Rue20 Español/Rabat
La contundente derrota sufrida ante Argentina en el estreno mundialista no solo dejó heridas deportivas en Argelia, sino que volvió a poner de manifiesto una costumbre que parece repetirse cada vez que los resultados no acompañan: la búsqueda de explicaciones fuera del terreno de juego.
La Federación Argelina de Fútbol decidió presentar una protesta formal ante la FIFA por dos acciones protagonizadas por Lionel Messi y Alexis Mac Allister. A juicio de los dirigentes argelinos, ambas jugadas merecían una revisión del VAR e incluso la expulsión de los futbolistas argentinos. La tesis es clara: con superioridad numérica, el encuentro podría haber sido diferente.
Sin embargo, resulta difícil sostener semejante argumento cuando el marcador reflejó un contundente 3-0 y cuando el protagonista absoluto del partido fue Messi, autor de los tres goles. Pretender que dos acciones puntuales explican una derrota tan clara es una manera demasiado cómoda de esquivar las verdaderas preguntas que debería hacerse el fútbol argelino.
Las grandes selecciones reaccionan ante los golpes con autocrítica. Analizan errores, corrigen planteamientos y preparan el siguiente partido con la mirada puesta en mejorar. Las menos maduras, en cambio, recurren a la protesta permanente, al victimismo y a la búsqueda de responsables externos.
No es la primera vez que Argelia convierte las polémicas arbitrales en una cuestión de Estado. La historia reciente del fútbol argelino está plagada de recursos, comunicados y acusaciones que rara vez modifican el resultado final, pero que sí alimentan una narrativa peligrosa: la de creer que las derrotas siempre son consecuencia de decisiones ajenas y nunca de las propias limitaciones.
El VAR no fue creado para reescribir los partidos a conveniencia de quien pierde. Tampoco la FIFA está para revisar hipótesis imaginarias sobre lo que podría haber ocurrido si uno u otro jugador hubiera sido expulsado. Los partidos se ganan y se pierden en el césped, no en los despachos.
Argelia todavía tiene margen para reaccionar en el Mundial y demostrar que posee argumentos futbolísticos para competir. Pero el primer paso debería ser abandonar la cultura de la excusa. Porque ninguna reclamación administrativa devolverá los puntos perdidos ni borrará la superioridad que mostró Argentina.
En el fútbol, como en la vida, asumir las propias carencias suele ser más útil que convertir cada derrota en una conspiración. Y quizá esa sea la lección más importante que debería extraer la Federación Argelina después de un debut que dejó más preguntas deportivas que motivos para señalar al árbitro.
