Rue20 Español/Rabat
El NRG Stadium vivió una noche de julio que quedará grabada en la memoria del fútbol africano. Mientras Estados Unidos celebraba su Día de la Independencia con fuegos artificiales, Marruecos encendió los suyos sobre el césped.
Los Leones del Atlas no solo derrotaron a Canadá por 3 a 0 para avanzar a los cuartos de final de la Copa del Mundo 2026; exhibieron, una vez más, que detrás de cada gambeta, de cada pase preciso y de cada celebración, hay una estructura pensada a largo plazo, una apuesta que Su Majestad el Rey Mohammed VI puso sobre la mesa hace casi dos décadas.
El autor de la fiesta fue, en buena medida, Azzedine Ounahi. El mediocampista de 26 años, nacido en Casablanca y formado en la cantera de Raja Club Athletic antes de pasar por la Academia Mohammed VI de Fútbol, firmó un doblete que desarmó a la selección anfitriona. Fue su respuesta más contundente en un torneo donde ya había deslumbrado al mundo en Catar 2022, cuando el entonces seleccionador de España, Luis Enrique, se preguntó públicamente: «Dios mío, ¿de dónde ha salido este chico?».
Pero Ounahi no salió de la nada. Salió de Salé. Salió de un proyecto que el monarca impulsó con una inversión superior a los 80 millones de euros y que hoy es considerado uno de los centros de formación más respetados del continente. Esa es la tesis que Mohamed Ouahbi, seleccionador nacional, defendió con vehemencia en la sala de prensa del estadio texano, minutos después de que el árbitro inglés Michael Oliver pitara el final del encuentro.
Ouahbi, un marroquí de 49 años nacido en Schaerbeek que asumió el banquillo en marzo de este mismo año tras conquistar el Mundial Sub-20 de 2025 con los Cachorros del Atlas, no ocultó su emoción. «Estoy en buena posición para hablar de ello. He ganado el Mundial sub-20 con muchos jugadores procedentes de esta Academia. Estamos muy orgullosos de los productos puros de esta cantera», afirmó el técnico, quien antes de dirigir a la absoluta pasó cerca de diecisiete años en las divisiones formativas del Anderlecht belga.
La conexión entre el seleccionador y su estrella del mediocampo es, en realidad, una historia de círculos que se cierran. Ouahbi no tuvo carrera como futbolista profesional; su camino fue el de la pedagogía y el entrenamiento. Ounahi, en cambio, llegó a la élite tras perfeccionar su técnica en la Academia Mohammed VI entre 2015 y 2018, antes de dar el salto al Estrasburgo francés y recorrer después una trayectoria que lo llevó de Angers a Marsella, de un préstamo al Panathinaikos griego hasta su actual club, el Girona español. Hoy, ambos representan dos caras de una misma moneda: la apuesta marroquí por construir, desde la base, una cultura de victoria que ya no admite excusas.
«Las actuaciones registradas desde hace años por el fútbol marroquí son fruto de la Visión esclarecida de Su Majestad el Rey Mohammed VI, quien no ha dejado de prestar un interés particular al sector del deporte, especialmente al fútbol», subrayó Ouahbi. Y añadió, señalando al autor de los dos goles de la noche: «Hoy, Azzedine Ounahi es una de sus ilustraciones más elocuentes. Antes que él, otros jugadores se han destacado y, sin duda, surgirán otros talentos».
El técnico no exageraba. La lista de egresados de la Academia Mohammed VI que hoy visten la camiseta de los Leones del Atlas es extensa y de peso: Nayef Aguerd, Youssef En-Nesyri, Oussama Targhalline y Abdelhamid Aït Boudlal, entre otros, comparten la misma cuna futbolística. Según datos de la propia institución, de los 57 jugadores que pasaron por la academia durante la primera etapa de su director técnico inaugural, Nasser Larguet, 47 se convirtieron en profesionales y quince dieron el salto al fútbol europeo.
El triunfo ante Canadá no fue un simple trámite. Los canadienses, dirigidos por el estadounidense Jesse Marsch, llegaban como una de las revelaciones del torneo, habiendo superado por primera vez en su historia la fase de grupos de un Mundial. En dieciseisavos de final habían eliminado a Sudáfrica con un gol agónico de Stephen Eustáquio. Su ilusión duró exactamente cincuenta minutos en Houston, cuando Ounahi abrió el marcador. A partir de allí, el dominio marroquí fue absoluto.
Para Marruecos, este cuarto de final —donde se medirá a Francia— representa la confirmación de que el sueño de Catar 2022, cuando se convirtieron en la primera selección africana en alcanzar una semifinal mundialista, no fue un espejismo. Es la séptima participación de los Leones del Atlas en una Copa del Mundo y la tercera consecutiva, pero nunca antes el país había tenido una estructura tan sólida detrás de sus logros.
Ouahbi lo sabe. Por eso, cuando habla de Ounahi, no habla solo de un futbolista. Habla de un modelo. «Un producto puro de la Academia Mohammed VI de Fútbol», definió. Y esa pureza, esa identidad que hoy reconocen hasta los rivales más exigentes, es quizás el gol más importante que Marruecos ha marcado en este Mundial: el de demostrar que el futuro del fútbol africano ya no depende del azar, sino de la visión.
