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miércoles, junio 3, 2026

Las oportunidades, los riesgos y las lecciones aprendidas de la experiencia africana con China: Marruecos, un modelo a seguir

 

Rue20 Español/Rabat

Ali Rhanbouri y Machij El Karkri

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África está viviendo una fase de transformación económica significativa, buscando liberarse de las restricciones de la antigua era colonial y redefinir su posición en el mapa económico mundial. En este contexto, el continente se orienta hacia el fortalecimiento de sus asociaciones con potencias económicas emergentes, entre las cuales se destaca China, que se ha convertido en un actor clave en el apoyo al desarrollo africano a través de enormes inversiones que incluyen la transferencia de tecnologías, el desarrollo de infraestructuras y el fortalecimiento de las capacidades de producción. Sin embargo, esta cooperación, aunque ofrece oportunidades estratégicas para reestructurar las economías africanas, plantea preguntas esenciales sobre el equilibrio de la relación entre ambas partes. ¿Es esta asociación un verdadero apalancamiento para alcanzar un desarrollo sostenible y superar los desafíos estructurales a los que se enfrenta el continente? ¿O podría conducir a nuevas formas de dependencia económica y política, amenazando así con obstaculizar el camino hacia la independencia económica de África? Responder a estas preguntas requiere un análisis profundo de la naturaleza de esta asociación y una reevaluación de sus objetivos y de sus impactos a largo plazo en el futuro del continente.

Oportunidades de cooperación africano-china

Desde el comienzo del nuevo milenio, China se ha convertido en un socio económico estratégico para África, donde las relaciones entre ambas partes han experimentado un desarrollo considerable, traduciéndose en un duplicado del volumen comercial a niveles sin precedentes, superando los 300 mil millones de dólares. Esta cifra refleja el avance de China en comparación con muchos socios tradicionales del continente, como Europa y América, destacando el cambio significativo en la naturaleza de las relaciones económicas de África. Esta asociación ha ofrecido enormes oportunidades económicas a los países africanos, convirtiéndolos en el foco de atención de numerosos tomadores de decisiones y líderes.

Las inversiones chinas juegan un papel central en el desarrollo de las infraestructuras africanas, que son uno de los principales problemas que frenan el desarrollo sostenible del continente. China es uno de los principales financiadores de proyectos importantes que incluyen carreteras, ferrocarriles y puertos, que representan una arteria esencial para fortalecer la actividad económica y comercial. Entre los ejemplos más notables se encuentra el proyecto de la línea ferroviaria que conecta Nairobi con Mombasa en Kenia, considerado un modelo de conexión regional y promoción del comercio, así como el proyecto del puerto de Lamu, que forma parte de la iniciativa «La Franja y la Ruta», destinada a conectar los mercados africanos con los mercados globales a través de redes de transporte e infraestructuras logísticas modernas.

Además, la asociación con China ofrece una oportunidad excepcional para la transferencia de tecnologías y el desarrollo de industrias locales en los países africanos. Gracias a la tecnología china, relativamente asequible en comparación con los países occidentales, muchos países han podido fortalecer sus capacidades de producción en sectores estratégicos como la manufactura y las energías renovables. Este proceso contribuye no solo a mejorar la productividad local, sino también a crear nuevos empleos y a fortalecer las habilidades de la mano de obra africana, abriendo así el camino hacia la construcción de una economía más diversificada y autosuficiente.

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Además, las inversiones chinas contribuyen directamente a fortalecer la integración regional entre los países del continente africano. La mayoría de los proyectos de infraestructura financiados por China tienen como objetivo mejorar la conectividad entre los países, creando así un entorno propicio para promover el comercio intraafricano, que sigue siendo relativamente bajo, representando solo alrededor del 15-18% del comercio total africano. Esta integración regional es una condición esencial para alcanzar los objetivos de la Zona de Libre Comercio Continental Africana (ZLECA), que constituye un paso crucial hacia la independencia económica del continente.

Al mismo tiempo, la cooperación con China representa una oportunidad estratégica para diversificar los socios económicos de los países africanos, alejándose de la dominación tradicional de socios como Europa y Estados Unidos. En lugar de depender completamente de estas potencias tradicionales, la asociación con China ofrece a los países africanos un espacio para redefinir sus relaciones económicas en función de sus prioridades de desarrollo, lo que otorga a esta diversificación de socios una mayor capacidad de negociación y refuerza su independencia económica y política en la escena internacional.

