Arcila despide a Mohamed Benaissa: el hombre que soñó su ciudad

 

Rue20 Español/Rabat

En este primer día sagrado del mes de Ramadán, Arcila se vistió de duelo para despedir a su hijo más ilustre. Entre las estrechas callejuelas de la medina, el eco de los pasos de quienes acudieron a su último adiós se entrelazaba con la brisa del Atlántico, como si la ciudad misma, esa que tanto amó y por la que tanto luchó, suspirara con pesar su ausencia.

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Mohamed Benaissa no fue solo un diplomático de prestigio, un exministro de Asuntos Exteriores que supo poner a Marruecos en la esfera internacional con maestría y visión. Fue, sobre todo, el hombre que soñó Arcila y la elevó a la categoría de faro cultural del mundo árabe y africano.

Desde el Moussem Cultural Internacional de Asilah, su obra maestra, construyó puentes entre civilizaciones, acogió a intelectuales, artistas y diplomáticos, y convirtió a esta pequeña ciudad costera en un crisol de pensamiento y creatividad. Año tras año, Arcila se transformaba en un escenario donde la cultura desafiaba el tiempo y las fronteras, todo bajo la mirada y la voluntad inquebrantable de Benaissa.

El día de su entierro, la historia se detuvo por un instante. En el silencio solemne del cortejo fúnebre, entre los rostros compungidos de ministros, diplomáticos y amigos, estaba también el pueblo de Arcila, ese que lo vio crecer y al que él devolvió con generosidad y pasión lo que la vida le ofreció. Desde el Palacio de la Cultura hasta la Zaouia Aissaouia, donde su cuerpo encontró descanso, la ciudad que moldeó con sus ideas le rendía tributo.

Pero más allá del peso de los cargos y de la envergadura de sus logros, Mohamed Benaissa deja un legado más íntimo y perdurable: el de la fidelidad a un sueño. Porque Arcila, la ciudad que supo hacer suya, no lo olvidará. Seguirá viva en cada rincón que ayudó a embellecer, en cada festival que ideó, en cada niño que crecerá escuchando el eco de su nombre.

Hoy, Marruecos despide a un diplomático, un visionario, un constructor de puentes. Arcila, en cambio, pierde a su protector, pero no a su espíritu. Porque Benaissa no se ha ido del todo. Su sueño sigue de pie, junto a las murallas de su amada ciudad, resistiendo el paso del tiempo.

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Que Allah tenga misericordia de su alma y lo acoja en Su infinita bondad. Que su legado perdure en cada rincón de Arcila, en cada festival que ideó y en cada generación que seguirá soñando con la ciudad que él tanto amó. Inna lillahi wa inna ilayhiraji’un.

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