Rue20 Español/Madrid
El Abbas Tahri Joutey Hassani
El siniestro, iniciado en La Bisbal d’Empordà, obliga a mantener confinados a miles de vecinos en plena temporada alta; la comunidad marroquí residente en Cataluña y los visitantes del Reino en la zona siguen la evolución con especial atención.
La segunda jornada del incendio en el corazón de la Costa Brava deja una estela de más de 2.300 hectáreas transformadas en ceniza y una nueva dimensión de riesgo: las llamas han rozado de lleno el tejido urbano. Este sábado, el fuego originado cerca de La Bisbal d’Empordà (Girona) sigue activo tras haber alcanzado la urbanización Cabanyes de Calonge, donde al menos una vivienda ha quedado destruida y varias más han sufrido daños en zonas exteriores. La emergencia mantiene confinados a vecinos de una docena de municipios y ha obligado a cientos de personas a pasar la noche en instalaciones habilitadas como refugio, según varios medios españoles.
El salto del incendio desde el macizo forestal de Les Gavarres —ahora cerrado al público por orden de las autoridades catalanas— hasta una zona residencial cambia por completo la lectura del episodio. Ya no se trata únicamente de una pérdida ecológica, sino de una amenaza directa sobre el hábitat y la economía turística de una de las costas más visitadas del Mediterráneo. Entre los afectados por el confinamiento se encuentran localidades de alto atractivo veraniego como Platja d’Aro, S’Agaró y Castell d’Aro, donde cada año desembarcan miles de turistas, incluidos numerosos ciudadanos marroquíes residentes en Europa y viajeros del Reino que eligen la Costa Brava como destino estival.
En el interior del perímetro de seguridad, la noche ha sido larga. Un centenar de personas aproximadamente han dormido en el Pabellón Municipal de Calonge, habilitado como albergue provisional, mientras que otros colectivos vulnerables —entre ellos, un grupo de 150 menores que participaban en una colonia en la zona de Romanyà— han sido confinados bajo supervisión de los equipos de emergencia. La subdirectora de Protecció Civil, Imma Solé, ha confirmado que todos se encuentran a salvo y ha pedido a la población que evite desplazamientos innecesarios hacia la zona para no entorpecer el trabajo de los cuerpos de extinción.
La investigación sobre el origen del siniestro apunta a una causa humana directa. Los Mossos d’Esquadra han detenido a un operario que, presuntamente, utilizaba una sierra radial en el margen de una carretera cuando el territorio se encontraba en nivel de alerta máxima por riesgo de incendio. El jefe de los Bombers de Girona, David Borrell, ha explicado que ese día no se autorizaba el uso de ese tipo de herramientas en zonas forestales por la activación del plan Alfa en su fase más restrictiva. La conjunción de esa chispa inicial con la tramontana, la marinada y las altas temperaturas ha convertido un foco menor en un frente incontrolable en cuestión de horas.
Frente a la magnitud del siniestro, el presidente del Govern catalán, Salvador Illa, ha solicitado el despliegue de la Unidad Militar de Emergencias (UME), que ha enviado a la zona 200 efectivos y 60 vehículos para reforzar las 64 dotaciones de bomberos ya operativas. El objetivo prioritario de la mañana de este sábado es estabilizar el perímetro antes de que las ráfagas de viento previstas para las próximas horas reactiven los focos secundarios. Hasta el momento, no se han registrado heridos graves ni víctimas mortales.
Más allá de la frontera española, la imagen de las llamas devorando el macizo de Les Gavarres resuena con particular intensidad en el norte de Marruecos. Los incendios que en los últimos veranos han asolado provincias como Tetuán, Larache o Chauen —dejando en 2022 cientos de hectáreas calcinadas en el Rif— convierten a este episodio en un reflejo dolorosamente familiar para las autoridades y la sociedad marroquíes. Ambas orillas del Mediterráneo comparten un mismo calendario de riesgo: la sequía estival, la vegetación resinosa y el viento cambiante dibujan un escenario casi idéntico que exige protocolos de cooperación transfronteriza en materia de prevención y respuesta civil.
La comunidad marroquí establecida en Cataluña, una de las más numerosas de España, sigue la evolución del fuego con la tensión de quien reconoce en el humo de Les Gavarres el mismo olor que en otros veranos ha llegado desde los bosques del Bocoya o de la cork oak del noroeste del Reino.
Con el parque natural de Les Gavarres convertido en un paisaje de brasas y el viento manteniendo en vilo a los equipos de extinción, la jornada de este sábado será decisiva. La prioridad sigue siendo contener el fuego antes de que la inestabilidad meteorológica vuelva a empujar las llamas hacia nuevas urbanizaciones. En pleno julio, el Mediterráneo arde una vez más —y en Marruecos, como en Cataluña, se observa con la certeza de que el próximo verano traerá de nuevo la misma prueba de fuego.
