Rue20 Español/Rabat
En un esfuerzo por contrarrestar la persistente sequía y la creciente presión sobre sus recursos hídricos, Marruecos planea aumentar drásticamente su capacidad de desalinización a 1,7 mil millones de metros cúbicos anuales para 2030. Así lo anunció el ministro del Agua, Nizar Baraka, el jueves 12 de junio durante un coloquio en Casablanca.
El Reino se enfrenta a un desequilibrio creciente entre las políticas agrícolas y la gestión del agua, agravado por el cambio climático, según explicó el ministro ante un panel de expertos y representantes institucionales.
La estrategia de desalinización se presenta como una solución clave para aliviar la presión sobre los recursos hídricos tradicionales.
Actualmente, Marruecos opera diecisiete plantas desalinizadoras, con cuatro más en construcción y nueve adicionales programadas para entrar en funcionamiento próximamente.
Si bien el ambicioso plan de desalinización representará una contribución decisiva al suministro de agua, el ministro aclaró que el agua desalada no se destinará al riego de cereales, considerándolo demasiado costoso en relación con las superficies afectadas. «El agua desalada permitirá liberar agua de las presas para las explotaciones agrícolas situadas en el interior del país», precisó Baraka.
A pesar de un ligero aumento en las precipitaciones en comparación con 2024, la situación hídrica del país sigue siendo precaria. El índice de llenado de los embalses se situaba en un 39,2% al 11 de junio, un modesto incremento respecto al 31% del año anterior.
La sobreexplotación de los acuíferos subterráneos, impulsada por la demanda de cultivos hortícolas para exportación, continúa siendo un problema. Ante esta situación, el gobierno ha implementado restricciones en algunas regiones desérticas, incluyendo la prohibición del cultivo de melón en Tata y una reducción del 75% en Zagora.
Como parte de una estrategia integral para la gestión del agua, el gobierno también planea extender el gran canal de transferencia que actualmente abastece a Rabat y Casablanca desde el noroeste del país.
La extensión llegará hasta las regiones agrícolas de Doukkala y Tadla, con una importante financiación procedente de los Emiratos Árabes Unidos. Este acuerdo también contempla la construcción de una línea eléctrica de 1.400 kilómetros para transportar energía renovable desde el sur del país hacia las infraestructuras hídricas.
Según el ministro Baraka, el uso de energías limpias permitirá reducir significativamente el coste de producción del agua desalada. Esta inversión en infraestructura hídrica y energética subraya el compromiso de Marruecos con la seguridad hídrica a largo plazo.
