Rue20 Español/El Aaiún
En los círculos diplomáticos y mediáticos internacionales, la pregunta que domina las discusiones es cómo Marruecos logró convertir su propuesta de autonomía en la “opción mundial” para resolver la cuestión del Sáhara.
La respuesta se encuentra en una serie de movimientos estratégicos que comenzaron con el incidente de El Guergarat en 2020 y culminaron con la histórica resolución del Consejo de Seguridad del 31 de octubre de 2025, que consagra el plan marroquí como base exclusiva de las negociaciones políticas bajo los auspicios de las Naciones Unidas.
De la crisis de El Guergarat al liderazgo diplomático
Cuando las Fuerzas Armadas Reales intervinieron el 13 de noviembre de 2020 para restablecer la libre circulación en el paso fronterizo de El Guergarat, bloqueado por elementos del Polisario, pocos imaginaban que aquel movimiento marcaría un giro decisivo en un conflicto de medio siglo. Pero ese fue el momento en que Rabat combinó la firmeza sobre el terreno con una ofensiva diplomática sostenida, que transformó la narrativa internacional sobre el Sáhara.
El Reino optó por una estrategia de “hechos y alianzas”, que le permitió tejer una red de apoyos inédita en África, Europa y América Latina. “El Guergarat fue el punto de inflexión que convenció a las grandes potencias de que el statu quo era insostenible”, señaló la emisora France Inter en un informe con motivo del 50º aniversario de la Marcha Verde, titulado El efecto dominó.
Washington, el detonante del cambio
Según el medio francés, el verdadero desencadenante del cambio se produjo en diciembre de 2020, cuando Estados Unidos reconoció oficialmente la soberanía marroquí sobre el Sáhara y respaldó el plan de autonomía presentado por Rabat en 2007. La decisión del entonces presidente Donald Trump, en los últimos días de su mandato, “abrió un nuevo capítulo geopolítico” al situar a Marruecos como el aliado más estable y confiable de la región.
A partir de ese momento, el efecto dominó fue imparable: España modificó su posición histórica en 2022, seguida por Alemania, el Reino Unido y numerosos países africanos. En el verano de 2024, Francia —tras tres años de tensiones con Rabat— se alineó finalmente con el Reino, dando un golpe de timón diplomático que dejó a Argelia cada vez más aislada.
La resolución del 31 de octubre: El sello de la ONU
El informe de France Inter califica la reciente resolución del Consejo de Seguridad como “una victoria diplomática de gran envergadura” para Marruecos.
Por primera vez, el órgano ejecutivo de la ONU respalda explícitamente el plan de autonomía como “la solución más seria, creíble y realista” para poner fin al diferendo.
El cambio de posición de varias potencias —incluso de aquellas que antes se mostraban reticentes— confirma, según el informe, “la eficacia del enfoque gradual y persistente de la diplomacia marroquí”, impulsada directamente por Su Majestad el Rey Mohammed VI, quien “ha convertido la cuestión del Sáhara en la medida del grado de sinceridad de las relaciones internacionales con Marruecos”.
El declive de la influencia argelina
Frente a esta dinámica, Argelia aparece como la gran perdedora. Sus esfuerzos por movilizar a sus socios tradicionales —Rusia y China— para frenar la resolución se saldaron con abstenciones que, paradójicamente, facilitaron su aprobación. “El silencio de Argel fue el reconocimiento tácito de que el tablero había cambiado”, apunta la emisora francesa.
Incluso diplomáticos estadounidenses, como el enviado especial Steve Witkoff, ven en esta nueva realidad una oportunidad histórica para la estabilidad regional. Witkoff llegó a prever “una paz entre Marruecos y Argelia en menos de 60 días”, aunque muchos consideran esa hipótesis aún lejana.
La “diplomacia de los consulados”, el preludio del éxito
Antes del reconocimiento estadounidense, Rabat ya había preparado el terreno con una estrategia innovadora: la diplomacia de los consulados. En diciembre de 2019, las Comoras inauguraron en El Aaiún el primer consulado general en el Sáhara, seguidas rápidamente por decenas de países africanos y árabes.
Este movimiento, considerado en su momento simbólico, se reveló como un instrumento eficaz para consolidar el reconocimiento de la marroquinidad del territorio.
De opción nacional a consenso internacional
Hoy, casi cinco años después de El Guergarat, la autonomía marroquí se ha convertido en la referencia central de cualquier iniciativa de paz. Desde la Unión Africana hasta América Latina, la propuesta de Rabat se percibe como el camino más viable y pragmático para resolver un conflicto que bloqueó durante décadas la integración magrebí.
En palabras del informe francés, “Marruecos no solo cambió las reglas del juego; cambió el tablero entero”. Y lo hizo combinando la legitimidad histórica con la eficacia diplomática, bajo una visión real que transformó una reivindicación nacional en un consenso internacional.
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