Rue20 Español/Rabat
En un mundo donde la cultura se fragmenta entre lo que se considera “noble” y lo que se margina como “popular”, Marruecos brilla como una excepción. Así lo expresó recientemente Rachida Dati, ministra francesa de Cultura, en una entrevista televisiva en la que destacó algo esencial: en Marruecos, todas las expresiones artísticas tienen el mismo valor.
Lejos de las jerarquías que en Europa dividen las disciplinas entre altas y bajas artes, Marruecos ha cultivado una visión más inclusiva, donde la música, la pintura, la moda, el diseño y la literatura conviven con las artes populares sin distinciones. La cultura no se limita a los museos ni a los grandes escenarios; está en las calles, en los mercados, en la tradición oral, en la gestualidad cotidiana y en el arte de la hospitalidad.
Para Dati, cuya infancia estuvo marcada por un entorno popular, Marruecos representa un modelo donde la raíz y la modernidad se entrelazan sin ruptura. Su testimonio no se queda en una anécdota, representa una realidad que ha perdurado bajo la visión de Su Majestad el Rey Mohamed VI y de su difunto padre, Hassan II. En Marruecos, la cultura no se reserva a las élites, es un patrimonio colectivo que da forma a la identidad nacional.
El país se prepara para un nuevo desafío: el Mundial 2030, una oportunidad que trasciende el fútbol y servirá como escaparate de su riqueza cultural. Dati lo compara con los Juegos Olímpicos de París 2024, donde Francia aprovechó el evento tanto para exhibir su excelencia deportiva como para proyectar al mundo su patrimonio artístico. Marruecos tiene una oportunidad similar: convertir el Mundial en una celebración global de su diversidad, su dinamismo y su capacidad de integración.
Cada vez que Marruecos acoge un evento internacional, reafirma su lugar como un puente entre la tradición y la modernidad, entre África, Europa y el mundo árabe. En 2030, el país recibirá selecciones y aficionados y, al mismo tiempo, les abrirá las puertas a una experiencia donde el fútbol servirá como pretexto para descubrir una cultura viva, sin jerarquías ni fronteras.
