Rue20 Español/Rabat
Marruecos fue elegido este miércoles miembro del Consejo de Paz y Seguridad (CPS) de la Unión Africana en primera ronda, al obtener más de dos tercios de los votos (34 sufragios), en una decisión que consolida su posición en la arquitectura institucional del continente y refuerza el reconocimiento africano a su papel en la promoción de la estabilidad.
La elección, más allá de su dimensión procedimental, adquiere un marcado significado político. En un contexto regional atravesado por desafíos de seguridad, amenazas terroristas y tensiones separatistas, los Estados africanos optaron por respaldar a un actor que reivindica la centralidad del Estado nacional, la cooperación estructurada y el respeto del derecho internacional como pilares de la acción colectiva.
Desde su regreso a la Unión Africana en 2017, es la tercera ocasión en nueve años en que el Reino accede al CPS, uno de los órganos más estratégicos de la organización continental. Encargado de la prevención, gestión y resolución de conflictos, así como de la definición de mecanismos de seguridad colectiva, el Consejo ocupa un lugar central en la preservación de la paz en África.
La presencia marroquí en este órgano no se limita a una representación simbólica. Supone una participación directa en la formulación de respuestas continentales frente a crisis políticas y de seguridad, dentro de un enfoque que vincula estabilidad, desarrollo económico y cohesión social.
Rabat ha defendido de manera constante soluciones políticas realistas y negociadas, apoyadas en una visión integral que asocia seguridad y progreso.
La votación en Addis Abeba también estuvo marcada por intentos de promover candidaturas alineadas con agendas separatistas. Sin embargo, varios Estados miembros rechazaron respaldar fórmulas que no cuentan con reconocimiento en el sistema de Naciones Unidas ni con atributos de estatalidad, inclinándose por una opción que consideran conforme a los principios fundacionales de la Unión Africana.
La contienda quedó finalmente circunscrita a candidaturas estatales, y Marruecos resolvió el proceso desde la primera ronda, en un resultado interpretado por observadores diplomáticos como una señal clara del clima de confianza construido en los últimos años a través de una política activa de cooperación Sur-Sur, inversión y acompañamiento al desarrollo en diversas regiones del continente.
El consenso alcanzado en torno a Rabat refleja una tendencia creciente a privilegiar proyectos de integración y estabilidad frente a dinámicas de confrontación o fragmentación.
En ese sentido, la elección al Consejo de Paz y Seguridad se presenta como la confirmación de una estrategia sostenida que apuesta por alianzas duraderas, por la consolidación institucional y por la defensa de la unidad de los Estados.
Con esta designación, Marruecos refuerza su proyección en el seno de la Unión Africana y amplía su margen de influencia en la definición de respuestas colectivas ante los desafíos comunes.
La votación de Addis Abeba deja así un mensaje político nítido: en la actual coyuntura continental, la lógica del Estado y de la construcción institucional prevalece sobre las iniciativas consideradas divisorias o carentes de base jurídica reconocida.