Sin embargo, esta asociación con China sigue siendo el centro de un amplio debate sobre su sostenibilidad y la naturaleza del equilibrio que la caracteriza. Mientras que algunos opinan que representa un modelo de asociación ganar-ganar, otros advierten que podría abrir la puerta a nuevas formas de dependencia, en particular debido al aumento de los niveles de endeudamiento de algunos países africanos resultantes de los proyectos financiados por China. Así, el mayor desafío para África radica en cómo gestionar esta relación para que sirva a sus intereses a largo plazo y garantice su uso como un medio para promover su desarrollo sostenible.

Riesgos de dependencia de la cooperación con China

A pesar de las grandes oportunidades que la cooperación con China ofrece a África, esta colaboración conlleva numerosos riesgos que podrían afectar la sostenibilidad del desarrollo en el continente y enfrentarla a nuevos desafíos. Uno de los principales de estos riesgos radica en la creciente crisis de la deuda. China se ha convertido en uno de los mayores acreedores de los países africanos, con los préstamos chinos representando aproximadamente el 20% de la deuda total del continente, con un valor total que alcanza los 696 mil millones de dólares desde 2000. Aunque estos préstamos se otorgan a menudo en condiciones favorables en comparación con las fuentes tradicionales, las tasas de interés relativamente altas y los cortos períodos de reembolso pueden aumentar la carga financiera de los países deudores, amenazando su estabilidad financiera y aumentando la probabilidad de caer en una trampa de deuda.

Además, la cooperación con China plantea serias preocupaciones sobre la pérdida por parte de los países africanos de una parte de su soberanía económica. En muchos casos, los préstamos chinos están condicionados a otorgar a empresas chinas los derechos de ejecución de los proyectos financiados o a concesiones a largo plazo para la explotación de los recursos naturales de los países deudores. Esta situación refuerza la dependencia económica, haciendo que los países africanos sean altamente dependientes de China, no solo para financiar sus proyectos, sino también para su funcionamiento y gestión, planteando preguntas sobre hasta qué punto esta asociación realmente beneficia al continente o si redefine las relaciones económicas según nuevos esquemas de dominación.

Por otro lado, surgen cuestiones sobre hasta qué punto los países africanos se benefician de la cooperación con China en términos de transferencia de habilidades y tecnologías. A pesar de la importancia de estos proyectos de desarrollo, las empresas chinas encargadas de su implementación a menudo dependen en gran medida de la mano de obra y habilidades chinas en lugar de formar habilidades locales y crear empleos para la mano de obra africana, lo que limita la capacidad de los países africanos para construir una base de conocimientos y tecnologías locales que contribuya a la sostenibilidad de los proyectos y al desarrollo de su economía a largo plazo.

La falta de transparencia en muchos acuerdos firmados entre China y los países africanos también suscita crecientes preocupaciones. La mayoría de estos acuerdos se llevan a cabo lejos de la vista del público o sin un debate abierto, lo que dificulta la evaluación del impacto real de estos préstamos e inversiones en el desarrollo económico y social. Además, la falta de transparencia debilita la capacidad de las sociedades africanas para hacer responsables a sus gobiernos de la gestión de estas asociaciones y garantizar que sirvan a los intereses nacionales.

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Modelos africanos de cooperación con China: oportunidades y lecciones aprendidas

Las experiencias de Kenia, Etiopía y Angola representan modelos variados de asociación entre los países africanos y China, destacando las oportunidades y desafíos asociados a esta cooperación. En Kenia, el proyecto de la línea ferroviaria que conecta Nairobi con Mombasa, financiado por China por un valor de 3.6 mil millones de dólares, es un ejemplo destacado de las inversiones chinas en infraestructuras africanas. Este proyecto constituye una arteria vital para mejorar la conectividad regional y dinamizar el comercio interno y externo. Sin embargo, ha suscitado un amplio debate debido a los altos costos asociados. Las importantes deudas contraídas por Kenia para financiar este proyecto han añadido una carga a su presupuesto público, afectando su capacidad para reembolsar sin comprometer su estabilidad financiera.

