España teme que Trump favorezca a Marruecos en la carrera por la final del Mundial 2030

 

Rue20 Español/ Fez

Meryem Ghoua

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La candidatura marroquí para acoger la final de la Copa del Mundo 2030 gana terreno en medio de un ambiente de nerviosismo creciente dentro del fútbol español, después de que trascendieran informaciones sobre una supuesta inclinación del presidente estadounidense, Donald Trump, hacia el Reino como sede del partido decisivo.

El torneo, que por primera vez en su historia se disputará en tres continentes con partidos inaugurales en Uruguay, Argentina y Paraguay antes de trasladarse al eje formado por Marruecos, España y Portugal, aún no tiene definida la ciudad ni el estadio donde se jugará la gran final. Y es precisamente esa incógnita la que ha desatado una ofensiva diplomática y mediática en Madrid.

De acuerdo con el programa El Partidazo de COPE, el periodista Juanma Castaño reveló que dentro de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) existe, en sus palabras, «un temor creciente, basado en información contrastada», de que la final termine disputándose en suelo marroquí.

Castaño fue más allá al señalar que Trump estaría presionando «de manera clarísima» a favor de Marruecos, país al que considera un socio estratégico de Washington, mientras que, según el propio periodista, el mandatario estadounidense mantendría cierta «animadversión» hacia España.

Esta versión coincide con informaciones publicadas meses atrás por medios como Vozpópuli, que ya alertaban de una relación cada vez más estrecha entre Rabat y Washington, reforzada por preparativos de una cumbre bilateral en materia de cooperación militar y por el creciente interés de fondos de inversión estadounidenses en la economía marroquí

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La gran baza de Marruecos es el Gran Estadio Hassan II, actualmente en construcción en Casablanca, que contará con una capacidad cercana a los 115.000 espectadores y se perfila como uno de los recintos deportivos más grandes del planeta.

Frente a esta apuesta, España confía en el renovado Santiago Bernabéu y en el Spotify Camp Nou, cuyas obras de modernización forman parte de un plan de inversión que, según cifras manejadas por la prensa española, rondaría los 2.500 millones de euros destinados a distintas sedes del Mundial.

El propio presidente de la RFEF, Rafael Louzán, había asegurado meses atrás, durante una gala de la Asociación de la Prensa Deportiva de Madrid, que «España va a ser la que lidere también ese Mundial de 2030» y que en su territorio «se celebrará precisamente la final de esa Copa del Mundo, la del centenario».

Sin embargo, esa misma fuente reconoció después la necesidad de mayor respaldo institucional, al señalar que «en Marruecos manda uno solo y aquí mandamos bastantes», una frase interpretada como un reconocimiento implícito de la capacidad de gestión y de la agilidad con que Rabat ha impulsado su candidatura.

La discusión sobre la final de 2030 no puede desligarse de un episodio reciente que ha sacudido a la FIFA durante el propio Mundial 2026: la intervención directa de Trump ante el presidente del organismo, Gianni Infantino, para lograr que se levantara una sanción disciplinaria al jugador estadounidense Folarin Balogun, expulsado en los dieciseisavos de final frente a Bosnia y Herzegovina.

Medios como The New York Times, El País, AP y AFP confirmaron esa llamada, un hecho sin precedentes en más de sesenta años de historia del torneo, comparable únicamente con la retirada de una sanción a Garrincha en el Mundial de 1962, cuando Brasil era el país anfitrión.

Ese antecedente ha reforzado, en la interpretación de varios analistas, la percepción de que la estrecha relación personal entre Trump e Infantino podría inclinar también la balanza en la designación de sedes para 2030, en un contexto en el que Washington parece decidido a proyectar su influencia sobre decisiones futbolísticas de gran calado.

Hasta el momento, la FIFA no ha confirmado ni ciudad ni estadio para la final. Mientras España sigue apostando por Madrid o Barcelona, Marruecos continúa consolidando su candidatura con el megaproyecto de Casablanca como emblema, en un pulso que combina intereses deportivos, económicos y geopolíticos, y que mantiene en vilo tanto a la RFEF como a la afición de todo el continente africano, expectante ante la posibilidad histórica de que el partido más importante del fútbol mundial se juegue por primera vez en suelo marroquí.

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