Rue20 Español/Madrid
España ha registrado una fuerte aceleración de los flujos migratorios desde el fin de la pandemia, con Marruecos consolidado como el principal país de origen de la población inmigrante residente en el país, según los últimos datos del Censo Anual de Población difundidos por el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Las cifras oficiales muestran que el número de residentes en España nacidos en Marruecos alcanzó las 1.165.955 personas a fecha de 1 de enero de 2025, situando al Reino por delante de otros grandes emisores de inmigración como Colombia o Venezuela.
El fenómeno se ha intensificado especialmente en los últimos años. De acuerdo con los datos del INE, cerca del 40% de los ciudadanos marroquíes residentes actualmente en España llegaron entre 2021 y 2024, coincidiendo con la recuperación económica posterior a la pandemia y la reactivación del mercado laboral español.
La evolución anual refleja un crecimiento constante de las llegadas. En 2021 se contabilizaron 76.553 inmigrantes nacidos en Marruecos; en 2022 la cifra ascendió a 92.299; en 2023 alcanzó los 119.571 y en 2024 llegó a 136.417 personas, consolidando una tendencia ascendente sostenida.
En términos generales, España recibió aproximadamente 3,76 millones de nuevos residentes extranjeros entre 2021 y 2024, una cifra equivalente a cerca del 39,7% del total de población nacida fuera del país que reside actualmente en territorio español. El INE considera que esta dinámica refleja una transformación demográfica acelerada en un periodo relativamente corto.
Los datos también muestran que la población nacida en el extranjero representa ya el 19,3% del total de habitantes de España, mientras que los extranjeros suponen el 14,1% de la población total, en un contexto de crecimiento demográfico impulsado principalmente por la inmigración.
El aumento de la inmigración ha tenido un impacto directo en el mercado laboral y en la estructura social del país. El INE señala que determinados sectores económicos dependen de forma creciente de la mano de obra extranjera, especialmente en actividades como el empleo doméstico, la agricultura o la hostelería.
