Bolivia y el Sáhara marroquí: Fin del mito separatista en América Latina

 

Rue20 Español/Rabat

El Abbas Tahri Joutey Hassani

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En un movimiento diplomático de gran alcance que refleja un cambio sustancial en el mapa de apoyos internacionales, el Estado Plurinacional de Bolivia anunció la suspensión de su reconocimiento a la llamada “pseudo-rasd”; marcando un debilitamiento significativo de la base tradicional de respaldo al Frente Polisario en América Latina, considerada durante décadas como uno de sus bastiones más sólidos.

La decisión boliviana fue comunicada oficialmente tras una conversación telefónica el pasado lunes entre Nasser Bourita, ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación de África y de los Marroquíes Residentes en el Extranjero, y Fernando Aramayo, ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia.

Aunque el comunicado oficial señaló que la medida forma parte de una revisión de las posiciones diplomáticas de Bolivia sin entrar en detalles, su relevancia política trasciende ampliamente el plano protocolario.

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Durante años, varios países latinoamericanos constituyeron un apoyo estratégico para la tesis separatista, motivados por consideraciones ideológicas de épocas pasadas o por cálculos internos de gobiernos de izquierda.

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Sin embargo, los cambios geopolíticos en la región, sumados al creciente peso económico y político de Marruecos, han reconfigurado el escenario.

Rabat ha consolidado su estrategia de cooperación, inversión y diplomacia discreta; logrando avances sustanciales en espacios que históricamente estaban vinculados al Polisario y a su principal patrocinador, Argelia.

La suspensión del reconocimiento por parte de Bolivia se inscribe en un patrón gradual de revisión de posturas en América Latina. Varias capitales han optado por congelar o retirar su reconocimiento a la “pseudo-rasd”; mientras fortalecen vínculos políticos y económicos con Marruecos.

Este cambio evidencia la creciente aceptación internacional de la propuesta marroquí de autonomía bajo soberanía marroquí como la solución pragmática y viable para poner fin a un conflicto prolongado que ha lastrado la estabilidad del Magreb.

El Polisario enfrenta un aislamiento cada vez mayor tras perder apoyo diplomático fuera de África. La tesis separatista, que se presentaba como un movimiento de liberación, ha dejado de tener resonancia en un contexto global donde prevalecen la estabilidad regional, la lucha contra el terrorismo y el desarrollo compartido, ámbitos en los que Marruecos se posiciona como un socio confiable tanto en África como en América Latina.

Por su parte, Argelia, principal soporte del Polisario, enfrenta crecientes limitaciones diplomáticas y un aislamiento parcial frente a la comunidad internacional.

La defensa de la supuesta “autodeterminación” ya no logra la misma acogida, especialmente ante los reiterados llamados de la ONU a soluciones políticas realistas y consensuadas.

La estrategia marroquí en América Latina refleja una visión global de diversificación de asociaciones Sur–Sur, consolidación de relaciones económicas y culturales y diplomacia eficaz.

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Marruecos no busca únicamente reconocimientos formales, sino construir redes de intereses mutuos que conviertan el respaldo a la unidad territorial del país en una opción lógica y sostenible para sus socios internacionales.

La suspensión de Bolivia, aunque presentada como una medida temporal, envía un mensaje político contundente: el realismo y los intereses estratégicos superan los alineamientos ideológicos rígidos.

En esta nueva ecuación, Marruecos fortalece gradualmente su posición internacional, mientras el Polisario se encuentra cada vez más aislado y en retroceso.

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