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miércoles, junio 3, 2026

Doble cara regional: Apoyo marroquí a Malí frente a la estrategia de presión argelina

 

Rue20 Español/Rabat

Los recientes ataques perpetrados el sábado por el Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM), afiliado a Al Qaeda en el Sahel, contra posiciones del ejército maliense en el norte del país han vuelto a situar en primer plano las diferencias de enfoque entre Marruecos y Argelia frente a la crisis de seguridad en la región.

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Según fuentes diplomáticas, Rabat reaccionó con una condena inmediata y categórica de los atentados, reafirmando su compromiso constante con la lucha contra el terrorismo y la defensa de la soberanía de los Estados. El Reino expresó su plena solidaridad con Malí, tanto a nivel institucional como con su población, subrayando que la integridad territorial constituye un principio innegociable.

Más allá de la condena, Marruecos reiteró su disposición a acompañar a las autoridades malienses en sus esfuerzos para hacer frente a las amenazas terroristas y separatistas, no solo dentro de sus fronteras, sino en el conjunto del Sahel. Este posicionamiento se enmarca en una línea diplomática sostenida, basada en la cooperación y el respeto a la soberanía, como ya había señalado el ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, al defender una política de apoyo sin injerencias.

En contraste, Argelia ha sido señalada por adoptar una postura más confrontativa en el plano mediático. Diversas plataformas cercanas a posiciones argelinas han intensificado sus críticas contra las autoridades de Bamako, describiendo al país como un Estado debilitado y cuestionando sus decisiones estratégicas en materia de seguridad.

Este contexto coincide con el deterioro de las relaciones entre Argel y Bamako, especialmente tras la decisión de las autoridades malienses, lideradas por el general Assimi Goïta, de abandonar el Acuerdo de Argel de 2015, que regulaba las relaciones con los grupos armados del norte. La ruptura de este marco ha sido interpretada como un revés para la influencia regional de Argelia, que aspiraba a desempeñar un papel central tras la retirada de las fuerzas francesas en 2022.

Analistas regionales apuntan que esta evolución ha generado tensiones adicionales, reflejadas en una intensificación de campañas informativas y narrativas destinadas a debilitar la posición del gobierno maliense, mediante la amplificación de pérdidas militares y la difusión de escenarios de inestabilidad.

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En paralelo, el acercamiento entre Marruecos y Malí ha cobrado impulso en los últimos meses, en particular tras la retirada por parte de Bamako de su reconocimiento de la autoproclamada “rasd” y su orientación hacia una cooperación reforzada con Rabat.

En este escenario, los expertos advierten sobre el riesgo creciente que supone la convergencia entre movimientos separatistas y organizaciones yihadistas en el Sahel, lo que podría agravar la volatilidad regional y extender la inseguridad más allá de las fronteras malienses.

Así, la crisis actual en Malí no solo pone de relieve la persistencia de la amenaza terrorista, sino que también revela las líneas de fractura entre los actores regionales, en un momento clave para el equilibrio de poder y la estabilidad en el Sahel.

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