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jueves, junio 4, 2026

Marruecos y la diplomacia civil: Liderazgo constructivo desde el ECOSOC

Rue20 Español/Madrid

Pedro Ignacio Altamirano*

El Reino de Marruecos no concibe la sociedad civil como un actor decorativo, sino como un socio necesario para la formulación, implementación y evaluación de políticas públicas globales.

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En un contexto internacional cada vez más marcado por la incertidumbre, la erosión del multilateralismo y la creciente distancia entre las instituciones globales y las sociedades a las que sirven, la diplomacia civil emerge como un instrumento indispensable para revitalizar la acción colectiva. En este escenario, el liderazgo de Marruecos dentro del sistema de Naciones Unidas, y en particular en el marco del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas (ECOSOC), ofrece un ejemplo relevante de cómo los Estados pueden ejercer influencia constructiva más allá de la diplomacia clásica.

El ECOSOC ocupa una posición singular dentro de Naciones Unidas. No solo coordina el trabajo económico y social del sistema, sino que constituye el principal punto de acceso institucional para la sociedad civil organizada. Comprender esta dualidad es clave para entender la estrategia marroquí. Marruecos ha asumido que, en la actualidad, la legitimidad internacional no se construye sólo mediante acuerdos entre gobiernos, sino también a través de la interacción constante con organizaciones no gubernamentales, actores comunitarios, expertos independientes y redes transnacionales.

Desde esta perspectiva, la participación marroquí en el ECOSOC se ha caracterizado por una visión amplia e inclusiva del multilateralismo. El Reino no concibe la sociedad civil como un actor decorativo, sino como un socio necesario para la formulación, implementación y evaluación de políticas públicas globales. Esta aproximación conecta con una diplomacia civil moderna, orientada a generar consensos sostenibles y a traducir las grandes agendas internacionales en impactos tangibles sobre el terreno.

Uno de los elementos centrales del liderazgo de Marruecos en este ámbito es su capacidad para actuar como puente entre realidades diversas. Como país africano con profundas raíces regionales y, al mismo tiempo, con una proyección activa hacia Europa, el mundo árabe y América Latina, Marruecos aporta una mirada transversal a los debates del ECOSOC. Esta posición le permite articular narrativas que integran las prioridades del Sur global, lucha contra la pobreza, empleo juvenil, acceso a servicios básicos, reducción de desigualdades, con enfoques pragmáticos basados en la experiencia y la cooperación.

La diplomacia civil marroquí se distingue también por su énfasis en la cooperación Sur-Sur y triangular. En el seno del ECOSOC, Marruecos ha defendido la idea de que las soluciones a los desafíos del desarrollo no pueden ser uniformes ni importadas mecánicamente. El intercambio de buenas prácticas entre países con contextos comparables, apoyado por socios internacionales, resulta más eficaz y genera mayor apropiación social. Este enfoque, lejos de ser ideológico, responde a una lógica operativa que prioriza resultados y sostenibilidad.

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Otro rasgo destacable es la coherencia entre el discurso internacional de Marruecos y sus prioridades internas. La promoción del desarrollo humano, la inclusión social y la estabilidad institucional no se limita a declaraciones en foros multilaterales, sino que se presenta como parte de una trayectoria nacional. Esta coherencia refuerza la credibilidad del país en los espacios de diplomacia civil, donde los actores no estatales evalúan con atención la consistencia entre compromisos externos y políticas domésticas.

Asimismo, Marruecos ha contribuido a revalorizar el papel del ECOSOC como espacio de diálogo efectivo, en un momento en que muchos foros multilaterales corren el riesgo de convertirse en escenarios de confrontación retórica. Apostar por la escucha activa, la mediación discreta y la construcción de convergencias es, en sí mismo, una forma de liderazgo. Un liderazgo menos visible, pero más funcional, que busca fortalecer la arquitectura multilateral desde dentro.

En tiempos en los que la desconfianza hacia las instituciones internacionales se amplifica, la diplomacia civil representa una vía para recomponer el vínculo entre lo global y lo local. Marruecos parece haber entendido que el futuro del multilateralismo dependerá, en gran medida, de su capacidad para incorporar voces diversas y responder a las preocupaciones reales de las sociedades. Su actuación en el ECOSOC refleja esta convicción y proyecta una imagen de liderazgo basado en la responsabilidad, la constancia y la cooperación.

Más que ocupar titulares, Marruecos contribuye a que los procesos funcionen. Y en el complejo engranaje de Naciones Unidas, esa capacidad de sumar, facilitar y traducir principios en acciones concretas constituye hoy una de las formas más necesarias y escasas, de liderazgo internacional.

*Presidente del Grupo Internacional de Diplomacia Civil.

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