El estado del debate sobre la migración: Cuando fuimos inmigrantes

La España mestiza y multiétnica es hoy una realidad y desde esa diversidad, la actuación ha de estar marcada por la tolerancia y la convivencia democrática para cerrar definitivamente el paso a la lepenización de espíritus y discursos de odio al otro por parte de Vox que tiende a satanizar al indefenso inmigrante (un ser sin voz ni derecho al voto) y fomentar el miedo en la sociedad de acogida en un momento de recesión económica y pandemia.

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Rue20 Español/FEZ

 

Mustafa Akalay Nasser

 

“La doble ausencia. De las ilusiones del emigrado a los padecimientos del inmigrado”de Abdelmalek Sayad; el mismo título y subtítulo del libro escogidos por Pierre Bourdieu, muestran las dos caras que acompañan la migración y que, en muchas ocasiones, se pasan por alto, pero que Sayad siempre tiene presentes. A este respecto, dice el autor que «no se puede hacer la sociología de la inmigración sin esbozar, al mismo tiempo y de una vez, una sociología de la emigración; pues inmigración aquí y emigración allá son las dos caras indisociables de una misma realidad, que no pueden explicarse la una sin la otra» (p. 19). “Todo estudio de los fenómenos migratorios que descuide las condiciones de origen de los emigrados está condenado a no dar más que una visión a la vez parcial y etnocéntrica del fenómeno migratorio: como si, por una parte, su existencia comenzara en el momento en que llega a Francia, de manera que es al inmigrante —y sólo a él— y no al emigrado a quien se toma en cuenta; y, por otra parte, la problemática abordada explícita e implícitamente es siempre la de la adaptación a la sociedad de «acogida» (p. 56). Joan Lacomba.

 

 

Es fundamental y necesaria, que la sociedad española y por añadidura la europea, comprendan que las inmigraciones son algo natural y constante en la historia de las civilizaciones. Según los demógrafos e historiadores de la migración europea, se estimó que aproximadamente unos cincuenta millones de europeos entre 1850 y 1950 hicieron las Américas y incluso en momentos de necesidad de mano de obra para la reconstrucción de Europa después de la segunda guerra mundial.

 

Es esencial que la sociedad en general considere que la inmigración es un proceso traumático en el que el sujeto que emigra, pierde los referentes y se aleja de sus vínculos naturales y familiares y padece lo que se conoce por el  síndrome de Ulises:- (Un estrés crónico , múltiple , muy intenso,  que da lugar a desajustes psicológicos tales como graves depresiones que pueden conducir al suicidio, conductas agresivas , ansiedad, y desajustes fisiológicos tales como dolores gástricos e intestinales)- Un proceso por el que la persona que abandona su tierra y familia lo hace motivado por la necesidad y la búsqueda de una vida mejor tanto económica como socialmente tal y como lo vivieron muchos españoles cuando emigraron a países de Europa, América y Norte de África, y que aún emigran hoy a Francia[1].

 

 

En palabras del sociólogo bearnés Pierre Bourdieu: “El inmigrante está visto como un atopos, es decir, un sin lugar(desplazado), un desterrado, un inclasificable, ni es ciudadano ni es extranjero, ni está al lado de sí mismo ni al lado del otro, está fuera de si, se ubica en ese espacio bastardo del cual habló platón, es decir, esa frontera del ser y del no ser social; desterrado en el sentido de impertinente e intruso, latoso, molesto, estorbo, que genera dificultades y molestias, hasta tal punto que la ciencia encuentra dificultades en pensar la inmigración, y cae siempre  sin saberlo tomando los tópicos del discurso oficial que reproduce muchas veces un discurso criminalizador y xenófobo. Generalmente este discurso racista explota la idea de rechazo al extranjero mediante una falsa ecuación que identifica inmigración con desempleo, delincuencia, e inseguridad ciudadana.

 

Según Abdelmalek Sayad, doblemente rechazado en su sociedad de origen y en la de acogida, nos obliga a replantear por completo los fundamentos de la ciudadanía y la relación entre el ciudadano y el estado. La nación o la nacionalidad. Doblemente ausente del lugar de origen y del lugar de acogida, nos lleva a poner en tela de juicio no solamente las actitudes de rechazo tomando al estado como expresión de la nación. Dicho rechazo pretende fundar la ciudadanía sobre la comunidad de la lengua y cultura basándose sobre la falsa generosidad asimiladora por vía de la educación que tiene el estado al fabricar la nación, y esconder un chauvinismo universal.

