Rue20 Español/El Aaiún
Miles de aficionados salen a las calles de las ciudades del Sáhara marroquí para festejar la clasificación a octavos de final, en una noche de unidad nacional y orgullo patrio sin precedentes.
La euforia por la clasificación de Marruecos a los octavos de final del Mundial 2026 no conoce fronteras dentro del Reino. Pero si hay un lugar donde la celebración adquirió una dimensión especialmente emotiva, ese fue el Sáhara marroquí. Desde El Aaiún hasta Guelmim, pasando por Esmara, Bojador y Dajla, miles de ciudadanos salieron a las calles para rendir homenaje a los Leones del Atlas tras su heroica victoria ante Países Bajos en la tanda de penales.
El epicentro de la fiesta se vivió en El Aaiún, la principal ciudad de las provincias del sur. Las calles se convirtieron en un mar de banderas nacionales, ondeando al ritmo de los cánticos patrióticos que resonaban en cada rincón. Miles de aficionados, entre familias y jóvenes, se congregaron frente al Palacio de Congresos y en las principales plazas públicas, donde las bengalas festivas iluminaron la noche y los pitidos de los vehículos se mezclaron con los gritos de «¡Viva Marruecos!»
Las celebraciones no se limitaron a El Aaiún. En Esmara y Bojador, largas caravanas de vehículos recorrieron las avenidas principales, con conductores que hacían sonar sus bocinas y ondeaban la enseña nacional desde las ventanillas. En Dajla, la capital pesquera del sur, cientos de ciudadanos se concentraron en el paseo marítimo para celebrar el pase de los Leones, en una estampa que combinaba la alegría futbolística con el orgullo por la tierra que les vio nacer.
Guelmim, conocida como la «Puerta del Sáhara», no fue ajena a la fiesta. Allí, miles de personas salieron a la calle para corear los nombres de los héroes de Monterrey, mientras los más jóvenes pintaban sus rostros con los colores de la bandera y los mayores recordaban viejas gestas del fútbol marroquí.
Pero estas celebraciones fueron mucho más que una simple muestra de alegría deportiva. En las provincias del sur, la clasificación de Marruecos se convirtió en un símbolo de cohesión nacional y de reafirmación de la identidad marroquí. Los cánticos de «Allah, Watan, Malik» (Dios, Patria, Rey) se escucharon con especial intensidad en todas las plazas, mientras las banderas rojas y verdes ondeaban sobre los tejados y los balcones.
Para los habitantes del Sáhara marroquí, el éxito de los Leones del Atlas es también el suyo propio. La selección nacional, que ha sabido unir a todo el país en torno a un mismo sueño, representa los valores de esfuerzo, sacrificio y orgullo que comparten todos los marroquíes, independientemente de su lugar de origen.
Las imágenes de las celebraciones en El Aaiún, Dajla, Esmara, Bojador y Guelmim han dado la vuelta al mundo, mostrando una región que vibra al unísono con el resto del Reino. Familias enteras, niños con las caras pintadas, ancianos emocionados y jóvenes coreando consignas patrióticas han enviado un mensaje claro: el fútbol, en su capacidad más noble, ha logrado tender puentes y reforzar los lazos de una nación que camina unida.
Desde la madrugada, cuando el pitido final confirmó el pase a octavos, hasta bien entrada la noche, las calles de las provincias del sur no dejaron de vibrar. Los Leones del Atlas, con su gesta en Monterrey, han dado a todos los marroquíes una razón para celebrar, y el Sáhara marroquí ha respondido con la misma pasión y el mismo orgullo que el resto del país.
Ahora, con la mirada puesta en el duelo ante Canadá, las provincias del sur seguirán alentando a su selección, convencidas de que este equipo, que ya ha hecho historia, todavía tiene mucho que decir en esta Copa del Mundo. Porque en Marruecos, y especialmente en su Sáhara, el sueño de los Leones también es el sueño de todo un pueblo.
