Albares reanuda diálogo con Argelia sin mover un ápice el apoyo español a la Autonomía marroquí del Sáhara

 

Rue20 Español/Rabat

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, continúa afianzándose como una de las figuras diplomáticas más influyentes de la España contemporánea, tras haber logrado lo que durante décadas se consideró prácticamente inalcanzable: restablecer las relaciones con Argelia sin renunciar a la postura adoptada por Madrid en marzo de 2022, cuando el Gobierno reconoció la iniciativa marroquí de autonomía como la base “más seria, creíble y realista” para resolver el expediente del Sáhara marroquí.

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El logro, que desmonta el discurso de la oposición derechista española, llega después de meses en los que PP y Vox insistieron en que el abandono de la llamada “neutralidad histórica” provocaría un daño irreparable al equilibrio entre Rabat y Argel.

Sin embargo, Albares ha demostrado —tal como señalan diversas cabeceras españolas— que su estrategia de “paciencia diplomática” se sustentaba en una lectura precisa del contexto y de la evolución previsible del dossier magrebí.

Un encuentro decisivo en la cumbre del G20

La prensa española destacó este fin de semana el encuentro entre Albares y su homólogo argelino, Ahmed Attaf, celebrado al margen de la cumbre del G20 en Sudáfrica. Las imágenes difundidas, con un Attaf visiblemente distendido y sonriente, fueron interpretadas como la confirmación gráfica de que la crisis argelino-española pertenece ya al pasado. Todo ello, sin que España haya modificado un ápice su posición respecto al Sáhara marroquí.

Según informó Europa Press, Albares consolidó en este encuentro los avances iniciados en febrero, cuando ambos ministros habían mantenido una primera reunión que permitió reactivar las vías de diálogo institucional tras más de un año y medio de tensión.

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Reparar sin ceder: la clave del giro diplomático

La agencia subraya que la raíz de la crisis iniciada en marzo de 2022 fue precisamente la declaración española de apoyo a la autonomía marroquí. Argelia reaccionó retirando a su embajador y suspendiendo progresivamente las relaciones económicas bilaterales. Aun así, Albares optó por una estrategia de firmeza prudente: mantener la posición española y, al mismo tiempo, trabajar meticulosamente para reconstruir los puentes con Argel.

Durante 19 meses, entre marzo de 2022 y noviembre de 2023, Argelia sostuvo una postura de escalada diplomática condicionada a que España rectificara. Pero el tiempo acabó inclinándose hacia la tesis de Albares: Madrid no daría marcha atrás, y Argel terminó reanudando gradualmente sus relaciones, ante la evidencia de que la posición española no era negociable.

Analistas diplomáticos coinciden en que la habilidad del ministro para gestionar la presión argelina sin renunciar a la coherencia estratégica de España ha sido determinante para desbloquear la crisis.

Una gestión marcada por la continuidad y el realismo

El ascenso de Albares al Ministerio de Asuntos Exteriores, en julio de 2021, se produjo tras la crisis abierta por la entrada clandestina en España del líder del Polisario, Brahim Ghali, gestionada por la entonces ministra Arancha González Laya. Desde su llegada al cargo, Albares impulsó una profunda reorganización del tablero diplomático, cuyo momento culminante fue el alineamiento de Madrid con la propuesta marroquí de autonomía en marzo de 2022.

Esa decisión, calificada por numerosos analistas como “excepcional” y “sin precedentes”, supuso la primera ruptura explícita con la supuesta neutralidad española sobre el conflicto.

A partir de ahí, el ministro trabajó simultáneamente en dos frentes: consolidar la reparación de relaciones con Rabat y evitar que la crisis con Argel degenerara en una confrontación irreversible

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Un saldo que desafía las previsiones de la oposición

Los partidos de la oposición habían vaticinado que el cambio de postura respecto al Sáhara provocaría una crisis bilateral crónica, pero los hechos demuestran lo contrario: España ha logrado recomponer su relación con Argelia sin hacer concesiones y, al mismo tiempo, ha fortalecido su cooperación estratégica con Marruecos.

Con este último episodio, Albares consolida una trayectoria que, según muchos observadores, podría situarlo entre los ministros de Exteriores más eficaces de la España democrática, al haber demostrado que es posible mantener una posición clara y coherente en el dossier del Sáhara marroquí y, a la vez, recomponer relaciones con los dos grandes actores del Magreb.

 

 

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