En Etiopía, su asociación con China muestra un aspecto más diversificado de la cooperación económica. El país se ha beneficiado de importantes inversiones chinas que incluyen la creación de zonas industriales y el desarrollo de redes de transporte y energía, contribuyendo a fortalecer la posición de Etiopía como uno de los centros industriales emergentes del continente. Sin embargo, la acumulación de deudas representa un desafío real para Addis Abeba, ya que el aumento de la dependencia de los préstamos chinos podría amenazar la estabilidad de su economía a largo plazo, especialmente ante los desafíos políticos y económicos internos a los que se enfrenta.

Por otro lado, la experiencia angoleña presenta una perspectiva diferente de la asociación con China. Después de años de guerra civil, Angola recurrió a los préstamos chinos para reconstruir sus infraestructuras destruidas. Estas inversiones han incluido proyectos en los ámbitos de la energía, el transporte y la vivienda, pero estos préstamos estaban condicionados a estrictas condiciones, con Angola dependiendo de las exportaciones de petróleo como garantía para los préstamos chinos. Aunque esta relación ha permitido a Angola acceder rápida y directamente a financiación, también ha hecho que la economía del país sea vulnerable a las fluctuaciones de los precios del petróleo en los mercados mundiales. En caso de una caída de los precios, Angola se ve en dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras, lo que amenaza con aumentar su dependencia económica de China.

Estos ejemplos subrayan la necesidad de una nueva gestión de la asociación con China, garantizando un equilibrio entre la valorización de las inversiones chinas y la reducción de los riesgos asociados al endeudamiento y a la dependencia económica. Esto requiere que los países africanos adopten estrategias financieras y políticas de desarrollo que aseguren la sostenibilidad de los proyectos y maximicen sus beneficios a largo plazo, al tiempo que se esfuerzan por obtener una mayor independencia en sus decisiones económicas.

Cuestiones sobre la cooperación africano-china

La cooperación con China plantea un conjunto de cuestiones complejas sobre la naturaleza de la relación entre ambas partes y la medida en que los países africanos se benefician a largo plazo. Una de las primeras cuestiones radica en la falta de estrategias de negociación efectivas en muchos países africanos, colocándolos en una posición de debilidad al redactar los acuerdos bilaterales. Estos acuerdos a menudo se concluyen en condiciones que favorecen a China, resultado de la superioridad económica y política que posee, frente a la debilidad de las lógicas de negociación y las estructuras institucionales de algunos países africanos. En esta situación, se vuelve difícil para los países africanos asegurar plenamente sus intereses nacionales o imponer condiciones que garanticen un equilibrio justo en las relaciones bilaterales.

Además, la debilidad del beneficio derivado de las inversiones chinas resulta de la falta de una visión de desarrollo global en muchos países africanos. En lugar de integrar estas inversiones en planes de desarrollo a largo plazo destinados a fortalecer la producción local, desarrollar sectores vitales y lograr una integración económica, a menudo se invierten en proyectos individuales o fragmentados que no contribuyen de manera efectiva a resolver los desafíos estructurales a los que se enfrentan las economías del continente.

Otra cuestión importante se refiere a los aspectos ambientales y sociales de la cooperación con China. Aunque las inversiones chinas han contribuido al desarrollo de infraestructuras y a la mejora de las redes de transporte y energía en el continente, algunos de estos proyectos han sido diseñados y realizados con una atención principal hacia la explotación de los recursos naturales, sin considerar adecuadamente los impactos ambientales y sociales de estas actividades. Por ejemplo, las actividades mineras a gran escala respaldadas por empresas chinas conducen al agotamiento de los recursos naturales y a la degradación de los ecosistemas locales. Además, la deforestación y la construcción de grandes represas a menudo dejan consecuencias negativas en las comunidades locales, como el desplazamiento de poblaciones, la destrucción de sus medios de vida tradicionales y la exposición a riesgos ambientales, como la contaminación y la escasez de agua.

