Rue20 Español/Rabat
Marruecos y la Unión Europea (UE) buscan revitalizar su asociación euromediterránea, enfatizando la necesidad de una relación más equilibrada y estratégica en un contexto geopolítico cambiante.
Este fue el mensaje central del Retiro de Alto Nivel sobre «El futuro de las relaciones euromediterráneas» celebrado en Rabat, donde el ministro de Asuntos Exteriores marroquí, Nasser Bourita, y la comisaria europea para el Mediterráneo, Dubravka Šuica, presentaron visiones convergentes sobre la necesidad de una «refundación» de la cooperación.
Bourita, inscribiendo su discurso en la «Visión Real», definió el Mediterráneo como «un espacio vital y de pertenencia para el Reino», reafirmándo la ambición de Marruecos de ser un actor clave en la reconfiguración de la arquitectura euromediterránea.
Rechazando un rol periférico, el ministro abogó por una relación de igual a igual, criticando implícitamente el paternalismo europeo y promoviendo la complementariedad en lugar de la asistencia.
A dos meses del 30º aniversario del Proceso de Barcelona, Marruecos insta a una actualización de los acuerdos, considerando que muchas de las promesas iniciales quedaron incumplidas.
Šuica, por su parte, estructuró su discurso en torno a tres pilares: los ciudadanos, especialmente los jóvenes; las economías, a través de conexiones reforzadas; y la paz, vinculada a la prosperidad.
Anunció la creación de un «nuevo consejo euromediterráneo» para noviembre, buscando un marco más sólido para la cooperación. Elogió a Marruecos como socio «especial», destacando sus reformas y su rol como puente hacia África, un aspecto estratégico para la UE frente a la creciente influencia de China, Estados Unidos y las potencias del Golfo en el continente.
La guerra en Gaza marcó la conferencia. Bourita denunció las «flagrantes violaciones del derecho internacional» por parte de Israel, recordando la condena de SM el Rey Mohammed VI, presidente del Comité Al-Qods, a los desplazamientos forzados y el bloqueo a la población palestina.
Para Marruecos, la cuestión palestina es crucial para el equilibrio euromediterráneo, vinculando el proceso de paz con la cooperación regional. Šuica coincidió con Rabat, calificando de «peligrosas e inaceptables» las declaraciones sobre el desplazamiento de palestinos de Gaza y reafirmando el compromiso de la UE con la solución de dos Estados.
Esta convergencia, si bien muestra la voluntad de construir un Mediterráneo estable, también revela la fragilidad de cualquier proyecto regional sin una solución duradera al conflicto palestino-israelí.
Más allá de la retórica, subyacen importantes desafíos estratégicos. Marruecos busca capitalizar su posición geográfica para consolidar su conexión con África, atrayendo inversiones europeas y diversificando sus alianzas con otras potencias globales.
La UE, a su vez, ve en el Mediterráneo una zona para proyectar su influencia en un mundo multipolar, buscando revitalizar una relación que había dado por sentada.
Marruecos se presenta como un caso de prueba para la UE, un potencial «modelo» de asociación, pero exige un reconocimiento de su rol central, un cambio en la dinámica de la ayuda y una mayor atención a las necesidades africanas.
El Retiro de Rabat plantea la interrogante de si se trata de un verdadero punto de inflexión o simplemente un nuevo ajuste. Para Marruecos, el objetivo es consolidar su influencia regional, mientras que la UE busca demostrar la vigencia de su discurso sobre la «prosperidad compartida».
El éxito de esta «refundación» dependerá de la capacidad de ambas partes para superar las asimetrías y traducir sus convergencias diplomáticas en acciones concretas, transformando el Mediterráneo de una zona de conflicto en un espacio de codesarrollo y estabilidad.
