mero acto de aventura, sino un cálculo político que anticipaba un nuevo orden mundial.
Este reconocimiento, el primero a nivel internacional, no solo tuvo un profundo significado político, especialmente considerando los esfuerzos de los enviados estadounidenses en París por obtener el reconocimiento de Francia, sino que también se tradujo en la apertura de los puertos marroquíes, en particular Mogador (Esauira), al comercio estadounidense, ofreciéndoles protección contra la piratería.
La posterior guerra estadounidense-libia (1801-1805) reforzó esta cooperación, consolidando la posición de Marruecos como un actor clave en la escena internacional. La firma del Tratado de Amistad y Paz en 1786, tras casi una década del reconocimiento inicial, y la apertura de la primera legación diplomática estadounidense en Tánger en 1821 durante el reinado de Moulay Suleiman, son testimonios de la solidez de esta alianza temprana.
La visión de futuro del Sultán Mohammed III se manifestó también en la construcción de Essaouira, un puerto estratégico en la costa atlántica que impulsó el comercio internacional y fortaleció las relaciones con potencias europeas como Ámsterdam, Londres, Venecia, Madrid y París.
Esta iniciativa, junto con su política de atraer a familias judías marroquíes con experiencia en finanzas y comercio, convirtió a Essaouira en un centro económico clave en el siglo XVIII, demostrando la comprensión del Sultán sobre la importancia de las infraestructuras y el capital humano para el desarrollo económico y la defensa nacional.
La relación bilateral continuó fortaleciéndose durante los reinados de Moulay Suleiman, Mohammed V y Hassan II. Estados Unidos fue uno de los primeros países en reconocer la independencia de Marruecos, y la histórica visita del Rey Hassan II a Estados Unidos durante la Guerra Fría marcó un hito en la alianza.
El reinado del Rey Mohamed VI ha sido testigo de una modernización y profundización de esta relación, con visitas de Estado, acuerdos estratégicos y, más recientemente, el reconocimiento por parte de Estados Unidos de la soberanía marroquí sobre el Sáhara en diciembre de 2020.
Este último acontecimiento se inscribe en la larga trayectoria de una alianza forjada en la audacia y la visión de futuro del Sultán Mohammed III. La historia de las relaciones marroquí-estadounidenses nos invita a revisitar las lecciones del pasado, a comprender la importancia de las decisiones estratégicas y a reconocer el valor de una alianza que ha superado la prueba del tiempo.