Por otro lado, estas cuestiones plantean interrogantes sobre la capacidad de los países africanos para imponer normas estrictas que garanticen el compromiso de China con los principios de desarrollo sostenible. En ausencia de leyes ambientales sólidas y mecanismos de control efectivos, muchos países se encuentran incapaces de obligar a las empresas chinas a respetar normas de protección del medio ambiente o a generar beneficios sociales más amplios a partir de sus proyectos. Esta situación abre la puerta a prácticas de explotación que obstaculizan la realización de un desarrollo sostenible y conducen al agotamiento de los recursos del continente en lugar de su inversión de manera que beneficie a sus poblaciones.

Hacia un nuevo modelo de cooperación equilibrada

Para establecer una asociación económica con China y evitar caer en la trampa de la dependencia económica, los países africanos deben redefinir su modelo de cooperación con China sobre bases más equilibradas y sostenibles. Esto requiere un enfoque estratégico que fortalezca la capacidad de los países para lograr un desarrollo sostenible y garantizar la independencia de sus decisiones económicas.

En primer lugar, fortalecer la transparencia representa el primer paso para garantizar que los acuerdos de préstamos e inversiones beneficien a los pueblos africanos. Estos acuerdos deben estar sujetos a un control público, involucrando a la sociedad civil y a las instituciones nacionales en su redacción y revisión. Este enfoque no solo reforzará la confianza en la cooperación internacional, sino que también garantizará evitar cualquier decisión tomada fuera del interés general, ya que la transparencia es el primer garante que permite a los ciudadanos seguir la gestión de sus recursos y su futuro económico.

En segundo lugar, centrarse en la transferencia de tecnología es uno de los elementos más importantes para garantizar un beneficio sostenible de las asociaciones con China. Los acuerdos deben contener cláusulas claras que obliguen a las empresas chinas a transferir habilidades y tecnologías a los países africanos, enfatizando el desarrollo de las capacidades locales. También es esencial involucrar activamente a la mano de obra local en la ejecución de los proyectos para garantizar la adquisición de experiencias y el fortalecimiento de las habilidades africanas.

En tercer lugar, diversificar los socios económicos es una elección estratégica que los países africanos deben adoptar para reducir su dependencia excesiva de China. Al abrir perspectivas de cooperación con otras potencias económicas como India, Turquía y Brasil, los países africanos pueden establecer una red de relaciones económicas más equilibrada, asegurando no atar su futuro económico a un solo socio. La diversificación aumenta la capacidad de negociación de los países y les permite beneficiarse de múltiples experiencias en áreas de desarrollo variadas.

En cuarto lugar, fortalecer la integración regional puede ser una herramienta efectiva para aprovechar las inversiones chinas en el desarrollo de proyectos que beneficien simultáneamente a varios países africanos. Los proyectos de infraestructura transfronterizos, como las redes ferroviarias y las carreteras regionales, contribuyen a fortalecer el comercio intraafricano, que sigue siendo relativamente modesto. Esta integración permite a los países alcanzar un crecimiento económico compartido y reducir su dependencia de los mercados extranjeros.

Finalmente, gestionar las deudas de manera prudente es un factor crucial para garantizar que los países africanos no entren en crisis financieras. Deben adoptarse políticas financieras estrictas, que incluyan una evaluación precisa de los niveles de endeudamiento y su viabilidad económica. También es necesario negociar condiciones de préstamos más flexibles, teniendo en cuenta las capacidades económicas de los países para reembolsar sin perjudicar sus presupuestos públicos. Además, es esencial invertir los préstamos en proyectos productivos que generen ingresos económicos directos que contribuyan a reducir la carga de la deuda.

Las relaciones económicas entre Marruecos y China: una asociación equilibrada y ejemplar en África

Las relaciones económicas entre Marruecos y China representan un modelo único de cooperación entre países del Sur, caracterizado por su equilibrio y su anclaje en intereses comunes, lo que la distingue considerablemente de las asociaciones de China con otros países africanos, a menudo marcadas por aspectos de dependencia económica o un enfoque en la explotación de recursos naturales. La asociación marroquí-china encarna una dimensión estratégica basada en la integración y el fortalecimiento del desarrollo de ambas partes, asegurando beneficios mutuos que reflejan la visión de desarrollo abierta de Marruecos y sus orientaciones hacia la diversificación de sus socios económicos.

