La arquitectura colonial española en el Norte de Marruecos: Un maridaje o “Archimétissage”

Las fuentes de documentación para estudiar la arquitectura desplazada, exportada o trasplantada en un territorio como el norte de Marruecos presentan dificultades de todo tipo

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Rue20 Español/Fez

 

Mustafa Akalay Nasser*

 

La investigación sobre la arquitectura colonial como disciplina plantea numerosos problemas metodológicos tales como la definición geográfica y temporal de dicha arquitectura, la desaparición de buena parte de testigos o técnicos tales ingenieros, arquitectos, maestros de obras, urbanistas que fueron los autores responsables del Ensanche de Tetuán, la dificultad de acceso a las fuentes y archivos y por último su grado de conocimiento variable según cada una de las experiencias europeas llevadas en Marruecos.

 

En un libro colectivo sobre el conocimiento de la arquitectura europea de los siglos XIX-XX en diferentes territorios mediterráneos colonizados, el arquitecto marroquí Mohamed Chaoui, encargado de redactar el capítulo sobre la arquitectura colonial en Marruecos, habla de la arquitectura francesa, ignorando por completo la presencia arquitectónica española y no cita en su trabajo ningún autor o arquitecto español y ningun libro o artículo en castellano, siendo su escrito un trabajo dedicado exclusivamente a la arquitectura francesa en su zona de influencia en Marruecos, eliminando así de golpe y porrazo décadas de aventura arquitectónica en el Marruecos jalifiano.

 

Las fuentes de documentación para estudiar la arquitectura desplazada, exportada o trasplantada en un territorio como el norte de Marruecos presentan dificultades de todo tipo: Trabas administrativas, dispersión de fondos, extravío de planos y documentación técnica incompleta. Los expedientes consultados se encuentran esquilmados y los que había han desaparecido un día de manera extraña sin dejar rastro.

 

Foto de María A. Trujillo

 

El análisis de la arquitectura colonial española en Marruecos ha recibido hace dos décadas un impulso extraordinario gracias a la aparición de la gran y documentada obra arquitectura y urbanismo español en el norte de Marruecos, del historiador melillense Antonio Bravo Nieto, editada por la junta de Andalucía en el 2000 y que desde su publicación, se ha convertido en una referencia ineludible para todos aquellos estudiosos que se aventuran a investigar la labor urbana de España en el Marruecos Jalifiano. Además de este clásico sobre el urbanismo colonial hay que tener en cuenta el profundo y certero libro en el que participé sobre “La ciudad magrebí en tiempos coloniales (invención, conquista y transformación)” coordinado por José Antonio González Alcantud y editado por Anthropos en el 2008. Dicho volumen es el producto colectivo y depurado de un coloquio sobre la urbe colonial, celebrado en Fez en el 2004 donde varios autores abordan las acciones orientadas al control y la estructuración del territorio marroquí mediante la planificación y las obras públicas y describen las ciudades y su urbanismo, sus instituciones, sus modelos tanto para las medinas como los ensanches.

 

Los autores de este volumen le dan una importancia singular a Fez, pero también analizan otras fenomenologías sociales y culturales del urbanismo colonial en Argel, Alhucemas, Tetuán, Tánger, Sidi Ifni, y abordan temas transversales a las mismas como el papel de los interventores militares en la planificación urbana o la “bagdadización” de las culturas urbanas actuales del mundo árabe.

 

También contamos con una pionera monografía de los autores Julio Malo y Fernando Domínguez redactada entre 1989 y 1992: Tetuán: El Ensanche, guía de arquitectura 1913-1956, y centrada en la historia de la arquitectura colonial realizada en Tetuán por arquitectos y otros técnicos unos de prestigio otros anónimos.

