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El Palacio del Elíseo reveló, la tarde de este domingo, la formación del nuevo gobierno francés encabezado por Sébastien Lecornu, después de más de tres semanas de que se le encargara su formación, en sustitución de François Bayrou, quien se vio obligado a dimitir tras el fracaso de su gobierno en obtener la confianza del Parlamento, según informó el periódico francés Le Monde.
La formación del nuevo gobierno francés incluyó la presencia de dos ministras de origen marroquí, que son Rachida Dati, quien conservó la cartera de Cultura, además de Naïma Moutchou, ministra de Transformación Digital e Inteligencia Artificial.
La formación del nuevo gobierno se produce en un intento de contener la situación de estancamiento político y restaurar la estabilidad en el panorama francés, ya que el presidente Emmanuel Macron mantuvo a 13 ministros del equipo anterior, en señal de su adhesión a la opción de la continuidad, con la introducción de nuevas caras para renovar la sangre dentro del gobierno.
La formación ministerial vio el nombramiento de Bruno Le Maire como ministro de Defensa después de años al frente del Ministerio de Economía y Finanzas, mientras que Roland Lescure asumió la cartera de Economía y Finanzas. También fueron nombradas Catherine Vautrin como ministra de Trabajo, Sanidad y Solidaridad, Jean-Noël Barrot como ministro de Europa y Asuntos Exteriores, y Agnès Pannier-Runacher como ministra de Medio Ambiente, Biodiversidad y Mar.
Los nombramientos también incluyeron a Amélie de Montchalin como ministra de Cuentas Públicas, Naïma Moutchou como ministra de Transformación Digital e Inteligencia Artificial, Philippe Tabarot como ministro de Transportes, Marina Ferrari como ministra de Deportes y Juventud, Aurore Bergé como ministra de Igualdad y Lucha contra la Discriminación y portavoz del gobierno, y Matthieu Lefèvre como ministro de Relaciones con el Parlamento.
Se espera que Lecornu anuncie en los próximos días el programa de trabajo de su gobierno y la hoja de ruta de sus prioridades de reforma, a la luz de los crecientes desafíos económicos y políticos, entre ellos la crisis del déficit fiscal y la dificultad de aprobar el presupuesto de 2026 en un parlamento dividido, mientras que la oposición exige un gobierno capaz de construir consensos reales que garanticen la estabilidad política y económica de Francia.
