Ouahbi reconoce la superioridad de Francia y reivindica el camino de Marruecos

 

Rue20 Español/ Fez

Meryem Ghoua

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El silbato final en el Gillette Stadium no solo significó la eliminación de Marruecos en los cuartos de final del Mundial, sino también el momento de hacer una lectura fría y honesta del partido. Y Mohamed Ouahbi, fiel a su estilo directo, no se anduvo con rodeos en la sala de prensa: ante una Francia arrolladora, los Leones del Atlas no pudieron desplegar su habitual vorágine porque el rival se lo impidió con creces.

Lejos de buscar justificaciones estériles, el seleccionador nacional ofreció una lección de realismo táctico. «¿Por qué defendimos desde el principio? Ellos nos obligaron a defender porque eran muy buenos con el balón y se movían bien por las bandas», explicó Ouahbi, desmontando cualquier crítica a un planteamiento defensivo que no fue tal, sino una respuesta forzosa a la superioridad gala en el juego asociativo. El técnico fue contundente al reconocer la jerarquía del rival: «No fuimos nosotros quienes elegimos retroceder, y debemos admitir que fueron mejores y más rápidos que nosotros». Una declaración que duele, pero que engrandece el proyecto marroquí al asumir sin complejos el escalón que aún falta por subir.

En el capítulo arbitral, Ouahbi demostró una mesura ejemplar. Cuando los periodistas le preguntaron por el posible toque de mano de Adrien Rabiot en la jugada que derivó en el primer gol francés, el técnico prefirió esquivar la polémica con una prudencia inusual en el fútbol moderno. «Hubo una mano, pero no vi bien la jugada, así que no hablaré mucho al respecto», zanjó. Un gesto de grandeza que evita victimizaciones y pone el foco en lo realmente importante: el juego de área a área, donde los galos fueron más efectivos.

Las bajas en el once titular fueron otro de los temas candentes, pero Ouahbi se negó rotundamente a refugiarse en la enfermería. Con la entereza de un líder que asume toda la responsabilidad, sentenció: «Cuando pierdes jugadores fundamentales, la situación no es fácil, pero no buscaré excusas por las lesiones». Esta declaración, lejos de ser una rendición, es un mensaje claro a la afición y a la Federación: el éxito de Marruecos no puede depender de unos pocos, y el trabajo en la cantera y en el fondo de armario debe ser incesante.

Más allá del 2-0 en el marcador, Ouahbi quiso poner en valor todo el camino recorrido. El técnico recordó el desgaste acumulado de una temporada infernal y el esfuerzo titánico de sus jugadores para llegar hasta esta ronda. «Ha sido una temporada dura, y los jugadores han disputado muchos partidos. Estamos orgullosos de lo que hemos logrado y tristes por la derrota, pero hay que aceptarlo», afirmó con la cabeza erguida.

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Marruecos cae ante el vigente campeón, pero lo hace con la dignidad de quien ha peleado cada balón y con la certeza de que el sueño no ha muerto, sino que se transforma. Esta eliminación es un nuevo cimiento sobre el que seguir edificando el legado de los Leones del Atlas. Ouahbi y los suyos se despiden de Estados Unidos con el aplauso merecido, sabedores de que el fútbol marroquí ya no pide permiso para competir al más alto nivel; exige respeto, y lo ha conseguido. Ahora, el horizonte de 2030 (con Marruecos como anfitrión junto a España y Portugal) se dibuja como el gran objetivo de una generación que aún tiene mucho que rugir.

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