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Meryem Ghoua
La ciudad de Málaga se enfrenta a un nuevo revés en su ambición por consolidarse como sede de grandes eventos internacionales.
Tras la reciente renuncia a la candidatura para el Mundial de Fútbol 2030, se suma a la lista de oportunidades perdidas, como la Copa América de Vela 2024 y la Exposición Internacional de 2027, generando interrogantes sobre la estrategia del alcalde Francisco de la Torre.
La falta de tiempo para adecuar el estadio de La Rosaleda a las exigencias de la FIFA, a pesar del acuerdo para financiar las obras por 270 millones de euros, fue el argumento oficial para la retirada de la candidatura mundialista.
Sin embargo, esta decisión se percibe como un nuevo tropiezo en la búsqueda de un evento emblemático que culmine el proyecto de ciudad del alcalde.
Si bien Málaga ha experimentado un importante crecimiento gracias a inversiones en infraestructuras, financiadas en parte por fondos europeos, su proyección internacional parece resistirse.
La remodelación del Paseo del Parque, el barrio del Soho, la peatonalización de la calle Larios y la ampliación del aeropuerto son ejemplos de las mejoras impulsadas en los últimos años. No obstante, expertos como Rafael Ventura, catedrático de la Universidad de Málaga, señalan la dificultad de competir en las «grandes ligas» de eventos globales.
Mientras el alcalde De la Torre minimiza la importancia de la renuncia al Mundial 2030, argumentando que «Málaga le añade poco al mundial», la oposición critica la gestión del alcalde, calificando la candidatura como una «cortina de humo» y un ejercicio de «propaganda».
La ciudad ahora centra sus esfuerzos en conseguir la sede de la Autoridad Aduanera de la Unión Europea, con el respaldo del Gobierno.
Este nuevo fracaso se suma a una serie de decepciones para Málaga, incluyendo la pérdida de la sede de la Copa América de Vela en 2024, que finalmente se celebró en Barcelona, y la Expo 2027, otorgada a Belgrado.
La candidatura a Capitalidad Europea de la Juventud, la Agencia Europea del Medicamento y la Capital Cultural Europea también se han quedado en el camino en años anteriores.
Voces críticas, como la del catedrático José Luis Sánchez Ollero, cuestionan el enfoque de «traer eventos para hacer ciudad» en lugar de «hacer ciudad y luego traer eventos».
La preocupación por la falta de vivienda asequible y la priorización del turismo sobre las necesidades de los residentes son algunos de los problemas que se plantean.
El periodista Pablo Bujalance, en una reciente columna, instaba a la ciudad a «bajarse de la moto» y a definir su identidad sin la necesidad de competir constantemente por grandes eventos. La pregunta que queda en el aire es si Málaga logrará consolidar su imagen internacional más allá de la aspiración a ser sede de eventos globales.