En el ámbito comercial, las relaciones entre ambos países han experimentado un crecimiento notable durante la última década, con el volumen de intercambios alcanzando niveles sin precedentes, superando los 6 mil millones de dólares en 2023, convirtiendo a China en uno de los principales socios comerciales de Marruecos. China es el principal proveedor de productos industriales como maquinaria y equipos electrónicos que apoyan los sectores productivos en Marruecos, mientras que Marruecos exporta a China fosfatos y sus derivados, así como productos agrícolas y alimentarios que experimentan una creciente demanda en el mercado chino. Aunque el desequilibrio comercial está a favor de China, los intercambios comerciales entre ambos países reflejan una dinámica positiva a través de la cual Marruecos amplía sus oportunidades de exportación al firmar nuevos acuerdos para fomentar sus exportaciones hacia el vasto mercado chino.

En cuanto a inversiones, China ha consolidado su presencia en Marruecos a través de proyectos estratégicos que convierten al reino en una puerta de entrada hacia los mercados africanos. El proyecto de la ciudad «Tangier Tech» es uno de los símbolos principales de esta cooperación, buscando crear una zona industrial global con tecnologías avanzadas, proporcionando miles de empleos y reforzando la posición de Marruecos como centro regional en los campos de la manufactura y la innovación. China también ha invertido masivamente en el sector de infraestructura, incluyendo el desarrollo de puertos y autopistas, fortaleciendo así la posición de Marruecos como un hub logístico que conecta Europa y África.

Además, las inversiones chinas en Marruecos también han vivido una expansión notable en áreas vitales como la fabricación de baterías para automóviles eléctricos y el desarrollo de proyectos de trenes de alta velocidad. En junio de 2024, la empresa «Gotion High Tech» anunció una inversión de 1.3 mil millones de dólares para crear la primera gran fábrica de baterías en África, situada en Kénitra. Se espera que la fábrica comience a producir baterías y sus componentes esenciales, con una gran parte de la producción destinada a la exportación, así como proyectos destinados a aumentar su capacidad de producción y sus futuras inversiones para alcanzar los 6.5 mil millones de dólares.

En el ámbito ferroviario, las empresas chinas participan activamente en el desarrollo de proyectos de trenes de alta velocidad en Marruecos. Desde la firma de un protocolo de acuerdo entre la empresa china de ferrocarriles y la Oficina Nacional de Ferrocarriles de Marruecos en mayo de 2016, la cooperación se ha ampliado para incluir la transferencia de tecnologías, la formación del personal y la inversión conjunta. Esta cooperación se manifiesta en el proyecto de línea de alta velocidad que conecta Kénitra con Marrakech, donde empresas chinas han ganado varios contratos para realizar algunas partes de este proyecto.

Lo que distingue a la asociación marroquí-china es que se basa en principios de equilibrio y respeto mutuo. Marruecos, a través de sus estrategias de desarrollo alineadas con los objetivos del nuevo modelo de desarrollo, busca beneficiarse de la experiencia china en materia de manufactura y transferencia de tecnología, al tiempo que impone normas que garantizan el fortalecimiento de las capacidades locales y fomentan la inversión en sectores de interés nacional, como las energías renovables. El reino, que es un líder en África en el ámbito de la energía limpia, ha atraído inversiones chinas para respaldar proyectos de gran envergadura como el complejo solar «Noor Ouarzazate», lo que demuestra la capacidad de Marruecos para orientar estas inversiones hacia el logro de objetivos sostenibles que se alinean con su visión económica.

Además, esta asociación se distingue de otras asociaciones africanas con China gracias a la diversidad de las relaciones internacionales de Marruecos. A pesar de su acercamiento a China, Marruecos mantiene una amplia red de asociaciones económicas que incluyen la Unión Europea, Estados Unidos y los países del Golfo, lo que le confiere una mayor fuerza de negociación y lo hace menos vulnerable a los riesgos de dependencia. La diversificación de socios forma parte de la política económica marroquí que busca garantizar la independencia de las decisiones económicas y atraer inversiones multidimensionales que sirvan a las prioridades nacionales.

