Rue20 Español/Rabat
La visita oficial del presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, a Italia se vio empañada por una serie de desaires protocolares y protestas, exponiendo la creciente marginación diplomática de Argelia y la falta de una estrategia geopolítica clara.
En lugar de ser recibido por su homólogo, Sergio Mattarella, o la primera ministra, Giorgia Meloni, Tebboune fue recibido por el ministro de Defensa, Guido Crosetto, una inusual recepción para un jefe de Estado, sin los honores militares habituales.
Este gesto contrasta fuertemente con la recepción dispensada dos días antes al presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sissi, quien se reunió personalmente con Meloni en un foro sobre migración y energía. La diferencia de trato subraya la jerarquización que Roma parece aplicar a sus socios mediterráneos, relegando a Argelia a un segundo plano.
La humillación protocolaria se vio agravada por las protestas de decenas de argelinos en el exilio, quienes se manifestaron en Roma denunciando al régimen militar y la falta de legitimidad democrática de Tebboune. Consignas como «Tebboune es un impostor» y «Un Estado civil, no militar» resonaron en las calles, recordando la persistente oposición al gobierno argelino, cuya represión ha forzado el exilio de muchos disidentes.
Aunque el objetivo oficial de la visita era fortalecer la cooperación energética entre ambos países —Italia es el principal comprador europeo de gas argelino, con un aumento en el volumen de compras de 21 a 25 mil millones de m³ entre 2021 y 2023, según datos de ENI y Sonatrach—, la visita no produjo acuerdos estratégicos significativos en áreas como la transición energética o la innovación tecnológica. Argelia parece depender excesivamente de sus recursos gasíferos como única palanca de influencia, sin diversificar su diplomacia económica.
La ausencia de una narrativa coherente en el discurso oficial argelino, tanto en el ámbito africano, árabe o euromediterráneo, convierte la visita de Tebboune en un ejercicio de comunicación estéril, sin una hoja de ruta clara ni resultados tangibles. El viaje a Roma, en lugar de fortalecer la posición internacional de Argelia, ha evidenciado su creciente aislamiento y la necesidad de una estrategia diplomática más eficaz.
