Argelia, aislada en su laberinto por el Sáhara marroquí

 

Rue20 Español/Rabat

A pocas semanas de la crucial reunión de octubre del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre el Sáhara marroquí, la propuesta marroquí de autonomía para el territorio en disputa gana un impulso diplomático significativo, ejerciendo una creciente presión sobre Argelia, principal valedor del Polisario.

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La iniciativa de Rabat, calificada de «seria, creíble y realista» por potencias occidentales clave, se consolida como la base preferida para una solución política negociada.

Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, miembros permanentes del Consejo de Seguridad, han expresado su claro respaldo a la propuesta marroquí. Washington, tradicionalmente encargado de la redacción de las resoluciones de la ONU sobre el Sáhara, lidera activamente este esfuerzo diplomático. Massad Boulos, principal asesor de la administración Trump para África, reiteró recientemente la postura estadounidense, afirmando que «la autonomía bajo soberanía marroquí es la única opción viable».

Tras años de cautela, París también ha formalizado su apoyo a este enfoque, al igual que Londres, priorizando la estabilidad en el flanco sur del Mediterráneo.

Marruecos, sin embargo, no se limita a Occidente. El ministro de Asuntos Exteriores, Nasser Bourita, ha intensificado los contactos diplomáticos con Rusia y China, los otros dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad con poder de veto.

Su reciente conversación con su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, y su visita a China evidencian una estrategia para evitar cualquier posible bloqueo. Rabat aprovecha su influencia en el comercio mundial y su papel en la lucha contra la inestabilidad en el Sahel para persuadir a estas potencias.

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Este escenario internacional acentúa el aislamiento de Argelia, cuyo apoyo al Polisario ha sido la piedra angular de su política exterior durante décadas.

Las recientes declaraciones de Staffan de Mistura, enviado especial de la ONU para el Sáhara, han contribuido a esta percepción. En una entrevista, De Mistura se refirió a Argelia como el «principal actor» del conflicto, relegando al Polisario a un rol secundario, lo que debilita la posición de Argel, que tradicionalmente se ha presentado como mediador y no como parte implicada.

La visita de De Mistura a Argel se encontró con la firmeza del ministro de Asuntos Exteriores argelino, Ahmed Attaf, quien mantiene una postura inflexible a pesar de las crecientes presiones. Esta rigidez contrasta con el creciente consenso internacional en torno a la propuesta marroquí.

La presión sobre Argelia también proviene de Washington. La reciente visita del general Claude K. Tudor, comandante de las operaciones especiales estadounidenses para África, tras la de Massad Boulos en julio, buscaba instar a la junta militar argelina a sumarse a la dinámica internacional.

Según fuentes, existen divisiones internas en el régimen argelino entre quienes buscan una solución negociada con Rabat y quienes se aferran al statu quo. Esta situación preocupa a Washington, que considera la prolongación del conflicto una amenaza para la estabilidad del Sahel, ya vulnerable por el auge de grupos armados y el debilitamiento de la CEDEAO.

En las próximas semanas, De Mistura se reunirá con el ministro francés de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, para consolidar la posición europea. Diplomáticos describen este encuentro como una «última oportunidad» para que Argelia se sume a la búsqueda de una solución. De lo contrario, no se descarta la posibilidad de sanciones internacionales, una opción que gana terreno en Washington y Bruselas.

Argelia se encuentra en una difícil encrucijada. Sus recientes tensiones con países del Sahel y la presión económica interna limitan su margen de maniobra. Resistirse a la creciente presión internacional podría conducir a un mayor aislamiento, mientras Marruecos fortalece su posición en África y el Mediterráneo.

El escenario actual apunta hacia la autonomía del Sáhara bajo soberanía marroquí, negociada y avalada por la comunidad internacional, como la solución más probable. Argelia debe decidir si acepta este compromiso o se arriesga a un prolongado aislamiento internacional.

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