Rue20 Español/ Fez
Meryem Ghoua
Pocas horas nos separan de un nuevo reto para los Leones del Atlas en la fase de clasificación para el Mundial de 2026. El primer rival de esta ventana FIFA y del año 2025 no es otro que la selección nacional de Níger. Un país amigo y hermano entrenado por una leyenda de nuestro fútbol: Ezaki Badou.
Este último no llega a Uchda como víctima expiatoria y querría hacerle la vida difícil a uno de sus mejores alumnos: Walid Regragui.
Se trata de dos caminos lineales y paralelos. Lo que une a Regragui y Ezaki es mucho más importante que lo que los separa. Ambos tuvieron el privilegio de vestir la camiseta nacional. El mayor entre 1979 y 1992 con múltiples momentos destacados, pues Zaki fue el capitán del épico México 86, y fue tres veces semifinalista de la CAN 1980, 1986 y 1988 con una selección que entró por la puerta grande en la historia de nuestro futbol. Regragui, 16 años menor que él, también vistió con orgullo los colores de Marruecos unas cincuenta veces entre 2000 y 2009.
Ganador del Balón de Oro africano en 1986, Ezaki pasó a desempeñar funciones de entrenador y luego de seleccionador al final de su carrera. Además, millones de marroquíes, salvo amnésicos o desagradecidos, recordarán la CAN 2004 donde, al frente de una banda de chavales desinhibidos, casi alcanza el Santo Grial con una final tan inesperada como memorable.
Veinte años después, sentiría una emoción particular al enfrentarse a la selección de su país. ¿Cómo reaccionará cuando suenen los himnos nacionales? ¿Cómo manejará estos 90 minutos de intenso estrés? Apostamos a que, como aficionado a la pesca submarina, aguantará la respiración durante todo el juego.
Enfrente se encuentra Walid Regragui, que formó parte de la generación 2004. En aquel entonces, este centrocampista derecho tuvo su bautismo de fuego con la camiseta nacional bajo la dirección de Humberto Coelho. Pero fue Ezaki quien realmente lo utilizó en todo su potencial, colocándolo como un pistón derecho en una línea defensiva de 5 hombres.
Capaz de repetir esfuerzos de alta intensidad, Walid había brillado en la pantalla, terminando como MVP del partido decisivo contra Argelia en los cuartos de final. Su personalidad también le permitió ser uno de los líderes de un grupo diverso, donde no faltaban jugadores con temperamentos fuertes o alto potencial. Desde veteranos como Naybet hasta niños como Zairi, Hadji y especialmente Chamakh.
Walid Regragui pertenecía a la generación intermedia, un auténtico nexo de unión entre quienes vivieron Francia 1998 y quienes aseguraron su continuidad. Sus estudios universitarios le habían convertido en un portavoz más que digno ante los medios de comunicación, y especialmente durante la ceremonia previa a la final de la CAN.
Los que tienen algunas canas recuerdan con nostalgia su discurso unos minutos antes del inicio del Túnez-Marruecos, llamando a los espectadores presentes en Radès a respetar los principios del respeto y del juego limpio.
Por vocación, Walid se formó con éxito para el duro trabajo de entrenador. Su palmarés habla por sí solo: una Copa del Trono en su primera temporada como entrenador en 2016 con el FUS de Rabat, una Liga de Campeones africana en 2022 con el Wydad, dos títulos de campeón de Marruecos en 2016 con el FUS y luego con el WAC 6 años después.
Por último, pero no menos importante, un título más que merecido en Qatar con Duhail en 2021. Este currículum adquirió otra dimensión cuando cambió de carrera. Asumió el cargo de entrenador tres meses antes del Mundial del Qatar y ayudó a escribir el capítulo más bonito de la historia de nuestra selección nacional. Qatar 2022 es, por la eternidad, nuestro Panteón común.
Desde aquel nirvana futbolístico de hace más de dos años, ha corrido mucha agua bajo el puente. Nuestro equipo ha pasado de un estilo de fútbol de espera y transición a un concepto basado en la posesión, la retención y el juego posicional.
El cambio de estatus de la selección nacional ha sido fundamental en esta transformación, ya que ahora nuestros rivales ponen dos autobuses en defensa, y esperan con firmeza a los compañeros de Hakimi para contrarrestarlos mejor.
Además, este es el concepto con el que Ezaki se siente más cómodo. Un portero extraordinario, ha sabido conservar los reflejos de sus jugadores y transponerlos desde que está en el banquillo. Baddou odia recibir goles y odia visceralmente la derrota.
Por ello, ofrecerá su receta favorita en el rectángulo verde del Estadio de Honor de Oujda. Una ecuación que tendrá que resolver su mejor alumno, Walid Regragui. Este último cuenta con individuos extraordinarios capaces de marcar la diferencia en cualquier momento.
En cualquier caso, los fans podrán tararear este viernes la famosísima «Father and Son» de Yusuf Islam o Cat Stevens. Los editorialistas también deberían titular el duelo a distancia entre maestro y alumno. Por último, los psicoanalistas estarían capacitados para hablar de la ley freudiana y de las relaciones conflictivas entre padre e hijo.
El objetivo de Regragui, a nivel personal, sería cortar el cordón umbilical que lo une al hombre que lo hizo famoso como jugador. Sabe que un gran respeto y una historia común lo unen a un Zaki que sigue siendo tan legendario como siempre. Sin embargo, es consciente de que este último no le hará ningún regalo sobre el terreno de juego. ¿Podrá el alumno superar y derrotar a su profesor?