 

El término arquitectura colonial recubre a menudo periodos que superan la fase del colonialismo y suele aplicarse a los edificios o inmuebles erigidos por los europeos en territorios colonizados. Es un hecho que la historia de los pueblos, que siempre se muestra tan exclusivista y tan nacional, nunca incide lo suficiente en los ámbitos compartidos, en esos capítulos escritos en común por pueblos diferentes, donde se narran momentos de convivencia y realizaciones ejecutadas en contextos de mestizaje.

 

Foto de María A. Trujillo

 

Según Marc Gossé: “Este mestizaje no es un simple sincretismo, una mezcla de varias formas culturales, un maridaje ecléctico: el mestizaje es creador de novedad a través de una cultura de la desaparición como muestra Serge Gruzinski en el pensamiento mestizo. Los mecanismos de este cruce son particularmente esclarecedores para la producción arquitectónica: mezclas, sustituciones, reutilizaciones, reactivaciones, desvíos, referencias… condenan cualquier idea de autonomía a favor de la idea de dependencia, de relación, de bisagra, de conexión entre los diferentes ámbitos y dimensiones de la arquitectura o de la ciudad. Esto es mestizaje arquitectónico, la construcción de una nueva identidad, abierta y relacionada, que se construye sin acordarse ni reproducir el pasado, como dice Françoise Choay: «Transformando nuestra relación pasiva y neurótica con el patrimonio en una dinámica y creativa que conduce, ya no al plagio estéril del pasado, sino a su continuación en nuevas formas”.

 

La arquitectura colonial –stricto sensu – comprende la construcción de edificios y conjuntos urbanos concebidos y realizados por una administración europea, en este caso la española en un territorio como el Norte de Marruecos y que los estudiosos suelen denominarla bajo los siguientes términos: arquitectura ecléctica, Historicista, cosmopolita, hibrida , modernista, mestiza o más bien arquitectura desplazada o exportada , se trata de una arquitectura formulada lejos de su territorio de origen.

 

La principal característica de la arquitectura española en el Marruecos Jalifiano vuelve a ser su diversidad, puesto que no podemos decir que exista un modelo formal único. Durante todo el periodo colonial que abarca casi un siglo, las experiencias arquitectónicas y constructivas fueron tan cambiantes y dispares en cuanto a pretensiones y logros que realmente no puede hablarse de una arquitectura colonial, sino de la exportación de diversas realizaciones arquitectónicas de morfología variada realizadas durante un periodo colonial. Algunas veces estas propuestas o actuaciones parecían tener en cuenta el país de destino, pero otras no.

 

La ciudad de Tetuán asiste, a finales del siglo XIX, a la construcción de una serie de edificios que muestran sus preferencias por la estética ecléctica que, realmente, contribuyeron a cambiar la fisonomía de sus calles. Gracias a ellos se consiguió dar a la urbe un aspecto de modernidad, acorde con una época de prosperidad económica que viene del surgimiento de una burguesía que permite acometer las obras y de la presencia de ingenieros, maestros de obra y arquitectos.

 

Foto de María A. Trujillo

 

Según el doctor en historia del arte Antonio Bravo Nieto “El eclecticismo es como una mancha de aceite que empapa la arquitectura española y por extensión la del Marruecos jalifiano, desde la segunda mitad del XIX hasta los años treinta, pues a partir de ella o contra ella surgen la mayor parte de las corrientes arquitectónicas de este período. Por tanto, podemos decir que España exporta el eclecticismo a Marruecos como una característica más de su arquitectura y que esta corriente no fue asumida conscientemente como un estilo colonial, en el sentido de fuera elaborada expresamente según las circunstancias del lugar de destino. Por esta razón los detractores del eclecticismo (Leopoldo Torres Balbas y Rodolfo Gil Benumeya) incidirían constantemente en el hecho de que estas arquitecturas no tuvieran en cuenta las especiales circunstancias del país, y que no pudieran sustentar ideológicamente su idoneidad en el protectorado; o, dicho de otro modo, se construyó en Marruecos de igual modo que se podría haber realizado en otras ciudades españolas”.

