Rue20 Español/Houston
En las calles de Houston, la capital energética de Texas, el ambiente ya no es solo texano. Miles de banderas marroquíes ondean con orgullo, convirtiendo rincones de esta metrópoli estadounidense en un pedazo de Marruecos.
La afición de los Leones del Atlas ha respondido con una movilización sin precedentes para acompañar a su selección en los octavos de final del Mundial 2026, donde este sábado se mide a Canadá en un duelo que revive memorias inolvidables.



Desde hace días, el Aeropuerto Intercontinental George Bush no para de recibir oleadas de seguidores. Muchos llegan directamente desde Marruecos gracias a los vuelos especiales que Royal Air Maroc ha programado como puente aéreo extraordinario entre Casablanca y Houston. Otros proceden de diferentes estados de Estados Unidos o de comunidades marroquíes en Europa, dispuestos a todo por estar presentes en este momento histórico. La pasión no se detiene: las concentraciones en zonas céntricas de la ciudad, como las áreas de fan fest, han reunido a multitudes que cantan, bailan y corean “Dima Maghrib” sin descanso.
Las autoridades locales han destacado el comportamiento impecable de esta afición, que ha facilitado el trabajo de la seguridad y ha convertido la previa en una fiesta ordenada y llena de color. Para Marruecos, este apoyo masivo no es un detalle: es el combustible que ha impulsado al equipo a lo largo del torneo y que ahora busca llevarlo más lejos que nunca.

Bajo la batuta de Mohamed Ouahbi, quien asumió el mando de la selección en un momento clave, los Leones del Atlas han mostrado una versión más madura y ambiciosa. El técnico ha imprimido un sello de mayor posesión, valentía en la salida de balón y un equilibrio que permite alternar control con peligro ofensivo, sin descuidar la solidez atrás que siempre ha caracterizado al equipo.
En la fase de grupos y especialmente en la victoria ante Países Bajos en dieciseisavos, Marruecos ha dejado claro que no viene solo a participar. El colectivo prima por encima de individualidades, aunque jugadores como Ismael Saibari han brillado con luz propia. La profundidad de banquillo es otra de las grandes armas: los suplentes entran y aportan frescura, ideas y soluciones tácticas que enriquecen el plan de Ouahbi.
Este sábado, el NRG Stadium (Houston Stadium) será testigo de una reedición del choque de Catar 2022. Aquel 2-1 a Canadá, con goles de Hakim Ziyech y Youssef En-Nesyri, marcó el inicio de un camino legendario que llevó a Marruecos hasta las semifinales. Hoy el contexto es distinto: se trata de octavos de final, con más presión y un rival que llega crecido como coanfitrión.
El equipo de Jesse Marsch no regala nada. Su propuesta se basa en una presión alta agresiva, recuperaciones rápidas y transiciones verticales que buscan desequilibrar por las bandas. Alphonso Davies, con su explosividad por la izquierda, y Jonathan David, como punta de lanza, representan las principales amenazas que los Leones deberán neutralizar.
Sin embargo, Marruecos llega con confianza. El equipo ha crecido partido a partido y cuenta con la energía de una afición que ha transformado Houston en su segundo hogar. Los jugadores saben que detrás de cada pase, cada recuperación y cada disparo está el aliento de todo un pueblo.
Este enfrentamiento no es solo un partido más en el calendario del Mundial. Para Marruecos representa la oportunidad de confirmar su progresión, de honrar la gesta de 2022 y de seguir escribiendo páginas doradas en la historia del fútbol africano y árabe. Con el apoyo incondicional de su gente, los Leones del Atlas están listos para rugir una vez más en Houston.