Asimismo, la cooperación marroquí-china se caracteriza por una visión común orientada a fortalecer las asociaciones Sur-Sur. China considera a Marruecos como una plataforma ideal para expandir su presencia en África, mientras que Marruecos se beneficia de las capacidades técnicas y financieras de China para apoyar sus grandes proyectos. Esta cooperación bilateral también contribuye a fortalecer la integración económica africana y respalda las iniciativas marroquíes destinadas a promover el comercio intraafricano, tales como la Zona de Libre Comercio Africana, convirtiendo así su papel en un elemento esencial en la formulación de un nuevo modelo de cooperación internacional.

La asociación económica entre Marruecos y China es un modelo a seguir en el continente africano. No se basa únicamente en la realización de intereses económicos comunes, sino que también busca crear una nueva dinámica centrada en el desarrollo sostenible y el respeto a la soberanía nacional. Esta relación, caracterizada por el equilibrio y la integración, confirma que Marruecos no es simplemente un receptor de inversiones, sino un socio activo que establece nuevos estándares para las asociaciones internacionales en África, reforzando así su posición como un actor clave en las relaciones económicas globales.

Conclusión

La cooperación con China representa una oportunidad histórica sin precedentes para África de provocar una transformación económica completa que redefina su posición en la economía mundial. Sin embargo, la realización de estos objetivos ambiciosos requiere una redefinición de la relación entre ambas partes sobre bases más equilibradas y sostenibles, teniendo en cuenta los desafíos derivados de los modelos anteriores y las lecciones aprendidas de los mismos.

Los países africanos deben trabajar para desarrollar asociaciones inteligentes centradas en la realización de intereses comunes, mientras colocan los intereses de sus poblaciones en la cima de prioridades, adoptando políticas y estrategias de desarrollo global que garanticen una inversión efectiva de las inversiones chinas con un impacto a largo plazo. El énfasis debe estar en el fortalecimiento de las capacidades locales en lugar de una dependencia excesiva de socios externos. Estas asociaciones también deben basarse en la claridad y la transparencia, donde los acuerdos estén sujetos a un control público y a la participación de la sociedad civil, para garantizar que los beneficios sean distribuidos de manera justa y sostenible.

Además, la cooperación con China representa una oportunidad para fortalecer un modelo de asociaciones Sur-Sur, basado en beneficios mutuos y un respeto recíproco, lejos de la dominación o dependencia económica, permitiendo que esta cooperación se convierta en un modelo inspirador para otros países en desarrollo, reforzando la idea de autonomía y cooperación entre los países en desarrollo para alcanzar sus objetivos de desarrollo comunes.

Sin embargo, la realización de esta visión requiere la elaboración de una estrategia de negociación sólida que garantice una maximización de los beneficios de la asociación con China, al tiempo que se abordan los desafíos relacionados con el endeudamiento, la transferencia de tecnologías y los impactos ambientales y sociales de los proyectos de inversión. Además, es importante orientar estas asociaciones hacia el apoyo a los sectores productivos, como la agricultura, la industria y las energías renovables, para contribuir a la construcción de economías diversificadas y capaces de afrontar los choques.

Al redefinir esta relación de una manera que tenga en cuenta los intereses de ambas partes y promueva el desarrollo sostenible, África puede transformar su cooperación con China en un verdadero apalancamiento para elevar sus economías y realizar sus ambiciones de desarrollo, convirtiendo esta asociación en un ejemplo notable en el trayecto de la cooperación internacional.

Traducido por: Gesthiola México.

 

Bibliografía

▪ El profesor francés Xavier Origan: Entrevista con el diario Al-Sharq Al-Awsat, fechada el 11 de septiembre de 2024.

▪ Informe del Centro africano de estudios estratégicos, titulado Previsiones sobre las relaciones entre África y China en 2025.

▪ Las cuestiones pendientes en la cooperación sino-africana: Amani El-Tawil en el sitio de Independent Arab, fechado el 11 de septiembre de 2024.

▪ El Royal Institute of International Affairs «Chatham House», documento de investigación titulado Responder a la crisis de la deuda en África y el papel de China, publicado el 15 de diciembre de 2022.

▪ Declaración final del Foro sobre la cooperación sino-africana 2024.

▪ Informe sobre el índice de inversión chino mundial de 2023, publicado por la unidad de investigación económica de The Economist.

 

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