Rue20 Español/Rabat
Lo que durante décadas fue un orgullo del agro marroquí —la capacidad de abastecer con cebolla de calidad a los mercados de África Occidental— se ha convertido en la temporada 2025/2026 en un espejo de las fragilidades del sector hortícola del Reino. Según datos publicados por el portal especializado EastFruit, Marruecos importó entre julio de 2025 y abril de 2026 21.600 toneladas de cebolla fresca por un valor de 9,4 millones de dólares, una cifra que multiplica por ocho las importaciones de la campaña anterior y que supera en 2,5 veces el anterior récord, establecido en la temporada 2015/2016.
El movimiento, que comenzó de forma moderada en enero con apenas 500 toneladas, se disparó en abril hasta superar las 14.500 toneladas en un solo mes. En paralelo, las exportaciones marroquíes se desplomaron: entre enero y abril de 2026, el Reino apenas envió al exterior 2.700 toneladas, lo que supone un volumen 7,7 veces inferior al de las importaciones en el mismo período. Marruecos ha pasado así de ser un proveedor histórico de los mercados de África Occidental a convertirse en importador neto, una situación que, según EastFruit, «ilustra cómo los desafíos de producción y almacenamiento pueden alterar los flujos comerciales».
Ante el vacío dejado por la producción local, los proveedores europeos han ocupado rápidamente el espacio. Países Bajos concentra más del 60% de los envíos, seguido de España, con aproximadamente un tercio del volumen importado, y Francia, que aporta cerca del 5%. Bélgica y Egipto completan el cuadro con cantidades marginales.
Omar Elguissi, comerciante del mercado mayorista de Casablanca e importador de productos agrícolas, explica a FreshPlaza que «la importación de cebollas de Países Bajos se da todos los años, pero este año Marruecos ha importado muchas más cebollas holandesas de lo habitual, algo que puede atribuirse a la escasez y también a los precios favorables de las cebollas de Países Bajos este año». Elguissi advierte además que «los indicadores de la producción local siguen apuntando a un déficit, por lo que tendremos que seguir importando» más allá del período habitual de escasez, que normalmente se extiende de enero a marzo.
El origen de esta situación no es casual. EastFruit señala una combinación de factores climáticos y económicos. Las condiciones meteorológicas adversas afectaron duramente a las principales cuencas productoras —Tamehdit, Fez y Meknés—, reduciendo tanto los rendimientos como la calidad de las cosechas. Elguissi confirma que «las inclemencias meteorológicas han afectado a la región de Tamehdit y a las cuencas de Fez y Meknés en general, que son orígenes importantes de cebollas para el mercado local marroquí».
Pero el problema va más allá de la climatología. A pesar del desplome de la producción, las cebollas de mayor calidad siguieron siendo exportadas a África Occidental, lo que agotó aún más las existencias disponibles para el mercado nacional. A ello se suman las limitaciones de las infraestructuras de almacenamiento y de la cadena de frío, insuficientes para constituir reservas que cubran la segunda mitad de la campaña, así como las elevadas pérdidas poscosecha.
El resultado es una escasez de oferta que ha llevado los precios mayoristas y minoristas a niveles históricos, forzando al Reino a recurrir a las importaciones como mecanismo de estabilización del mercado.
La crisis de la cebolla no es un caso aislado. El sector hortícola marroquí muestra signos de volatilidad creciente que están alterando los flujos comerciales tradicionales del Reino. Las exportaciones de fresa fresca, según EastFruit, han caído a su nivel más bajo en seis años, con solo 8.700 toneladas enviadas entre octubre de 2025 y abril de 2026, la mitad del volumen exportado en el mismo período de la campaña anterior.
Detrás de este desplome se esconden factores similares: la sequía prolongada que ha reducido los niveles freáticos, la competencia de Egipto con precios más bajos, la escasez de mano de obra y las condiciones meteorológicas adversas que retrasaron la maduración. El sector de la fresa, que llegó a generar 238 millones de dólares en la campaña 2024/2025 —casi seis veces más que el año anterior—, ejemplifica la montaña rusa a la que se enfrenta la agricultura marroquí en un contexto de cambio climático y competencia global.
La pregunta que planea sobre el sector es si este récord de importaciones responde a una anomalía puntual o si, por el contrario, anuncia una transformación estructural del comercio hortícola marroquí. EastFruit sugiere que la campaña actual «podría marcar un punto de inflexión para el sector de la cebolla en Marruecos», poniendo sobre la mesa «cuestiones relacionadas con la resiliencia de la producción, el almacenamiento agrícola y la seguridad del abastecimiento del mercado nacional frente a los imprevistos».
Lo que está en juego no es solo la cebolla. La dependencia creciente de las importaciones para cubrir el déficit de productos básicos —un fenómeno que ya se ha observado con los cereales— amenaza con reconfigurar la balanza comercial agroalimentaria del Reino y con exponer a los consumidores marroquíes a la volatilidad de los precios internacionales.
Por ahora, los agricultores de Tamehdit, Fez y Mequinez esperan que las lluvias del próximo otoño permitan recuperar los rendimientos perdidos. Pero mientras las infraestructuras de almacenamiento y la cadena de frío sigan siendo insuficientes, y mientras la producción de calidad continúe fluyendo hacia los mercados de exportación, el fantasma de la escasez seguirá acechando los mercados marroquíes. Y con él, la necesidad de recurrir a proveedores europeos para poner cebolla en la mesa de los hogares del Reino.
