Rue20 Español/El Aaiún
El presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, ha expresado su malestar por las recientes visitas de altas personalidades francesas a El Aaiún y Dajla, en el Sáhara marroquí; aunque ha optado por un tono aparentemente conciliador que apenas disimula la profunda contrariedad de Argel.
Si bien Tebboune evitó calificar directamente de «provocación» las visitas de la ministra francesa de Cultura, Rachida Dati, y del presidente del Senado, Gérard Larcher, sus palabras, expresadas en una entrevista con medios argelinos, contrastan con la enérgica condena del Ministerio de Asuntos Exteriores argelino, que denunció una «grave desviación» y un «desprecio del derecho internacional».
Esta discrepancia se hizo aún más evidente tras la decisión unilateral de la Asamblea Popular Nacional de suspender su cooperación con el Senado francés en represalia por el viaje de Larcher.
En un intento por controlar la escalada diplomática, Tebboune reconoció la larga historia de las relaciones franco-marroquíes, afirmando que «esto no nos molesta» y que no hay razón para inventar un conflicto entre Argelia y Francia por sus vínculos con Marruecos.
Sin embargo, esta aparente calma esconde una crítica velada a Francia. Tebboune atribuyó la propuesta de autonomía para el Sáhara marroquí a una «invención francesa», anterior incluso a su adopción por Marruecos, insinuando una alineación de París con las posiciones marroquíes.
El presidente argelino fue más allá, acusando a Francia de desviarse de los principios del derecho internacional y de perturbar la neutralidad de la ONU.
Esta «parcialidad flagrante», según Tebboune, no solo molesta a Argel, sino también a las Naciones Unidas y al derecho internacional. Sus declaraciones revelan una diplomacia argelina cada vez más aislada en el contexto del Sáhara marroquí.
A pesar de la fachada de moderación, la frustración de Tebboune es palpable. Sus palabras reflejan la preocupación de Argelia por ser relegada a un segundo plano en la estrategia francesa, que parece priorizar la asociación con Rabat.
La constatación de que Marruecos, y en menor medida Túnez, se benefician de los favores de Francia, contrasta con las anteriores denuncias de Tebboune sobre las «relaciones especiales» que Francia pretende mantener con Argelia.
Aunque Tebboune buscó suavizar el tono beligerante de su aparato diplomático, su postura no logra disipar la irritación de Argel ante los gestos franceses en el Sáhara marroquí.