 

El inmigrante en la tierra del exilio no es más que una persona desarraigada, despojada de toda ubicación en el espacio social y sin sitio en los censos de población y en las estadísticas, por ejemplo, en las encuestas de población activa, la inmigración es un asunto de estado o, mejor dicho, un pensamiento de estado. El estado y el inmigrante se observan, ya que uno dicta la legalidad   y el otro la sortea. sin embargo, saben mutuamente de su existencia nadie puede explicarse por ejemplo como en Estados Unidos uno de los países con una presión migratoria más fuerte, y con un control social y policial más estrecho, los <<ilegales>> estén omnipresentes en la vida diaria y a la vez vivan en situaciones de invisibilidad. La visibilidad la otorga ahí la posición mítica de la green card (permiso de residencia) y el correspondiente número de la seguridad social.

 

El sociólogo de la inmigración Abdelmalek sayad habla de una cierta <urbanidad> que debe desarrollar el inmigrante: debe de hacer una demostración de capacidad de adecuación y de adaptación, sufrir una transformación interior, adoptar una especie de actitud ZEN ante un destino que él no puede controlar. Cuando el inmigrante se visibiliza lo hace de forma política, consigue hacerse visible, en primer lugar, como tejido asociativo capaz de formular reclamaciones al estado y a la sociedad de acogida en la que se inserta. La visibilidad del inmigrante es fundamentalmente política, aunque sus problemas se presentan bajo la forma de reivindicaciones sociales o culturales, su fin último es conseguir ser reconocido como parte de la ciudadanía ejerciendo sus derechos colectivos y democráticos…”[2]

 

Es prioritario que la sociedad de acogida perciba que los inmigrantes son ya una necesidad estructural que genera riqueza económica y cultural, que contribuyen con sus impuestos al estado del bienestar y al desarrollo de sus sociedades de origen gracias a las transferencias de divisas que envían a sus familias para que estas puedan vivir dignamente. La meta es emigrar considerando esto último como un planteamiento o proyecto familiar y que sirve muchas veces como ayuda al desarrollo al país de origen.

 

“La inmigración lejos de ser un problema de orden público, es y debe ser una gran fuerza social de progreso y democracia que impulse en la ciudadanía el pluralismo, la interculturalidad, y los valores de tolerancia y solidaridad. Para que esto suceda, es importante neutralizar y tener en cuenta los prejuicios negativos como aquellos que identifican inmigración con desempleo, con delincuencia, o reduccionismos primarios como los que deducen que de la responsabilidad en el conflicto Norte-Sur ha de derivarse una política de puertas abiertas. En el primer caso, de no neutralizarse el prejuicio negativo, esto supondrá el crecimiento del racismo, xenofobia, antisemitismo, y otras actitudes de intolerancia, que implican la discriminación  en el terreno laboral, fomento de organizaciones políticas de signo racista, e incluso el brote de hechos y conductas criminales de naturaleza xenófoba; y, en cuanto al segundo caso, el  reduccionismo primario ve a la inmigración como el origen de los problemas que a veces acechan a la sociedad de acogida , por ejemplo el elevado índice de paro laboral, con lo cual se provocan resultados completamente contradictorios con el perseguido”.[3]

 

La España mestiza y multiétnica es hoy una realidad y desde esa diversidad, la actuación ha de estar marcada por la tolerancia y la convivencia democrática para cerrar definitivamente el paso a la lepenización de espíritus y discursos de odio al otro por parte de Vox que tiende a satanizar al indefenso inmigrante (un ser sin voz ni derecho al voto) y fomentar el miedo en la sociedad de acogida en un momento de recesión económica y pandemia. En El Ejido, la fuerza más votada ha sido VOX, con casi el 30%., cuyo programa es claramente racista y xenófobo. ¡Qué contraste! ¡Qué de vueltas da el mundo! Me consuelo diciéndome que, por supuesto, que con un sistema político fallido como el europeo no estamos inmunes o exentos de una posible victoria fascista. (Alice Diop).

 

 

 

Mustafa Akalay Nasser es Director de la Escuela Superior de Oficios de la Arquitectura y Construccion (Esmab) en la Universidad Privada de Fez (UPF).

 

Referencias:

 

[1]“La realidad social ofrece a veces paradojas crueles, en su inmensa mayoría los vendimiadores españoles en Francia proceden de las zonas españolas que acogen a mayor número de temporeros del campo: Andalucía, comunidad de Valencia y Murcia” “. (J. Pernau Opus mei: vendimiadores en Francia. El semanal, 2001.Pág. 58)

 

[2]Abdelmalek Sayad: “La doble ausencia. De las ilusiones del emigrado a los padecimientos del inmigrado” editorial Anthropos 1999.

 

[3]Esteban Ibarra, inmigración y xenofobia, revista de debate político, temas, junio de 1998 Nº 43, pág. 25.

 

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