EEUU reivindica a Marruecos como su “amigo más antiguo” en el 237.º aniversario del Departamento de Estado

 

Rue20 Español/Rabat

La conmemoración del aniversario de la institución estadounidense sirve para poner en valor un vínculo diplomático que se remonta a 1777, cuando el sultán Mohammed III se convirtió en el primer mandatario extranjero en reconocer la independencia de las trece colonias.

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El Departamento de Estado de Estados Unidos ha querido vincular la celebración de su 237 aniversario con una de las relaciones diplomáticas más longevas y sólidas de la historia de la nación norteamericana: la que mantiene con el Reino de Marruecos.

En un comunicado difundido a través de la Embajada estadounidense en Rabat, la institución que dirige la política exterior de Washington subrayó que Marruecos sigue siendo «el amigo más antiguo» de Estados Unidos, una amistad forjada casi 250 años atrás y que, lejos de diluirse, se ha reforzado en las últimas décadas hasta convertirse en una alianza estratégica de primer orden en el norte de África y el Mediterráneo occidental.

El gesto de la administración estadounidense no es un mero ejercicio de protocolo. Se produce en un contexto de creciente cooperación bilateral, que este mismo año ha dado pasos sustanciales con la firma de una hoja de ruta de defensa para la próxima década y el respaldo reiterado de Washington a la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara. Pero sus raíces se hunden en un pasado que pocas naciones pueden reivindicar.

Fue en diciembre de 1777, cuando las trece colonias norteamericanas aún luchaban por desprenderse del dominio británico, que el sultán Mohammed III de Marruecos dio un paso audaz: anunció que los buques que navegaran bajo bandera estadounidense podrían entrar libremente en los puertos marroquíes.

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Aunque faltaban años para el establecimiento de relaciones formales, aquella iniciativa, concebida para impulsar el comercio, supuso el primer reconocimiento oficial de la nueva nación por parte de una potencia extranjera. Fue un acto de visión geopolítica que pocos mandatarios de la época se atrevieron a secundar, y que sitúa a Marruecos en un lugar privilegiado de la historia diplomática de Estados Unidos.

El embajador de Marruecos en Washington, Youssef Amrani, ha descrito esta relación como «una amistad única que ha perdurado durante siglos, desafiando la geografía y las fronteras».

En un coloquio organizado recientemente por la agencia MAP en la capital estadounidense, Amrani insistió en que el vínculo entre ambos países «nunca ha sido transaccional; siempre fue estratégico desde el comienzo», y subrayó la «continuidad excepcional» de una asociación que ha sobrevivido a cambios de administraciones y transformaciones geopolíticas.

El tratado más antiguo de la historia de EEUU

El reconocimiento de 1777 culminó con la firma del Tratado de Paz y Amistad en 1786, un documento que el Senado estadounidense ratificó al año siguiente y que, renegociado en 1836, sigue en vigor en la actualidad. Se trata del tratado internacional continuado con más recorrido en la historia de Estados Unidos, y constituye la base legal de una relación que ha transitado desde el comercio marítimo del siglo XVIII hasta la cooperación en inteligencia, defensa y tecnología del siglo XXI.

Un símbolo tangible de esta larga amistad es la Antigua Misión de Tánger, el edificio que Marruecos cedió a la delegación estadounidense y que albergó a diplomáticos de Washington durante 140 años. Hoy convertido en museo, es el único lugar declarado Sitio Histórico Nacional de Estados Unidos fuera de su territorio, un privilegio que habla por sí solo de la profundidad de un vínculo que ningún otro país ha logrado igualar.

La cooperación bilateral ha atravesado momentos clave de la historia contemporánea. Durante la Segunda Guerra Mundial, las tropas estadounidenses estacionadas en Marruecos lucharon contra la invasión nazi del norte de África, y el presidente Roosevelt escribió al sultán Mohammed V para agradecerle el «admirable espíritu de cooperación» de su pueblo.

Fue en Casablanca donde el mandatario estadounidense, junto a Churchill y De Gaulle, trazó la estrategia aliada contra Hitler, y desde allí manifestó el apoyo de la Casa Blanca a la causa de la independencia marroquí.

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En las décadas posteriores, Marruecos se alineó con el bloque occidental durante la Guerra Fría, y Washington designó al país como aliado importante extra-OTAN, un estatus que reconoce su papel como socio militar fiable en una región estratégica.

Hoy, esa cooperación se ha intensificado con maniobras conjuntas como el ejercicio African Lion, la mayor operación militar multinacional de África, y con la integración de Marruecos como plataforma operativa para sistemas de defensa de última generación.

El peso de la relación bilateral no es solo simbólico. El comercio entre ambos países superó los 7.000 millones de dólares en 2024, y la inversión de empresas estadounidenses sitúa a Estados Unidos entre los cinco principales inversores en Marruecos. El Reino es, además, el único país africano que ha concluido un acuerdo de libre comercio con Washington, un hecho que subraya la excepcionalidad de un vínculo que trasciende lo meramente diplomático.

El respaldo de Estados Unidos a la marroquinidad del Sáhara, formalizado en 2020 durante el primer mandato de Donald Trump, ha sido otro hito que el embajador Amrani calificó como «uno de los hitos diplomáticos más importantes de nuestra historia bilateral». Una posición que la administración estadounidense ha mantenido y reforzado en su segundo mandato, consolidando a Marruecos como un socio indispensable para la estabilidad en el Magreb y el Sahel.

El comunicado del Departamento de Estado, al conmemorar su propio aniversario, no ha dudado en considerar las relaciones entre Marruecos y Estados Unidos como «un modelo de continuidad y confianza mutua». La institución reafirmó el compromiso de ambos países de seguir reforzando su cooperación bilateral en beneficio de sus intereses comunes y del fortalecimiento de la estabilidad y la prosperidad.

A casi 250 años de aquel gesto pionero del sultán Mohammed III, la amistad entre Marruecos y Estados Unidos no solo se mantiene intacta, sino que se proyecta hacia el futuro con nuevos acuerdos, nuevas inversiones y una alianza estratégica que pocas naciones pueden presumir de atesorar. Como ha recordado el embajador Amrani, la relación «a lo largo de momentos y eras diferentes, cambios de administraciones y transformaciones geopolíticas, ha demostrado un grado de continuidad excepcional». Una continuidad que, en un mundo convulso, se erige como un activo de valor incalculable para ambos países.

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