Rue20 Español/El Aaiún
En un contexto de intensas negociaciones diplomáticas, la cuestión del Sáhara marroquí ha dado un paso decisivo hacia su resolución.
Este 5 de septiembre, en un encuentro de alto nivel con Staffan de Mistura, enviado personal del Secretario General de las Naciones Unidas para el Sáhara, Massad Boulos, Asesor principal del Presidente estadounidense para Oriente Medio y África, expresó con una claridad contundente: «Una autonomía efectiva bajo la soberanía de Marruecos es la única solución viable» para poner fin al prolongado diferendo sobre el Sáhara marroquí.
Esta declaración, de una precisión quirúrgica, marca un punto de inflexión en la postura estadounidense y consolida el Plan de Autonomía propuesto por Marruecos como la base indiscutible para una solución política sostenible.
Lejos de ser una simple reiteración, las palabras de Boulos reflejan una evolución significativa: el plan marroquí, descrito en el pasado como «serio y creíble», ahora se posiciona como la única alternativa realista, dejando atrás cualquier ambigüedad.
Esta postura refuerza el reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, formalizado por Estados Unidos en diciembre de 2020 bajo la administración de Donald Trump, y eleva la iniciativa marroquí al centro de la diplomacia internacional.
Un mensaje claro en un momento estratégico
La declaración de Boulos llega en un momento crucial, a pocas semanas de la renovación del mandato de la MINURSO en el Consejo de Seguridad. Como redactor habitual de la resolución anual de la ONU sobre el Sáhara marroquí, Estados Unidos envía un mensaje inequívoco: el Plan de Autonomía no es una opción más, sino el marco de referencia para resolver un conflicto que lleva décadas estancado.
Esta posición, respaldada por una alineación estratégica con Marruecos, subraya la legitimidad histórica, la viabilidad jurídica y el potencial estabilizador de la propuesta marroquí.
El pronunciamiento estadounidense no es un hecho aislado. Se inscribe en un contexto de realineación de los equilibrios en el Consejo de Seguridad, donde once de sus quince miembros, incluidos Estados Unidos, Francia y el Reino Unido, apoyan de manera explícita o pragmática el enfoque marroquí. Este respaldo, combinado con gestos diplomáticos como la apertura de consulados en El Aaiún y Dajla por parte de numerosos países, consolida la posición de Marruecos como líder de un consenso emergente.
En los pasillos de la ONU, el debate sobre el futuro de la MINURSO cobra renovada urgencia. La misión enfrenta cuestionamientos sobre su relevancia en un contexto donde el statu quo se percibe como insostenible.
En las discusiones entre Boulos y de Mistura, se abordó la posibilidad de reorientar el mandato de la MINURSO hacia la facilitación de un estatuto de autonomía negociado, una idea que comienza a ganar tracción bajo el concepto informal de «MANSASO» (Misión de las Naciones Unidas para el Apoyo al Estatuto de Autonomía en el Sáhara).
Esta potencial transformación refleja un cambio de paradigma en la ONU, donde la noción de un supuesto “referéndum” ha perdido viabilidad frente a las realidades geopolíticas.
La reafirmación de Estados Unidos a favor de la autonomía marroquí impulsa esta evolución, enviando una señal clara: el mantenimiento del statu quo no es una opción. La alternativa, advierten, podría derivar en inestabilidad regional y un vacío geopolítico en un Magreb ya marcado por desafíos como el terrorismo en el Sahel o las tensiones en Libia.
Marruecos, un pilar de estabilidad regional
Más allá del expediente del Sáhara marroquí, la postura estadounidense se enmarca en una estrategia más amplia para garantizar la estabilidad en el Norte de África y el Sahel.
Al respaldar la soberanía marroquí y promover la autonomía como solución, Washington busca consolidar a Marruecos como un aliado clave en una región sacudida por crisis.
Frente a las amenazas del terrorismo, la inestabilidad en Libia y la militarización de Argelia, el Reino se presenta como un modelo de estabilidad, ofreciendo una solución inclusiva que respeta las particularidades locales sin comprometer la soberanía nacional.
El creciente apoyo internacional al Plan de Autonomía, con adhesiones en Europa, África y el mundo árabe, evidencia un cambio de percepción. Marruecos ha sabido construir, con constancia y claridad estratégica, un consenso que trasciende lo diplomático para convertirse en un eje geopolítico.
La declaración de Boulos no es solo un respaldo a Rabat, sino una constatación de que la solución marroquí se alinea con el derecho internacional, la legitimidad histórica y las aspiraciones de estabilidad regional.
Un punto de inflexión diplomático
La cuestión del Sáhara marroquí no se limita al destino de un territorio, sino que implica la recomposición geopolítica del Magreb y la capacidad de la región para proyectarse como un polo de estabilidad.
La declaración de Massad Boulos marca un hito estratégico, elevando el Plan de Autonomía marroquí a un estándar emergente en el derecho internacional. Ahora, le corresponde a la comunidad internacional, y en particular a la ONU, abandonar las ambigüedades y abrazar un enfoque que combine realismo, legitimidad y proyección de futuro
