Rue20 Español/Rabat
El Abbas Tahri Joutey Hassani
En un mundo donde el fantasma del hambre se agita al compás de las crisis climáticas y geopolíticas, Marruecos ha irrumpido esta semana en el Palacio de Europa con un mensaje claro: la seguridad alimentaria no es solo una cuestión de producción, sino un complejo rompecabezas que exige repensar el agua, el territorio y la justicia social.
El Reino, en su condición de Socio para la Democracia del Consejo de Europa desde 2011, ha expuesto ante la Asamblea Parlamentaria (APCE) su hoja de ruta para garantizar una alimentación sostenible en tiempos de crisis, una intervención que ha puesto sobre la mesa las luces y sombras de un modelo agrícola en plena transformación.
La voz de Marruecos en Estrasburgo fue la del diputado Allal Amraoui, quien participó en el debate conjunto «Garantizar una seguridad alimentaria sostenible en tiempos de crisis: reforzar la resiliencia y el acceso a los alimentos», organizado por la Comisión de Asuntos Sociales, Salud y Desarrollo Sostenible, según informa la Agencia MAP.
Durante su intervención, Amraoui no se limitó a enumerar logros; trazó un diagnóstico sincero de un país que, pese a ser un «actor mayor» en la exportación de frutas, hortalizas y cítricos, afronta una paradoja que define su presente y su futuro: producir más alimentos con menos agua.
El estrés hídrico como eje del desafío
Los datos aportados por el parlamentario y recogidos en el informe de la APCE dibujan un escenario de urgencia. En apenas seis décadas, los recursos hídricos disponibles por habitante en Marruecos han caído hasta situarse «cerca del umbral de escasez absoluta», un volumen próximo a los 500 metros cúbicos anuales por persona.
Esta realidad golpea con especial crudeza al sector agrícola, que consume cerca del 80% del agua del país y emplea a una cuarta parte de la población activa nacional. La sequía ya se ha cobrado un precio social elevado: más de 130.000 puestos de trabajo agrícolas se perdieron en 2024 a causa de la caída de las cosechas.
Amraoui quiso subrayar que esta vulnerabilidad no es igual para todos. En el medio rural, son las mujeres quienes soportan la peor parte de la escasez. «Desempeñan múltiples funciones: trabajo agrícola, transformación de alimentos, recogida de agua, mantenimiento del hogar y participación en cooperativas rurales», señala el informe de la APCE, un recordatorio de que la seguridad alimentaria tiene también rostro femenino y que cualquier estrategia que la ignore está condenada al fracaso.
Frente a este escenario, Marruecos no ha permanecido pasivo. Amraoui repasó las dos grandes estrategias que han marcado las últimas dos décadas: el Plan Marruecos Verde y, posteriormente, la estrategia Generación Green.
Estas políticas, explicó, han permitido modernizar las cadenas de producción, impulsar las exportaciones y, sobre todo, tejer una red de apoyo a jóvenes agricultores, cooperativas y mujeres rurales. El resultado es un Reino que hoy es un referente en la exportación de tomates, cítricos, frutos rojos, aceite de oliva y productos pesqueros transformados.
Sin embargo, el diputado fue claro al señalar que el éxito exportador no puede ocultar los desafíos estructurales. Entre ellos, la necesidad de conciliar el desarrollo de las exportaciones con la seguridad alimentaria nacional, la sostenibilidad de un modelo agrícola que ha visto desaparecer el 75% de las variedades locales de cereales y la urgente tarea de preservar los suelos y la biodiversidad. Una advertencia que resuena con fuerza en un contexto donde el desperdicio alimentario sigue siendo una asignatura pendiente: según el PNUMA, en Marruecos se desechan cerca de 100 kilogramos de alimentos por habitante al año.
El agua, eje de la nueva visión
Si hay un elemento que vertebra la estrategia marroquí, ese es el agua. Amraoui dedicó un amplio espacio de su intervención al Plan Nacional del Agua 2020-2050, una hoja de ruta ambiciosa que busca conciliar la modernización tecnológica, la seguridad hídrica y la sostenibilidad ambiental. Las medidas desplegadas son diversas y ambiciosas: expansión masiva del riego por goteo, construcción de infraestructuras hidráulicas, reutilización de aguas residuales tratadas y, sobre todo, el desarrollo de plantas de desalación de agua de mar y de aguas subterráneas salobres.
El objetivo, a medio plazo, es que para 2030 cerca del 60% de las necesidades de agua potable del país se cubran mediante recursos no convencionales, liberando así los recursos convencionales para la agricultura y el consumo rural.
La intervención de Amraoui no fue un mero ejercicio de rendición de cuentas. Al situar la experiencia marroquí en el centro del debate europeo, el Reino aspira a convertirse en un laboratorio de soluciones para todo el espacio euromediterráneo. Una aspiración que ya ha dado sus primeros frutos: la APCE ha elaborado un informe basado en la ponencia del diputado marroquí en el que se subraya que la seguridad alimentaria «no puede considerarse únicamente desde la perspectiva de la producción agrícola, sino que debe abordarse desde una perspectiva más sistémica que integre la gestión sostenible del agua, la justicia social, la resiliencia climática, la gobernanza territorial y los derechos humanos».
En este sentido, Marruecos ha aprovechado su presencia en Estrasburgo para tender puentes. La propuesta de crear un fondo internacional dedicado a la seguridad alimentaria en África, lanzada durante la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios de 2025, es una muestra de esa vocación de liderazgo regional. Un liderazgo que, como ha quedado patente en el Palacio de Europa, se construye tanto desde el reconocimiento de los logros como desde la honestidad para afrontar los desafíos que aún quedan por resolver.
