Rue20 Español/Rabat
En su reciente artículo titulado El Polisario y las universidades españolas: adoctrinamiento para el consumo público (publicado el 21 de marzo en Atalayar), Ignacio Ortiz lanza una advertencia pertinente: las universidades públicas españolas están siendo instrumentalizadas por el Frente Polisario para difundir su narrativa de forma unidireccional, bajo el amparo de la supuesta neutralidad académica. Su denuncia, tan documentada como provocadora, se ajusta con precisión a una realidad que desde hace tiempo muchos prefieren ignorar.
La Universidad de Cádiz, la de Zaragoza, la de Las Palmas o la de La Laguna son solo algunos de los centros mencionados por Ortiz donde, con frecuencia cada vez mayor, se organizan eventos que promueven la causa del Polisario. Jornadas, proyecciones, seminarios o convenios con asociaciones militantes forman parte de una estrategia sistemática para instalar una narrativa única sobre el conflicto del Sáhara, invisibilizando toda posición alternativa.
El problema no radica en hablar del Sáhara. Radica en que se hable desde una sola perspectiva, excluyendo por completo la propuesta marroquí de autonomía, respaldada por potencias internacionales como Estados Unidos, España, Francia o Alemania, y considerada por la ONU como una base seria y creíble para la resolución del conflicto. ¿Dónde están los foros universitarios que analicen esta vía política con el mismo entusiasmo y despliegue institucional?
El artículo de Ortiz pone el dedo en la llaga al denunciar que muchos de estos actos cuentan con financiación pública, y que los estudiantes se convierten en receptores forzosos de una versión ideologizada del problema, sin espacio para el contraste ni el debate. La universidad, sostiene con razón, debería ser un espacio de pensamiento crítico, no un púlpito para la militancia selectiva.
Es tiempo de exigir equilibrio. De pedir que las universidades que dicen defender la pluralidad, la practiquen. Que si se invita a defensores del Polisario, también se escuche a académicos y juristas que explican la posición marroquí. Que si se habla de derechos humanos, se hable también del historial del Polisario en los campamentos de Tinduf.
Porque si no, la universidad dejará de ser un espacio de saber y se convertirá en lo que ya empieza a parecer: un escenario político, al servicio de intereses ajenos a la verdad académica.
