Rue20 Español/El Aaiún
Un archivo colonial revela que España reconocía oficialmente los lazos de fidelidad de la población saharaui al Trono marroquí, desmontando las tesis separatistas.
Un documento oficial español fechado el 1 de diciembre de 1937 aporta una prueba histórica incontestable de los vínculos religiosos, espirituales y políticos que unieron al Sáhara con el sultán de Marruecos incluso durante el período colonial.

Emitido por la Alta Comisaría de España en Marruecos, el texto ordenaba a la población musulmana de Ifni, el Sáhara y Río de Oro realizar las oraciones obligatorias en nombre del califa Mulay Hassan ben al-Mahdi ben Ismail, designado como imán por el sultán marroquí. Este documento, sellado por las autoridades coloniales, confirma que el representante del sultán era reconocido oficialmente como líder religioso y político en todos los territorios administrados por España, tanto en el norte como en el sur.
El califa Mulay Hassan ben al-Mahdi (1911-1984), nombrado por decreto sultánico en 1925 por Mulay Yusef, ejerció durante más de tres décadas su autoridad espiritual en nombre del trono alauí.
Tras la entronización de Mohamed V, renovó su juramento de lealtad en 1947 y mantuvo contactos secretos con el monarca hasta la independencia del Reino, reafirmando así la continuidad de la soberanía marroquí sobre el Sáhara.
Según historiadores marroquíes, el documento reviste un valor excepcional, ya que constituye una admisión explícita de la propia administración colonial española sobre la unidad política y religiosa del Sáhara con Marruecos. A pesar de la ocupación, España nunca negó la autoridad espiritual del sultán sobre los saharauis.
El texto desmiente categóricamente la narrativa que pretende presentar al Sáhara como una entidad desvinculada de Marruecos. Lejos de ello, demuestra que la población saharaui seguía rindiendo culto y obediencia al sultán, reconocido como su legítimo soberano por el propio poder colonial.
A casi un siglo de su emisión, este documento emerge como una prueba histórica y jurídica de gran peso, consolidando la posición de Marruecos sobre la marroquinidad del Sáhara y aportando un testimonio más de la continuidad del vínculo entre el trono y las tribus saharauis a lo largo de la historia.
