Rue20 Español/Rabat
Walid El Moumen
Las relaciones entre Francia y Argelia se han convertido en un auténtico “cartoon” al estilo de Tom y Jerry, donde las provocaciones y las reacciones se suceden sin pausa, alimentando un ciclo constante de tensión diplomática.
El último episodio se produjo tras las declaraciones de Olivier Christen, fiscal nacional antiterrorista en Francia, quien anunció la apertura de ocho investigaciones en curso relacionadas con lo que calificó como “terrorismo vinculado a Estados”. Según explicó en una entrevista concedida a un medio público francés, tres de estos casos estarían relacionados con Irán, mientras que otros cinco implicarían a Rusia y Argelia.
Aunque el magistrado no ofreció detalles específicos sobre los expedientes vinculados a Argelia, sus declaraciones apuntan directamente a un caso sensible; el del opositor argelino Amir DZ, quien acusa a las autoridades de su país de intentar secuestrarlo en territorio francés. Este asunto ya provocó una grave crisis diplomática entre ambos países en la primavera de 2025.
La reacción desde Argel no se hizo esperar. Medios cercanos al poder calificaron las declaraciones del fiscal francés como un “nuevo acto de provocación” y afirmaron que reflejan la persistencia de tensiones latentes entre ambos países, a pesar de los discursos oficiales que abogan por la calma y la reconstrucción de la confianza.
Este episodio vuelve a evidenciar la fragilidad de las relaciones bilaterales, entre el Eliseo y Al-Mouradia. Este, siempre adopta un tono político confrontativo, reforzando una narrativa de enfrentamiento de igual a igual, aunque en realidad ya no lo es así.
Según varios analistas, la reacción argelina responde a una estrategia recurrente que busca externalizar tensiones internas y fortalecer su retórica soberanista. Sin embargo, este enfoque contribuye a perpetuar una dinámica de desconfianza mutua que dificulta cualquier avance real en las relaciones diplomáticas.
