El millón de ovejas que acabó retratando al régimen argelino

 

Rue20 Español/Rabat

La importación de un millón de ovejas para el Eid al-Adha debía ser la solución excepcional del régimen argelino para contener los precios y proteger el poder adquisitivo de sus ciudadanos. Ha terminado convertida en el mayor escándalo de corrupción con fondos públicos del año, y en un ejemplo perfecto del modus operandi sistémico que asfixia la economía argelina mientras sus gobernantes prometen transparencia.

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Según recogen medios locales, el fiscal general de la Corte de Argel, Mohamed Kamel Ben Boudiaf, ha confirmado lo que muchos ya sospechaban: 41 personas imputadas, 13 en prisión preventiva y 28 bajo control judicial por delitos de abuso de funciones, tráfico de influencias, malversación de fondos públicos y blanqueo de capitales. Entre los investigados figuran directivos de la empresa pública Alviar, responsables financieros, contables, comerciales y veterinarios, además de proveedores y operadores económicos. El propio presidente Tebboune ordenó la investigación a principios de junio.

La operación, ejecutada entre el 25 de marzo y el 29 de mayo de 2026, implicó la importación de 1.002.332 ovejas. Pero el procedimiento de contratación fue un verdadero manual de cómo burlar la ley: el marco inicial preveía una licitación internacional competitiva, pero fue abandonado en pleno proceso para recurrir a adjudicaciones directas a un círculo cerrado de cuatro operadores privados que se llevaron 700.000 cabezas, más del 70% del total.

Los precios de compra oscilaron entre 5,35 y 6 euros por kilogramo, pero lo más grave es la sospecha de falsificación de actas con fechas retroactivas para simular la legalidad de unos procedimientos que nunca existieron. Y como colofón, el transporte aéreo de 400 ovejas desde Hungría hasta el aeropuerto de Constantina, con un coste de hasta 900 euros por cabeza. Un derroche que solo beneficia a unos pocos, mientras el Estado argelino asume la factura.

El capítulo sanitario es, si cabe, aún más indignante. La inspectora veterinaria del puerto de Bugía alertó por escrito al director general de los Servicios Veterinarios del Ministerio de Agricultura sobre la presencia de síntomas clínicos reveladores de enfermedades contagiosas antes incluso de descargar la mercancía. Lejos de paralizar la operación, el director general envió una comisión de tres veterinarios, dos de los cuales carecían de la cualificación requerida.

El resultado: 3.615 ovejas muertas, 10.727 sacrificadas por motivos sanitarios y miles retenidas. Y lo que es peor, la Asociación Argelina de Protección del Consumidor (APOCE) ha denunciado que numerosas familias compraron animales enfermos que murieron o quedaron inservibles el mismo día del Eid.

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Este escándalo no es un caso aislado. Es la enésima manifestación de un sistema que ya hemos visto en los sectores del automóvil, las infraestructuras, la energía y la alimentación: crisis de producción nacional, importaciones urgentes, contratos sin competencia, sobrecostes, fallos sanitarios e investigaciones judiciales que rara vez acaban en condenas efectivas.

Recordemos las condenas a los exprimeros ministros Ahmed Ouyahia (15 años) y Abdelmalek Sellal (12 años) por el escándalo de las plantas de ensamblaje de vehículos, con pérdidas estimadas en 1.000 millones de dólares. O los procesos contra los empresarios Ali Haddad, Mohieddine Tahkout y los hermanos Kouninef. En 2023, Tebboune anunció la recuperación de bienes y fondos por más de 30.000 millones de dólares, pero jamás se ha presentado una auditoría independiente que verifique esa cifra.

Mientras tanto, la economía argelina se desangra. El Índice de Percepción de la Corrupción de Transparency International sitúa a Argelia en 34 puntos sobre 100, en el puesto 109 de 182 países. El déficit presupuestario alcanza el 13,8% del PIB y el déficit por cuenta corriente supera los 10.500 millones de dólares. La diferencia entre el tipo de cambio oficial del dólar y el del mercado paralelo ronda el 75% . Cifras que hablan de un país que gasta lo que no tiene para alimentar un sistema clientelar que se alimenta de sí mismo.

Argelia necesita reformas profundas en las normas de gasto público, contratación y control. Pero mientras el fraude se institucionalice como mecanismo de funcionamiento del Estado, mientras los procedimientos competitivos se sustituyan por adjudicaciones a dedo y mientras la salud de los ciudadanos se sacrifique en el altar de los negocios de unos pocos, el país seguirá atrapado en este círculo vicioso de corrupción y decadencia.

 

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