 

El problema de las relaciones conflictivas entre Modernidad y Tradición se remonta a los orígenes de la historia de la arquitectura Moderna, es decir, al primer Renacimiento cuando la arquitectura, adoptando la autonomía propia de una disciplina, se definió como Arte. A partir de este primer momento, la obra arquitectónica al igual que toda obra de arte se inserta en una historia de discontinuidad, de rupturas radicales con el pasado representado por la tradición y de proyecciones hacia un futuro más o menos utópico.

 

La historia de la arquitectura está jalonada por la vuelta a las fuentes “auténticas” de la arquitectura occidental. Los arquitectos del Movimiento Moderno también han asumido esta regla y han emprendido su cruzada contra la continuidad ecléctica del sistema de Bellas Artes en nombre de un “llamamiento al orden”, refiriéndose directamente a la pureza de los orígenes mediterráneos de la arquitectura. En realidad, lo que hacían era un llamamiento a dos tradiciones confundidas dentro de una misma continuidad cultural, las cuales reunían las cualidades básicas de simplicidad, regularidad y autenticidad que debían caracterizar a la nueva arquitectura.

 

Por un lado, la sabia tradición de las grandes obras maestras de la arquitectura griega y romana y por otro la tradición popular y artesanal de las arquitecturas vernáculas italiana, griega, española, árabe e amazigh. De este modo pasaban a formar parte de la larga historia de los viajes a Italia, España u Oriente que con el transcurso de los siglos iban aportando con regularidad intelectuales, artistas y arquitectos hacia las zonas ribereñas del Mediterráneo.

 

La razón y el propósito de los viajes era el mismo, pero la perspectiva era distinta. En este contexto conviene examinar las relaciones que mantienen, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, la arquitectura española con fuentes de inspiración árabe y bereber del norte de Marruecos. A simple vista se pueden distinguir tres posturas que, a pesar de estar enmarcadas en una cronología precisa, permanecerán plasmadas de forma notable a lo largo del siglo XIX-XX. La primera está relacionada con el exótico y pintoresco viaje de Antonio Gaudí a Marruecos que se remonta a 1892 tal como lo relata el periodista Domingo del Pino en lo que sigue: “A finales del siglo XIX, el Márquez de comillas, que también financió la construcción de las escuelas casa riera (marianistas) pidió al arquitecto Antoni Gaudí que proyectara una catedral para la misión franciscana de la ciudad. Gaudí llegó a Tánger en 1892 y después de recorrer el atlas marroquí para inspirarse de la arquitectura bereber, presentó un impresionante proyecto, si éste hubiera sido aceptado, la sagrada familia estaría hoy en Tánger y no en Barcelona”.

 

Gaudí describió la arquitectura mediterránea como una armonía de la luz, y su teoría no tiene reproche: ““… Con toda convicción dice Gaudí que nos vaya al norte a buscar el arte y la belleza; que éstas se encuentran en el Mediterráneo, de cuyas riberas: Egipto, Asiria, Grecia, España, Norte de África, han salido todas las obras de arte… La luz que alcanza la máxima perfección es la inclinada a 45º, la cual no incide sobre los cuerpos ni perpendicularmente ni horizontalmente y da la visión más exacta de los cuerpos. Esta luz es la mediterránea, cuyos pueblos son los verdaderos depositarios de la plasticidad, y ésta no existe ni en los pueblos del norte, que tienen luz triste horizontal, ni en los cálidos, donde es vertical…”

 

La peregrinación a Oriente fue la asignatura pendiente de todo creador de finales del siglo XIX, que “en mal d´exotisme” y en la búsqueda de nuevos horizontes, de nuevas sensaciones o de una nueva inspiración se desplazaba a este entorno geográfico llamado Oriente, y que según el intelectual palestino Edward Said está comprendido entre el Magreb y la India, es decir el mundo musulmán.

