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Marruecos está acelerando su desarrollo en la industria automotriz y el hidrógeno verde, planteando un desafío directo a España en estos sectores clave.
Con una producción anual de un millón de coches, el Reino de Marruecos aspira a alcanzar los dos millones, acercándose a los 2,3 millones que fabrica España.
Esta ofensiva marroquí se basa en una estrategia de bajos costes laborales, incentivos fiscales atractivos para empresas del sector y una regulación medioambiental menos estricta que la europea.
El exCEO de Stellantis, Carlos Tavares, ya advertía sobre la creciente competencia de Marruecos para las plantas españolas.
El país se ha consolidado como el principal exportador de automóviles a la UE, superando a potencias como China y Japón.
Factores como el bajo coste del transporte a través del Estrecho de Gibraltar, salarios que oscilan entre 500 y 1.000 euros mensuales y la flexibilidad en las exigencias medioambientales, contribuyen a esta ventaja competitiva.
Renault y Stellantis, con fábricas ya establecidas en Marruecos, se benefician de estas condiciones. Renault produce modelos Dacia, mientras que Stellantis ensambla vehículos europeos como el Peugeot 208 y modelos de Citroën y Opel.
La planta de Stellantis en Kenitra, con capacidad para 400.000 vehículos, asumirá la producción del Citroën C4, hasta ahora ensamblado en la fábrica española de Villaverde (Madrid).
Para alcanzar su ambicioso objetivo de producción, Marruecos ha creado un importante centro logístico en el puerto de Tánger, el «Automotive City», con capacidad para exportar medio millón de coches al año.
Este puerto, en constante expansión, compite directamente con puertos españoles, especialmente con el de Algeciras. La reciente decisión de la naviera Maersk, de desviar una ruta de Algeciras a Tánger, ilustra la creciente competitividad del puerto marroquí.
Paralelamente, Marruecos impulsa el desarrollo de energías renovables, con el objetivo de que representen el 52% de su capacidad instalada para 2030.
El país aspira a convertirse en un hub de producción de hidrógeno verde, buscando un papel clave como proveedor para Europa. Esta ambición coincide con la estrategia española, que ha apostado fuertemente por el hidrógeno verde y concentra el 40% de los proyectos presentados en Europa.
El Gobierno marroquí ha seleccionado cinco consorcios para su megaplan de hidrógeno, incluyendo a las españolas Acciona y Moeve.
Estas empresas planean producir hidrógeno verde utilizando energía eólica y fotovoltaica, con un suministro de agua procedente de desaladoras. Acciona, con una fuerte presencia en Marruecos, se adjudicó la construcción y explotación de la desaladora de Casablanca, el mayor proyecto de agua en África.
La estrategia marroquí plantea un desafío significativo para España en sectores estratégicos. La combinación de bajos costes, incentivos fiscales y una apuesta decidida por las renovables, posiciona a Marruecos como un competidor formidable en la industria automotriz y el hidrógeno verde.