 

El Tetuán español no fue una excepción. Las huellas estilísticas inscritas y plasmadas en su espacio urbano y que dan forma a su arquitectura, reflejan todavía hoy las ambiciosas intenciones de los diferentes arquitectos y urbanistas españoles. España exporta o desplaza arquitectos que han conseguido que hasta hoy día haya edificios con firma española en todo el Norte de Marruecos. Los arquitectos e ingenieros españoles hicieron una ingente labor en el protectorado, tanto para el gobierno de turno como para particulares, destacaron mucho en Tetuán realizando grandes obras y edificaciones para viviendas de alquiler y unifamiliares.

 

La arquitectura realizada en la zona del protectorado ha seguido rumbos, muy distintos debido, por una parte, a la heterogeneidad de técnicos que en ella han intervenido sin espíritu de colaboración alguno, y, por otra parte, a las influencias que han ejercido las novedades exóticas de otro país. Puede decirse que la que ha obtenido resultados más acertados es la ejecutada en los edificios destinados a viviendas situados en los alrededores del casco urbano de Tetuán y en las huertas, en cuya concepción se ha seguido la inspiración de la tradición local o de su semejante, la que nos queda en España como hereditaria de la influencia del arte musulmán”.

 

Foto de María A. Trujillo

 

Paseando por El ensanche al estilo del “flâneur” de Walter Benjamin, el Tetuán español nos depara varios secretos arquitectónicos, en el caso que nos concierne, se puede asegurar que no hay un estilo único y si todo un conjunto de arquitectos con su propio estilo manifestado en la calidad de sus proyectos realizados en dicho espacio urbano. Los edificios públicos se distinguen por su excepción arquitectónica y su decorativa y simbólica suntuosidad, consolidando así el equilibrio del conjunto.

 

En calidad de capital del Protectorado, Tetuán fue dotada de prestigiosos edificios situados todos en este nuevo barrio: el Ayuntamiento, el Palacio de Justicia, Correos, Hacienda, Asuntos Indígenas. Hasta la guerra civil, la altura de los edificios estaba estrictamente controlada, y las construcciones no sobrepasaban tres o cuatro plantas. La jerarquía y las dimensiones de las vías crearon una fluida e inteligente estampa visual. Así, la anchura de las calles, que oscila entre 12 y 15 metros, corresponde perfectamente a los tres o cuatro niveles de edificios. Esta original composición produjo un estilo arquitectónico armonioso, bien proporcionado y sobre todo unificado, y una densidad volumétrica equilibrada, que revela las atenciones llevadas a la escena urbana, lo que contribuía a la belleza plástica de la arquitectura.

 

A pesar, a veces, de la simplicidad de las construcciones, cada edificio se inscribe dentro de una lógica de conjunto. El volumen, las proporciones, las formas y el decorado expresan la coherencia de los arquitectos. Ahí es donde reside el encanto de estas manzanas. Desde los años 20, Tetuán recobró los aspectos de una inmensa obra donde los constructores fueron experimentando diferentes corrientes de la arquitectura contemporánea. Una interesante y pintoresca variante del eclecticismo Tetuaní es la neo árabe, también conocida morisca, la arquitectura colonial fue relacionada con la arquitectura andalusí. Numerosos edificios del ensanche afloran en sus fachadas, el repertorio arquitectónico y ornamental arabizante. Para muchos arquitectos españoles, la funcionalidad (la jerarquía de las vías, la distribución de las diferentes actividades en el espacio de la ciudad, la zonificación) y la belleza de las formas emanaban de esa añoranza por lo musulmán: líneas, planos, volúmenes y ornamentación se inscribieron en los grandes edificios con la finalidad de evocar e interrogar a la tradición nazarí. El Tetuán español entre 1917 y 1956 destacó por la presencia en su suelo de varios estilos arquitectónicos dominantes tales como: la corriente arabizante, la corriente art-déco, la corriente neoherreriana y la corriente moderna.

 

*Mustafa Akalay Nasser: Urbanista y director de l’ Esmab UPF. Fez.

 

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